Jueves, 14 de Diciembre de 2017
El Tiempo

MEMORIA

Descubren los restos de 74 soldados republicanos en el cementerio de Limpias

Un jubilado vasco que buscaba a su tío, fallecido en la Guerra Civil, encuentra una lista con 74 fallecidos olvidados, de los que al menos diez eran cántabros.

José Antonio Larrinoa ha tardado ochenta años en encontrar a su tío, teniente del cuarto batallón ‘Carlos Marx’ de la UGT. Según publica este domingo El Correo en un artículo escrito por el periodista Martín Ibarrola, 74 soldados republicanos, al menos diez de ellos cántabros, como también informa El Diario Montañés, han sido encontrados en una fosa común olvidada en el cementerio de Limpias.

Este jubilado -continúa el periodista - ha comprobado todas las listas de fallecidos de todos y cada uno de los pueblos de la zona Asón-Agüera hasta que a finales de este verano, y a punto de darse por vencido después de dos meses de búsqueda minuciosa, llegó a la parroquia de San Pedro de Limpias.

El padre de Larrinoa tuvo que dejar allí mismo el cadáver de su hermano

José Antonio preguntó al párroco de la iglesia, donde todavía existe una placa franquista en memoria de los caídos. Sin embargo, este no sabía nada de ningún registro del cementerio. “Los libros de defunciones tan antiguos suelen mandarse al Obispado. No esperaba encontrar nada. Miré las estanterías del despacho solo por si acaso”, confiesa el sacerdote a este periódico vasco. 

Tras la búsqueda, el cura dio con un ejemplar, escondido entre los volúmenes de bautizos y matrimonios, en los que aparecían de forma detallada las personas sepultadas entre los años 1936 y 1937.

Concretamente había 74 personas, y una de ellas, el número 56, era “Juan Larrinoa Arza. Teniente. Fallecido el doce de julio a consecuencia de heridas recibidas en el bombardeo de Ampuero”, asegura el sobrino del soldado a El Correo.

En ese momento, José Antonio sintió, a la vez, alivio y tristeza. “Me habría gustado que mi padre viviera para saber dónde estaba enterrado el tío”. “Solo espero que esta lista sirva para que otras familias puedan encontrar a sus seres queridos”, asegura.

El padre de José Antonio contaba que estaba cerca de Ampuero cuando se enteró de que su hermano había muerto. “Luchaban en el mismo bando. Fue corriendo a buscar el cuerpo y al llegar vio que ya no tenía ni las botas ni el reloj que había ganado en una carrera”. Tenían a los nacionales sobre ello y tuvo que dejar allí mismo el cadáver.

LISTA DE LARRINOA

El historiador local Fernando Obregón ha bautizado el documento como ‘lista de Larrinoa’, en ella aparecen una mayoría de milicianos cántabros, vascos y asturianos, además de otros soldados que no han sido identificados.

Obregón asegura que esta lista ha salvado a muchas personas del olvido. “De no ser por el cura que copió los nombres y por el empeño con el que José Antonio Larrinoa buscó a su tío, habrían desaparecido para siempre. A saber dónde fueron a parar los papeles originales”, comenta a El Correo.

“El Palacio Eguilior donde ahora se encuentra el lujoso parador de Limpias fue habilitado en aquella época como hospital de guerra del bando republicano. Esta fosa común no tiene que ver con la represión, no es una zanja en la cuneta. Las personas que fueron sepultadas aquí murieron en el frente o por heridas y enfermedades en el hospital”, asegura el historiador.  Además, no descarta que existan más personas sepultadas.

"Las personas que fueron sepultadas aquí murieron en el frente o por heridas y enfermedades en el hospital”, asegura el historiador.

El historiador explica que el hospital solo estuvo activo unos meses, durante la primavera y verano de 1937. Tras la caída de Bilbao en junio, el Cuerpo de Ejército de Euzkadi se replegó a las Encartaciones y la comarca oriental de Cantabria, lo cual explicaría que al menos 35 de los sepultados fueran vascos. Los mínimos detalles que acompañan a cada fallecido reconstruyen la cronología de aquellos meses.

Un vecino del pueblo de 89 años explica al diario anteriormente mencionado, que él era un niño cuando se montó el hospital, pero que no recuerda “nada de ninguna fosa”.

El enterramiento improvisado estuvo delimitado por una verja hasta que en los años setenta el enterrador se encargó de hacer “una reducción de restos” y taparlos con una capa de hormigón para colocar nuevos nichos encima -prosigue el relato del periodista-

“En España ha habido y hay mucha desatención a este tema. Hubo un tiempo en el que el Gobierno ayudaba a las personas que buscan a sus familiares, pero les han dado la espalda de nuevo. Como Larrinoa, se han quedado solos buscando a sus seres queridos. Hasta los cementerios del bando ganador están abandonados”, expone Obregón.