Martes, 24 de Abril de 2018
El Tiempo

MAYO DEL 68

“Conocí a algunos policías, como Billy el Niño, que entonces era un confidente del régimen”

José Ramón Saiz Viadero recuerda con claridad no solo cómo fue aquel mayo del 68, sino la clandestinidad, los medios para burlar la censura y el cine que se hizo en esa época, y dibuja una España, a la que define como una “especie de campo de concentración donde por haber ganado una guerra se sentían obligados a mantener la disciplina de cualquier manera”.

‘Raza’, que fue el primer asalto de Franco al cine con un guión firmado por Jaime de Andrade, que era él, donde estaban reflejados todos sus fantasmas de tipo familiar, su concepción de la historia...

“A veces cuando castigamos a un artista por sus ideas, nos estamos castigando a nosotros mismos porque nos privamos de él”.

Fotografías: Archivo Saiz Viadero
Fotografías: Archivo Saiz Viadero

Escritor, historiador y un gran conocedor de la cultura durante la Segunda República, la Guerra Civil y la posterior Dictadura de Franco. José Ramón Saiz Viadero (Santander, 7 de mayo de 1941) ha estado muy vinculado con el cine de Cantabria y con la cultura cinematográfica de una época en la que la censura era de obligado cumplimiento para cualquier obra que fuese a ser proyectada. Censura y control cultural que vivió en propia persona cuando estuvo a punto de ser encarcelado por vender libros que el Régimen consideraba prohibidos. Saiz Viadero recuerda con claridad no solo cómo fue aquel mayo del 68, sino la clandestinidad, los medios para burlar la censura y el cine que se hizo en esa época, y dibuja una España, a la que define como una “especie de campo de concentración”.

Durante la década de los 60 usted tenía algo más de 20 años, ¿cómo era eso de sentirse vigilado y perseguido?

Buscabas resquicios en el régimen. En mi caso hice la mili en Madrid entre el año 63 y el 65 y, entre otros, conocí a Billy el Niño, que entonces era un confidente del régimen. Por nuestra parte, la consigna era apartarles y que no pudieran ver lo que ocurría. Recuerdo un recital de Raimon, que entonces era el exponente máximo de libertad, en el que nosotros nos encargamos de llevarlo a un lugar en el que no pudiera ver lo que estaba ocurriendo en la sala. Al fin y al cabo, el confidente tenía que justificar la retribución que recibía y magnificaba lo que estaba pasando. Si alguien no le caía bien, echaba encima de él todo lo que podía y hacía que la Policía lo investigase, aunque al final no hubiera nada. 

Dónde estaba en 1968?

En el 68 se produce en Cantabria lo que se llamó entonces a efectos policiales la operación HOPACO. Se trataba de la desarticulación de un movimiento formado por un tándem de HOAC y el Partido Comunista. Empezaron a detener y torturar gente en el mes de octubre. La cantidad de detenidos era tan elevada, y afectaba a tanta gente de Santander, Camargo, Torrelavega, Corrales y Reinosa, que el obispo en funciones de Santander, Monseñor Cirarda, tuvo que intervenir para parar las torturas policiales. Pero, en mi caso, la primera vez que fui detenido fue en la calle durante un Estado de Excepción. Bien es verdad que coincidía con que acababa de mandar una carta a Alerta protestando por las penas de muerte contra la gente de ETA. Allí coincidí con algunos miembros del partido Comunista. Los católicos habían sido liberados después de que interviniese el obispo, pero ellos seguían allí. Coincidí, por ejemplo, con Veridiano Rojo, que había sido terriblemente torturado en los genitales y pudo llegar a un acuerdo con la policía para cargar con todas las culpas y liberar así a su mujer, Mari Zapata, que tenía que atender a varios hijos. Anteriormente, el 1º de mayo de 1968 hubo una manifestación en el centro de la ciudad en la que el Comisario Solar disparó a bocajarro y dos obreros perdieron un ojo.

La cantidad de detenidos era tan elevada que el obispo en funciones de Santander tuvo que intervenir para parar las torturas policiales

Yo estaba en un periodo de transición por las circunstancias políticas. Es el año en que me cesan de la directiva del Ateneo por orden del gobernador civil, y tomo una determinación sobre mi futuro, que se orienta hacia el mundo de la venta de libros, pero a algo que no era muy normal en aquella época: la venta de libros prohibidos.

En aquellos años había censura. ¿Cómo se podían vender libros ‘prohibidos’ en ese régimen tan conservador?

