Domingo, 24 de Septiembre de 2017
El Tiempo

Debería de ser también el día de la reivindicación de un nuevo estatuto.

Hoy es el Día de la Montaña, ese día en el que Cantabria celebra su identidad, sus orígenes y sus tradiciones. Una fiesta que a pesar de su reconocimiento por parte de todos los cántabros y cántabras, ha sido arrinconada a un mero espectáculo folclórico. Un folclore que todo pueblo debe de preservar, porque a pesar de que ha sido muchas veces denostado por nuestra sociedad, cada vez más urbanita y cosmopolita, forma parte de nuestra cultura. Nuestras tradiciones y nuestros orígenes son parte de lo que somos hoy. Pero no sólo eso.

Existe una intención malintencionada de acotar nuestra identidad a las festividades como la que celebramos hoy. Una festividad, compuesta por muchos elementos como las danzas, músicas o vestimentas que se verán hoy en Cabezón de la Sal, que aunque nos esforzamos por mantenerlas vivas, pertenecen más a una sociedad pasada que a la actual.

Se fomentan también otros elementos, sobre los que quieren que gire nuestra identidad contemporánea, como la gastronomía, el patrimonio o por qué no, en otros espacios, el fútbol. Sin duda, motores identitarios que movilizan masas pero que están completamente despolitizados, es decir, que son completamente inocuos para los poderes fácticos. Nada cuestionan, nada cambian.

El desarrollo económico de Cantabria tiene que ir de la mano, inexorablemente, de la conservación de nuestro patrimonio natural

En el discurso del Estado de la Región, que hizo nuestra diputada Verónica Ordóñez, destacábamos otros muchos elementos que conforman a nuestro entender la identidad de Cantabria. Nuestra riqueza natural, bien conservada y sostenible, con todo lo que ello implica: protección medioambiental o paisajística frente a la especulación como modo de desarrollo económico. Cantabria es su riqueza natural y por ello nos opondremos a los proyectos que la ponen en riesgo o pretenden la expoliación de nuestros recursos, véase nuestra oposición al vertedero de Meruelo, el polígono de Las Excavadas o al fracking. Porque entendemos que el desarrollo económico de Cantabria tiene que ir de la mano, inexorablemente, de la conservación de nuestro patrimonio natural.

Pero los elementos más incómodos son los que alimentan el alma de un pueblo, recordemos el grito revolucionario francés “libertad, igualdad y fraternidad” que constituye el ADN de esa nación y que es blandeado cada vez que el pueblo ve amenazados esos valores. En Cantabria tenemos que definir esa identidad, pero de momento debemos de sentirnos orgullosos de ser un pueblo honrado, valiente y trabajador y quizá sería un buen inicio reclamar esas virtudes y su aplicación en el ámbito político e institucional. Valentía para reclamar ser más autónomos y vivir en una sociedad más igualitaria y con más oportunidades para todos y todas.

Debemos sentirnos orgullosos de ser un pueblo honrado, valiente y trabajador Y, y quizá sería un buen inicio reclamar esas virtudes y su aplicación en el ámbito político e institucional

Para ello es inaplazable abordar la reforma del Estatuto de Autonomía. Un estatuto que recoja los principios históricos, políticos y culturales que conforman la identidad política de Cantabria como pueblo y como territorio. Aquí incluyo la inclusión del Lábaro en el estatuto, la protección del cántabro o la inclusión del Concejo Abierto como forma de organización histórica. Pero no solo esos elementos, ya reclamados, sino también los principios sociales que deben regir Cantabria. Unos derechos sociales que el nuevo estatuto deberá recoger. El derecho a la vivienda, a la salud, a ser atendidos cuando somos dependientes o a la Renta Social Básica deberán de estar recogidos en ese nuevo estatuto de modo que se garantice su protección y su aplicación. Derechos sociales que ya son básicos y que por tanto deben de estar blindados desde Cantabria.

El derecho a la vivienda, a la salud, a ser atendidos cuando somos dependientes o a la Renta Social Básica deberán de estar recogidos en ese nuevo estatuto

Pero hay que ser valientes e ir un paso más allá. Cantabria debe dejar de ser una Comunidad con “poca autonomía”. Una comunidad autónoma debe de ser responsable de su gente, debe de garantizar que la justicia funcione, que puede proteger su medio ambiente, que pueda ser responsable de sus políticas de industria y empleo, y por ello debe reclamar más competencias. Cantabria no puede renunciar a ello si no quiere renunciar a poder proteger a su gente.  

Por eso, hoy Día de la Montaña debería de ser también el día de la reivindicación de un nuevo estatuto.