Domingo, 27 de Mayo de 2018
El Tiempo

La salvajada

Un cruel asesinato en nombre de Dios, atención, en la persona de un servidor de Dios. 

El "¡Viva la muerte¡" que practican los llamados "soldados" del Daesh (terrorismo yihadista importado de Irak y Siria, para entendernos), tiene la ventaja táctica del desprecio a la vida propia y ajena. Y el nombre de Dios (Alá) como señuelo. En ese sentido somos más vulnerables los que estamos en el bando del "¡Viva la libertad!", incluida la libertad religiosa.

Por ahí nos van ganando. La psicosis de atentado que agobia en estos momentos a franceses, alemanes, ingleses y belgas -por citar poblaciones de "infieles" más castigadas por el terrorismo yihadista en estos últimos tiempos-, es la prueba visible de que quienes estamos con la libertad vamos perdiendo el pulso ante quienes apuestan por la muerte.

La salvajada de este martes en un pueblo de la Normandía nos ha vuelto a helar el gesto. Un cruel asesinato en nombre de Dios, atención, en la persona de un servidor de Dios. Así es de absurda y de cruda la descripción de lo ocurrido dentro de la iglesia parroquial de Saint Etienne de Rouvray, donde dos "soldados del Ejército Islámico" -según posterior reivindicación pública-, pasaron a cuchillo al anciano párroco auxiliar de un templo católico, Jacques Hamel, mientras el otro terroristas lo filmaba con su teléfono móvil.

La opinión pública francesa está aterrorizada y sus autoridades se esfuerzan con poco acierto en combatir el pánico de la población. Pero en la memoria colectiva no dejan de aflorar nombres como los Charlie Hebdo, Bataclan o Paseo de los Ingleses. Y también aflora el otro indicador que, junto a la psicosis de atentado (o sea, el miedo), es propio de quienes estamos en el bando de la libertad, donde la unidad de criterio frente a una amenaza exterior es casi un imposible metafísico.

Me refiero en este caso a la polémica sobre los fallos de seguridad tan fáciles de detectar a balón pasado ¿Cómo es posible que un terrorista bien conocido por la policía, debidamente monitorizado a causa de sus antecedentes (había salido de prisión en marzo) haya podido perpetrar un acto tan abominable en un lugar público y a plena luz del día?

Me temo que, como ya ocurrió en Bélgica, el asunto dará mucho de sí en los próximos días. Pero uno cree que cuando alguien está dispuesto a matar y morir, no importa con qué herramientas (un camión, un chuchillo, una pistola, un cinturón de explosivos) lleva una enorme ventaja táctica sobre los servicios policiales encargados de evitarlo.

El brazalete electrónico que llevaba uno de los terroristas solo sirvió para ubicarle en la iglesia. No para impedir que, entrase libremente con un cuchillo oculto en sus ropas. Tendría que haber tenido un policía a su espalda. Un servicio que precisaría de unos 1.800 agentes, tantos como "retornados" del Estado Islámico en el país vecino.