Viernes, 22 de Junio de 2018
El Tiempo

Todo esto no ha sido una sorpresa para toda la gente que ha estado en movilizaciones los últimos años, al menos no una sorpresa mayúscula. Si analizamos con perspectiva el movimiento feminista vemos la progresión que ha tenido, cómo poco a poco han ido sembrando para ahora recoger.

Muchas analistas se piensan que la gran movilización feminista del 8 de marzo ha salido prácticamente de manera espontánea. Ni mucho menos, es una gran red que lleva varios años tejiéndose.

Los adjetivos para describir la movilización que ha tenido lugar el pasado 8M se quedan cortos, ni tan siquiera el de “histórico” es capaz de describir lo que se vivió ese día. Sirva como ejemplo el sector que mejor conozco, el de los medios de comunicación. Desde la “Gran Huelga” del 14 de diciembre de 1988 el sector de la comunicación no se movilizaba en masa. El histórico “apagón” de TVE en 1988 es equiparable a la falta de programas en la propia TVE, del programa de AR en Telecinco o los especiales de laSexta en 2018. Son muchos los motivos por los que la profesión se podía haber movilizado todos estos años: precariedad, paro, censura… pero jamás el gremio había estado tan unido en una lucha como ahora. Desde la becaria más reciente hasta las grandes periodistas se han unido y se han movilizado de forma ejemplar y ejemplarizante. Ojala algún día periodistas hombres y mujeres seamos capaces de unirnos así para luchar por nuestra profesión.

Desde la becaria más reciente hasta las grandes periodistas se han unido y se han movilizado de forma ejemplar y ejemplarizante

Pero todo lo ocurrido no es fruto del azar ni de la generación espontánea. Todo ha pillado con el pie cambiado al PP y a Ciudadanos -pese a que ahora intentan sumarse a la ola, no debemos olvidar sus criticas a la huelga y movilizaciones-, y con medio pie cambiado a los principales sindicatos -que no fueron capaces de sumarse a la huelga de 24 horas, porque entiendo no supieron ver la fuerza del movimiento-. Pero todo esto no ha sido una sorpresa para toda la gente que ha estado en movilizaciones los últimos años, al menos no una sorpresa mayúscula. Si analizamos con perspectiva el movimiento feminista vemos la progresión que ha tenido, cómo poco a poco han ido sembrando para ahora recoger. Lejos quedan las manifestaciones en Santander de hace una década en las que eran pocas miles las que salían a la calle, y es que poco a pocos las jóvenes -y aquí se encuentra una de las claves- han ido integrándose en el movimiento y dándole “frescura”. Las jóvenes junto con las históricas -sin las que hoy no se hubiese llegado a todo esto- han ido vertebrando una amplia red que es la responsable del gran crecimiento. La manifestación de 2018 es histórica, pero ya la de 2017 se convirtió en una de las más multitudinarias, y aquí los analistas no supieron ver la fuerza que ya venían teniendo dichos movimientos. 

Pero además han ampliado “sus brazos” más allá del 24N y del 8M. Han sido capaces de llegar incluso a lo lúdico. Espacios en los que no se hablaba de feminismo ya se hace, sirva como ejemplo las fiestas o festivales de Cantabria. Y es gracias a la labor de la Comisión 8M y de la Plataforma Cernégula con las jovencísimas Ijanas a la cabeza.

Quizás nadie esperaba el gran “boom” que ha sido, pero desde luego sí que muchos esperábamos que fuese multitudinario porque detrás había años de gran trabajo y de grandes aciertos. Han articulado un movimiento que ha sido vertebrado entre mujeres -y hombres- de todas las edades, clases sociales y sectores.

El camino que ha tenido el movimiento feminista no ha sido fácil. Pero ahora viene lo más difícil

El camino que ha tenido el movimiento feminista no ha sido fácil. Pero ahora viene lo más difícil. Por un lado mantener la intensidad del movimiento, y por otro ir consiguiendo logros. Volviendo a la comparación con la “Gran Huelga”, el movimiento feminista debe aprender de aquellos errores. No deben tener miedo de volver a salir a la calle, si tras el 14D hubieran convocado en un tiempo prudencial otra huelga general el triunfo posiblemente hubiese sido mayor, y el devenir del movimiento sindicalista hubiese cambiado. No deben tener miedo a seguir en la calle luchando y combatiendo, porque si no posiblemente el movimiento fracasará, aunque lógicamente tampoco deben quemarse, tienen que buscar un punto intermedio.

Y ahora que todos los partidos se suman a “la ola” deben –debemos- aprovechar para conseguir los logros necesarios que se revindican. Posiblemente tengan que sentarse y negociar siendo conscientes de la fuerza que tienen para que los que legislen las tengan en cuenta más allá del miedo actual a la perdida de electorado –algo que ahora mismo le ocurre al PP con los pensionistas-. Unos logros que deben ir desde lo más amplio como puede ser acabar con la brecha salarial hasta lo más concreto y sencillo como que en el Parlamento de Cantabria las mujeres puedan cantar las Marzas.

Ellas ya son ejemplo de cómo crear un movimiento masivo en unos años, y ojalá sean ejemplo de cómo conseguir el triunfo con un movimiento que abarca a todo tipo de clases y edades y que ha surgido desde abajo.