Había dos sistemas: libros que estaban escondidos y pasaban la frontera de ‘extranjis’, como por ejemplo todo lo que procedía de las  ediciones de París; y, por otro lado, libros que se vendían en pequeñas cantidades, que representaban entonces la apertura del régimen, la permisividad, pero muy poco, a las minorías culturales. Autorizaban a vender algunos y les ponían un sello. Alguien conseguía ese sello y servía para poder vender muchos más.

¿Qué libros recuerda que eran los más demandados?

Uno de los libros autorizados que más se vendieron entonces, y lo recuerdo con mucha predilección, era ‘La alienación de la mujer’, de Carlos Castilla del Pino. Dio con el tema y con el público adecuado e interesado. Otro libro era ‘La madre’ de Máximo Gorki, que era la primera vez que se editaba en español durante el franquismo. No estaba dentro del mundo soviético pero sí pertenecía a los precursores del realismo socialista. Fue un best-seller que entró en muchas casas y revolvió muchas conciencias. Sirvió de acicate y como lanzamiento de otros compromisos sociales y políticos. Había un deseo de conocimiento, de tener los libros en la mano, que hacía que esas editoriales que emergían funcionaran. A veces incluso se montaban en imprentas clandestinas, como ‘La revolución sexual’ de Wilhem Reich. Y dentro de los libros ‘prohibidos’ estuvo la ‘Antología rota’, de León Felipe, cuya distribución que casi me lleva otra vez a la cárcel en los estertores del franquismo.

¿La clandestinidad se ha normalizado ya en esa época?

Ese año hay que analizarlo porque es muy interesante. Hace ahora 50 años de este movimiento, y no es casualidad que también fuera el triunfo cincuenta años después de la Revolución Soviética y ésta otros cincuenta de la Comuna de París. Hay etapas en las que el descontento aparece, pero está ahí, es cíclico, y a veces muy marcado en sus periodos. 1968 hay que enmarcarlo dentro de la década prodigiosa. A nivel mundial fue una transformación del pensamiento en todos los sentidos. Antes de Mayo tenemos la Primavera de Praga, una revolución verdaderamente heroica. Hubo muchos hitos revolucionarios, como el movimiento hippie, la oposición a la guerra de Vietnam, los movimientos populares y sus masacres en México y Pekín... Hoy, hay otros movimientos de descontento y reivindicativos, como son los de las feministas y los jubilados, pero también la lucha renovada de la juventud norteamericana contra la violencia y las armas.

Viadero3Archivo Saiz Viadero

¿Cuál sería la mejor definición de qué era y qué representaba el NO-DO?

A partir de 1941 el NO-DO había que ponerlo de forma obligatoria en todos los cines. Algunos empresarios, para no tener varias copias para su proyección simultánea, lo que hacían era ponerlo en algunas salas al comienzo y en otras al final, de tal manera que les permitiera, con el sistema del ciclista, mandarlo de una a otra. Lo peor no era la concepción propia del NO-DO, al fin y al cabo algunas cadenas de televisión oficiales también se doblegan ahora ante el poder, sino que al principio comenzaba con la sintonía y una especie de loa al caudillo que aparecía en imagen en la pantalla: Había que levantarse, saludar con el brazo en alto y cantar el ‘Cara al sol’. Había gente de la policía en las salas, pero también personas que no eran tales, sino de Falange, guardia de Franco, alféreces provisionales…policía paralela, al fin y al cabo. Toda esa gente se constituía como una especie de ‘guardia de corps del pensamiento’ del Movimiento, que por entonces ni siquiera se llamaba así. Si veían que alguien se salía antes de que se encendieran las luces le daban una paliza. Todo esto era muy violento porque veían rojos en cualquier persona que no aceptara ese tipo de manifestación colectiva obligada. España era una especie de campo de concentración donde había una serie de personas que decían que por haber ganado una guerra se sentían obligados a mantener la disciplina en los demás de cualquier manera. En las procesiones o cuando pasaba la bandera, si alguien no se descubría siempre había un militar que le perseguía o le golpeaba. Ahora me alegra que un Tribunal de Estrasburgo haya decidido que el hecho de quemar una fotografía de los Reyes o de cualquier autoridad no sea delito. Es una cuestión de libertad de expresión que a algunos les podrá gustar y a otros no, pero lo mismo que se quema éstas se podrán quemar otras de la oposición.

Llama la atención que buena parte de la producción cultural de aquella época fuese realizada por opositores al régimen. Realmente el Franquismo aportaba poco culturalmente.

