Domingo, 19 de Noviembre de 2017
El Tiempo

MEMORIA

“Los bombardeos sobre Santander fueron continuos”

El 1 de agosto de 1937, Pedro, de nueve años, y su hermano Cholo, de 11, huyeron de los ataques de la aviación franquista sobre la capital cántabra rumbo a Francia y, tras su paso por Dinamarca, acabaron recalando en la Escuela Freinet, “para nosotros, lo más grande que hay en el mundo”.

Pedro Morán (con mochila) a finales de los años treinta en Vence, junto a varios compañeros de la Escuela Freinet | MCEP
Pedro Morán (con mochila) a finales de los años treinta en Vence, junto a varios compañeros de la Escuela Freinet | MCEP

Isidro Cicero ha destacado que los que se echaron al monte son ante todo víctimas del franquismo, como lo son los fusilados, los que trabajaron como esclavos en los campos de concentración, los que tuvieron que exiliarse… o los niños de la guerra. Una de estos últimos es Pedro Morán (Santander, 1928), que no se echó al monte pero se echó al mar, y es que en 1937 tuvo que alejarse de su ciudad natal junto a su hermano José Luis ‘Cholo’ y embarcar rumbo a Francia huyendo de las bombas que caían sin descanso sobre la capital cántabra. Pedro recuerda que “el primer bombardeo de los fascistas” sobre Santander se produjo un domingo por la mañana, que a partir de entonces los ataques de la aviación franquista fueron “continuos” y que muchos de ellos “castigaron los alrededores” de su barrio, San Martín. “Como los bombardeos de la aviación franquista sobre Santander eran bastante seguidos, mi padre dijo que teníamos que salir de allí, porque corríamos un grave peligro, y consiguió que nos evacuaran a Francia a mi hermano Cholo y a mí”, explica justo ochenta años después.

ploubazlanec'Ploubazlanec', el buque francés que trasladó a los niños desde Gijón hasta Pauillac

“Las autoridades danesas no hicieron nada, pero las organizaciones obreras se volcaron con nosotros”

Los hermanos Pedro, de nueve años, y Cholo, de 11, huyeron de Santander el 1 de agosto de 1937 y al día siguiente embarcaron en el buque francés ‘Ploubazlanec’ –que se alejó de Gijón escoltado por dos barcos ingleses encargados de disuadir a la armada franquista– junto con otros niños de la guerra vascos, cántabros y asturianos. El 3 de agosto atracaron en el puerto galo de Pauillac y en Francia recibieron tres semanas después la “malísima noticia” de que las tropas franquistas habían tomado Cantabria. “Todos lloramos recordando a nuestras familias, pues sabíamos que a muchos de los que cogían prisioneros los fusilaban sin más ni más, sólo por ser de izquierdas”, asegura Pedro. Un mes después, cada uno de aquellos niños de la guerra amaneció una mañana con un cartel a los pies de su cama donde se podía leer su destino definitivo. Parte de ellos fueron enviados a la URSS, y la otra parte –122 niños, entre los que se encontraban Pedro y Cholo–, a Dinamarca, hacia donde embarcaron una semana después. “En la escuela donde nos alojaron estábamos los chavales españoles a cargo de la gente del Sindicato Obrero de Dinamarca, que se portó maravillosamente con nosotros”, recuerda Pedro, que destaca que “las autoridades no hicieron nada, pero las organizaciones obreras se volcaron con nosotros”. Como se volcaron los periódicos daneses, que dedicaron numerosos artículos al día a día de aquellos pequeños refugiados.

chololeonpedrolucienCholo, su padre, León; Pedro y su amigo Laurence, en una visita de León a Vence | MCEP

No habían pasado dos semanas cuando Pedro, Cholo y otros dos niños también cántabros fueron trasladados a las proximidades de la localidad francesa de Vence, donde les esperaba un centro educativo que cambiaría sus vidas para siempre: la Escuela Freinet. “Para nosotros, lo más grande que hay en el mundo”, asegura Pedro. Dirigida por los maestros franceses Célestin Freinet y su esposa Elise –padres del denominado materialismo escolar y referentes pedagógicos de categoría internacional–, la Escuela Freinet “era una escuela francesa, pero allí había de todo: polacos, daneses, argelinos, judíos, de Marruecos y 38 españoles”, entre ellos Pedro y Cholo. Los Freinet son autores de numerosos libros de pedagogía, libros que “no gustaron a la gente más reaccionaria, que hacía la vida imposible al matrimonio” sólo porque su pedagogía “defendía a las clases populares, a los trabajadores”, recalca Pedro.

