Lunes 16.07.2018

Una imagen vale más que mil palabras, no hay duda

Qué imagen podría remover nuestras entrañas y avergonzar a nuestros gobernantes reflejando el desamparo de las familias que sobreviven con 400 euros al mes.

El éxodo del pueblo sirio huyendo de la guerra no es un hecho nuevo. Hace tiempo que tenemos noticias de miles de vidas perdidas en naufragios en el Mediterráneo, elegida hasta ahora como ruta de escape hacia un horizonte más amable, o de la llegada masiva de refugiados a la diminuta isla de Kos. Los medios nos han informado con detalle del conflicto sirio, de las atrocidades cometidas por unos y otros, y del mal trato dispensado a su llegada a la anhelada Europa.

Pero ha hecho falta una imagen, la de un niño arrojado como un juguete roto en las playas turcas, para convulsionar la adormecida conciencia del pueblo europeo y levantar oleadas de solidaridad sin precedentes. En tanto que Ángela Merkel se aprestaba a desembarazarse de los refugiados negociando cuotas de reparto, ahora  que se agolpan a la puerta de sus fronteras ya se ha convertido en un problema europeo, el pueblo alemán desbordaba solidaridad. En la Estación de Munich ya no hay cabida para tantos alimentos, ropa, mantas, juguetes, con los que el pueblo quiere dar la bienvenida a los recién llegados. Las autoridades se han visto obligadas a solicitar que cese la ayuda, ya no es necesaria.

Algo parecido ocurre en España, Rajoy pretendía negociar a la baja el flujo de refugiados, pero las ciudades se le han adelantado organizando la recepción sin aguardar las medidas gubernamentales. Todas quieren ayudar tejiendo una red de municipios solidarios que espolea la conciencia más remisa.

No es casual que tras la reunión del grupo interministerial de este lunes, el gobierno ya no ponga límites a la cifra de acogida ni de por cerrados los 15.000 refugiados: aceptará la cuota que le asigne Bruselas. Rajoy incluso se declara “traumatizado” por las imágenes de los refugiados sirios. En periodo preelectoral, ya se sabe, no es aconsejable ir contracorriente.

Cantabria no es ajena a este movimiento solidario, el Gobierno regional reabre la Residencia La Pereda, en la que ofrece acoger 200 refugiados, coordinará el Banco de Recursos para acoger las iniciativas solidarias de nuestros Ayuntamientos que ya han comenzado a sumarse a esta respuesta masiva a la crisis humanitaria siria, y de la sociedad civil. Incluso el obispado de Santander se suma y hasta la maltrecha Torrelavega donde la ONG el “Corazón de Torrelavega” ha recogido 73.200 kilos de alimentos,  repartidos en un solo día sin que nadie dijera “basta, ya tenemos suficiente”, consigna una partida de 10.000 € para socorrer a los futuros asilados.

Y en medio de tanta muestra de generosidad, me pregunto qué imagen será necesaria para dar visibilidad a la desesperación de los miles de cántabros cuyos hijos no pueden hacer tres comidas calientes al día o comienzan el curso escolar sin libros, sin que nuestro gobierno adopte medidas concretas, pues su actividad se agota en meras declaraciones programáticas vacías de consignación presupuestaria, como  señalar Castro Urdiales área de atención preferente en materia de  educación. 

Qué fotografía podría retratar la fragilidad de tantos niños en cuyo corazón quedará grabada para siempre la impronta del hambre que convulsione nuestras conciencias como lo hizo Aylan. Qué imagen podría remover nuestras entrañas y avergonzar a nuestros gobernantes reflejando el desamparo de las familias que sobreviven con 400 euros al mes, o el de tantos padres y nietos “refugiados” en la diminuta vivienda y exigua pensión de sus abuelos. He conocido tiempos en que los servicios sociales examinaban bajo una minuciosa lupa no ya el sustento y escolaridad, sino el propio alojamiento de los menores, exigiendo condiciones mínimas de espacio y habitabilidad. Hoy miran con indisimulada indiferencia hacia otro lado.

Una imagen vale más que mil palabras, no hay duda
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