El gran pecado del Franquismo desde el punto de vista cultural es que había roto las amarras con el pasado, y había impedido que progresara toda la escuela que había florecido a nivel europeo con las vanguardias. Pero el pobre cine español no podía competir con algo tan potente como era el cine norteamericano, que cuando encontró la fórmula de sonoro ya fue imparable. Conectaba muy bien con el público. El franquismo vio que eso tenía peligro y lo que hizo fue obligar a doblar las películas. Decían que era para conservar el idioma pero, sobre todo, le servía para hacer una nueva censura. Hay gente que no lo sabe, pero ‘Lo que el viento se llevó’ tardó en estrenarse en España 12 años. Como era una especie de canto al mundo yankee, a un sistema de vida que no tenía cabida en España, se prohibió. Había películas en las que no se entendía por qué se eliminaban personajes por el tipo de vida o su pensamiento de libertades. El sistema americano estuvo oficialmente muy mal visto hasta que empezaron a llegar los dólares, y a partir de entonces se reescribió un discurso oficial, que ya había comenzado cuando fueron derrotadas las potencias del Eje.

En el cine había que levantarse, saludar con el brazo en alto y cantar el ‘Cara al sol’

El Verdugo’, ‘Bienvenido Míster Marshall’ son películas que han marcado una época.

Hay que mencionar ‘Raza’, que fue el primer asalto de Franco al cine. Es un guion que en realidad era una novela de Jaime de Andrade, que era él mismo, donde estaban todos sus fantasmas de tipo familiar, su concepción de la historia, … Se lo entrega a José Luis Sáenz de Heredia al entender que era muy afecto al Régimen. Al fin y al cabo, era primo de José Antonio Primo de Rivera. Curiosamente, nadie decía que Sáenz de Heredia se salvó gracias a Luis Buñuel, que fue quien le escondió en su casa de Madrid porque habían trabajado juntos. Se reescribía la historia con silencios, ni siquiera con renglones torcidos. Acudir a ver esa película fue de obligado cumplimiento. Hubo una segunda parte, ‘Franco, ese hombre’, que también tuvo un gran éxito porque los colegios estaban obligados a acudir en bloque en horario escolar. Fue un éxito, todo en honor del caudillo.

Llegó a haber una película en la que la censura cambió la relación de dos personajes.

En Mogambo. Es el caso de referencia. Un matrimonio, que eran Grace Kelly y Donald Sinden, va de safari a África y ella se enamora del guía, Clark Gable, que también se enamora de la mujer. La censura, manejando el doblaje, convirtió al matrimonio en hermanos, y la gente no entendía cómo dos hermanos dormían en la misma tienda y él se enfadaba cuando en las salidas ella se iba con el guía. Y por medio estaba Ava Gardner, quien también estaba enamorada de Clark Gable. Un lío. Lo que no era más que un pecado de adulterio, que ya era bastante entonces, aquí lo habían intentado solventar mediante el incesto. Otra película que causó mucho nerviosismo en la gente conservadora fue ‘La noche de la iguana’, y, por otras razones de tipo religioso, ‘El cardenal’. Hasta el último momento del franquismo hubo películas que removían los sentimientos más atávicos de algunas personas, como ‘Jesucristo Superstar’, que llegó a causar un atentado a una librería, la Hispano II situada en la céntrica calle San Francisco, un incendio que pudo haber supuesto un verdadero desastre para la ciudad.

¿Cuáles eran las películas de referencia en esos años?

La más importante, ya que tenía una concepción moderna y de resistencia al régimen fue ‘Bienvenido Mister Marshall’. Lo que ocurre es que entonces no tuvo toda la repercusión que ha tenido a posteriori. Otra de las películas de culto era ‘Esa pareja feliz’ dirigida por Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem. Hay que tener en cuenta que, al igual que en Italia el neorrealismo no triunfó en su momento, en España tampoco gustaba ver películas donde se hacía una radiografía de la dura realidad que vivía la gente. Se prefería ver películas americanas que mostraban lo que se llamaba una vida de cine. Hay que pensar que era un momento en el que solo conocíamos algunas de las obras de los nuevos escritores, historias como ‘La Colmena’ se quedaron en el cajón mucho tiempo y otras como ‘La Familia de Pascual Duarte’ tuvo que ser publicada en Argentina.