El documental ‘Elogio del horizonte’ recoge la historia de aquellos pequeños refugiados

Aquel pequeño refugiado presentó el pasado 27 de abril en el Parlamento de Cantabria el libro ‘Pedro Morán. Un niño de la guerra en la Escuela Freinet’, un trabajo colectivo editado por el Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP), coordinado por Sebastián Gertrúdix y prologado por la escritora Rosa Regás, que también fue alumna de Freinet. El MCEP, inspirado en la filosofía de Freinet, dio con Pedro gracias a la exposición ‘Los niños de la guerra cuentan su vida, cuentan tu historia’ que el propio Legislativo autonómico acogió en 2015. Allí se proyectó el documental de Iñaki Ibisate, narrado por Josefina Ceballos, ‘Elogio del horizonte. Los niños de la guerra evacuados a Dinamarca’ (2009) y se celebró una mesa redonda en la que Pedro trasladó a los presentes su inolvidable experiencia en la Escuela Freinet, que llegó a oídos de Enrique Pérez Simón, miembro del MCEP y seguidor de los métodos del maestro francés, que hasta entonces no había conocido personalmente a ningún alumno de su gran referente pedagógico. “Imagina lo que supuso encontrar un testimonio vivo”, apunta Pérez Simón –uno de los artífices de ‘Pedro Morán. Un niño de la guerra en la Escuela Freinet’– junto al propio Pedro, que lo escucha atentamente mientras asiente.

parlamentoPérez Simón, Pedro Morán, Gertrúdix y la presidenta del Parlamento, Dolores Gorostiaga

En plena II Guerra Mundial, “Franco reclamó a los niños de la guerra y la URSS dijo que no, pero Francia nos devolvió a él”, por lo que en 1940 Pedro y Cholo dejaron la Escuela Freinet y regresaron a Santander, donde no encontraron “más que hambre”. Rechazados “por rojos” en varios centros educativos, sólo pudieron matricularse en las Escuelas Verdes del barrio de Entrehuertas, “el único colegio en el que un maestro nos admitió”. De aquel Santander Pedro recuerda la muerte del guerrillero antifranquista Pin Lavín ‘El Cariñoso’, abatido el 27 de octubre de 1941 en la calle Santa Lucía de la capital cántabra. “Iba a la zona a reunirme con unos amigos, pero aquel día no pudimos hacerlo, porque estaba todo cercado por la policía y no nos dejaron pasar”, rememora. Y los últimos días del Dr. Madrazo, cirujano y científico que “murió de pena” el 8 de noviembre de 1942, a los pocos días de abandonar gravemente enfermo la cárcel en la que había sido encerrado en 1937, a los 87 años de edad, acusado de anticlericalismo.

Viajando en moto de Santander a Bilbao pudo ver cómo “cantidad de guardiaciviles bajaban del monte con una cuerda” el cadáver de Paco Bedoya

Pedro dejó atrás su infancia, se hizo navegante –como su padre, León– y, como Pérez Simón, vio las “al menos dos grandes pintadas a brocha” con el lema JUANÍN VIVE con las que amaneció Santander tras la noche del 24 de abril de 1957 en que mataron al guerrillero antifranquista lebaniego, “una inmensa en Atarazanas, junto a la Catedral de Santander, y otra en la iglesia de los Pasionistas”. El 2 de diciembre de aquel mismo año mataron al también guerrillero antifranquista Paco Bedoya, y viajando en moto de Santander a Bilbao también pudo ver, a la altura de Guriezo, cómo “cantidad de guardiaciviles lo bajaban del monte con una cuerda”.

freinetCélestine Freinet

Pedro tampoco olvida a Jesús Revaque, director del colegio santanderino Menéndez Pelayo durante la II República, director del profesorado español desplazado a Dinamarca para encargarse de la enseñanza de los niños y exiliado finalmente en México. “Un referente de la enseñanza de Cantabria, aunque se escuche hablar poco de él”. Y sobre todo no olvida a Freinet, del que también se escucha hablar poco a pesar de que “acogió y enseñó a 38 españoles en Vence”, aunque “el Gobierno español no se lo ha reconocido nunca, nunca ha tenido ningún reconocimiento oficial”.

Pedro tiene 89 años y vive en su Santander natal. Cholo, de 91 y autor de dibujos –muchos de ellos, de temática antifascista– que un día asombraron a aquella su familia de Vence y a los lectores de los periódicos que los editaron, continúa residiendo en Francia, aunque su memoria ya apenas le permite recordar.

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