Los nuevos cineastas pertenecen a una generación que no había hecho la guerra y son los que empiezan a hacer las primeras películas, entre los que están Mario Camus o Manuel Gutiérrez Aragón. Salen de la Escuela de Cine pero no están marcados de manera directa por la tragedia de la guerra y tampoco lo están por un Régimen que mira con lupa a todos aquellos que intervinieron en el bando perdedor de la guerra. Son directores que, al menos interiormente tienen, cierta libertad, con una gran preparación, algunos iban a ser escritores y se deciden por el cine, y todos son antagónicos con y para el régimen. Son muy pocos los que forman parte del Régimen porque les atraigan con puestos oficiales, y el castigo para éstos consiste en que no progresarán nunca porque la historia estaba ya dando un vuelco.  A veces cuando castigamos a un artista por sus ideas, nos estamos castigando a nosotros mismos porque nos privamos de él. El régimen nos privó de aquellos que envió al exilio, y de los que censuró, pero también de otros como Pancho Cossío, un pintor que era muy proclive al régimen pero que su concepción estética no conectaba con la sociedad que el propio franquismo había creado.

¿Es cierto eso que se cuenta de que la gente iba hasta Biarritz para ver ‘La Naranja Mecánica’ en el cine?

No solo esa cinta, se puede decir que a ver ‘La Naranja Mecánica’ iban los más exquisitos. La primera apertura que se hizo aquí a las películas en versión original fue en las 'Conversaciones Cinematográficas' del verano de 1959 organizadas por el Opus Dei, que era quien manejaba el mundo de la cultura y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Recuerdo que el público quería colarse sin entrada porque no había aforo suficiente, simplemente por el hecho morboso de poder ver una película en versión original, películas suecas, que las veíamos sin subtítulos, lo que llamábamos 'a palo sueco'.  Cintas como ‘Las Fresas Salvajes’, de Ingmar Bergman, que tenían un caché importante y que nos presentaba a un hombre en sus últimos años de vida y que nos invitaba a reflexionar sobre la muerte. En ese tiempo se reunió aquí lo más granado del mundo cinematográfico, pero muchos eran los que los fines de semana iban hasta Biarritz y se daban una indigestión de cine. La primera vez que yo fui a París iba con la obligación de ver tres películas. 'La guerre est finie' con Jorge Semprún, ‘Viridiana’ y 'El Acorazado Potemkin', las tres prohibidas aquí. Los cines estaban llenos de españoles. Ya cuando me devolvieron el pasaporte en los años 70 volví a Francia para ver la magnífica 'El imperio de los sentidos' y otras cintas eróticas.

Viadero4Archivo Saiz Viadero

¿Cuáles eran los actores más populares en la época?

El más popular era Paco Rabal, un galán joven que además hacía una gran variedad de películas. Es curioso que fuese un hombre tan de izquierdas mientras daba vida a personajes muy de derechas. También hay que destacar a Alberto Closas, hijo de exiliados catalanes que se fueron a Chile y Argentina y luego volvieron.

Otro nombre a destacar es el de Fernando Rey, al que recordamos por películas principalmente de índole histórica. Se trata de un intérprete que, con la madurez, se hizo muy atractivo. Se convirtió en un actor preferido para Buñuel, y consiguió ser el alter ego del director, como en ‘Tristana’. Es el prototipo de hidalgo español, con una idea antigua de la vida y que tiene una cierta moralidad personal. A parte de ellos, estaba Fernando Fernán Gómez, pero todavía no era el intelectual que luego demostró ser.

¿Y en cuanto a las actrices?

Algunas de ellas se habían marchado de España porque aquí había una crisis laboral enorme, como es el caso de Amparo Rivelles o Aurora Bautista que encontraron en países como México o Argentina un sitio donde trabajar. También Sara Montiel se marchó pronto y cuando volvió era una persona distinta, mucho más formada. La que despegó en aquella época fue Concha Velasco, que parecía una chica del montón, con películas light y que, de repente, mostró una faceta distinta, con muchos y diferentes estilos, y que ahora, con 80 años, sigue trabajando con gran éxito.

¿Cuáles eran las revistas y periódicos de referencia?

En aquella época, el diario Madrid fue suspendido varias veces antes de que finalmente lo cerrasen y volasen su edificio por aquella editorial sobre el General De Gaulle. Los dueños eran del OPUS pero tenían una mentalidad liberal, de izquierdas para el Régimen. A nivel nacional, el periódico más importante era el ABC, ya que era el de mayor tirada. También estaban Ya (de la Iglesia), Pueblo (de los Sindicatos), El Alcázar (de los excombatientes), que fue cambiando de manos hasta recuperarlo la ultraderecha. Había otro, que se llamaba  Informaciones, en el que metió dinero Botín para su relanzamiento porque había gente de Santander, entre ellos Jesús de la Serna como director, pero que no tuvo un gran recorrido, ya que eran tiempos de cambios. 

“A veces cuando castigamos a un artista por sus ideas, nos estamos castigando a nosotros mismos porque nos privamos de él”

 

Se puede comparar el Mayor del 68 con movimientos como el 15M?

Habría que hacerlo con el Mayo del 68 parisino, ya que aquí lo único que teníamos eran las referencias que nos daba la prensa oficial, que estaba encantada con el problema de los franceses. El paralelismo nace en que es gente joven que reclama su lugar, algo similar a lo que estamos viviendo con las mujeres ahora. El problema es que aquellos que formaron el 15M ahora están frustrándose al darse cuenta de que si quieres jugar el partido debes hacerlo en su campo, y guardando unas normas heredadas que te aprisionan.

¿Por qué la izquierda se divide y discute tanto entre sí misma?

La izquierda siempre pone en cuestión al sistema, y eso es una discusión continua. Cuando éramos jóvenes había varios temas que nos volvían locos porque nos atraían y nos hacían pensar en la estrategia a seguir. Uno era tan etéreo como encontrar la teoría del movimiento continuo, que había vuelto locos a muchísima gente. Otro era el de la piedra filosofal, el equivalente al Santo Grial, y otro ya más politizado era la revolución permanente, que hizo que algunos se pasasen la vida discutiendo, algo que puede conseguir que pierdas la cuestión  fundamental: cambiar las cosas para que la gran mayoría viva mejor.

SANTANDER UNA PEQUEÑA CIUDAD DE PROVINCIAS

¿Y cómo llevaban esta situación en casa?

Mis padres eran un matrimonio de izquierdas. En casa escuchábamos las radios extranjeras y todo parecía una continuidad de lo que habíamos creado dentro. El primer shock que sufrieron fue cuando hacía el servicio militar en el Ministerio de Marina y me llevaron a una peregrinación internacional a Lourdes, con 50.000 militares más de toda Europa. Cuando salía hacia allí, la madre de un amigo de Santander, me visitó compungida preguntándome por la duración del castigo. Resulta que había habido un atentado en Correos, organizado por estudiantes de Ciencias Económicas, entre los cuales había otro Viadero. Se trataba de un malentendido que en aquella época pudo ser terrible.

¿La clandestinidad se movía en Santander? ¿Había núcleos en la Universidad o estaba todavía controlada por el Régimen?

A veces se pierde la perspectiva con los años. Santander todavía no tenía Universidad. Había algo parecido, que era la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Era la carrera del señorito, porque era lo más. También estaban Magisterio y Peritos. Lo que son estudios universitarios o un campus, con cierta autonomía, no había.  Pero el primer cine club importante fue el de Caminos. Las noches de los sábados se iba allí para ir al cine.

¿Qué oferta cultural había en esa época en una pequeña ciudad de provincias?

Desde el punto de vista de espectáculos era bastante amplia, porque había muchos cines grandes, de entre 1.000 y 2.000 localidades. Estaba bastante bien nutrido. Lo que no era tan buena era la competencia, en el sentido de que faltaban muchas películas que no eran comerciales pero que tenían un interés evidente para el público. Un crítico llamó a Santander ‘la Cenicienta cinematográfica’. Había dos grandes cadenas, cada una con sus propios cines y con su estilo, pero trataban de eludir las películas de compromiso y que tenían una gran calidad pero no tenían mucho público. Con el sistema que había de cuotas compraban todo el lote y se quedaban con las comerciales. Las otras ni siquiera las estrenaban. Cuando les obligaron, las ponían a una hora de escasa afluencia para cumplir. Tenían un control con el público asegurado y no tenían por qué meterse en aventuras poniendo películas que incluso podían causar problemas. No olvidemos que en Santander el estreno de la película ‘Gilda’ en el Gran Cinema fue un auténtico terremoto, con los integristas religiosos lanzando bombas fétidas, pintura roja contra la pantalla y carteleras, soltando ratones por el patio de butacas… Una forma de boicotear algo que ya había pasado la censura del Ministerio y también la eclesiástica, con sus cortes correspondientes y su 4 de gravemente peligrosa como calificación. No había forma de pensar que eso fuera algo pecaminoso, más allá de la mente enfermiza de aquellas personas. Pero también del numeroso público que acudió movido por un morbo estimulado por los propios represores. En eso, la Iglesia católica y los sectores más papistas que el papa no han cambiado.

Viadero1Archivo Saiz Viadero

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