Domingo, 27 de Mayo de 2018
El Tiempo

Cuando escuchas hablar a nuevos representantes desde el púlpito del Parlamento como Verónica Ordóñez, te hace levantar la vista y estar pendiente, dedicando toda tu atención a sus explicaciones.

¡Abran paso señores...! Esto es lo que hay que decir a aquellos políticos que llevan décadas y décadas dando lecciones de ética, del bien saber, hacer y gobernar, que nos han prometido el cielo en la tierra y que ya son parte del paisaje, e incluso ya se pueden confundir con el mobiliario de nuestras instalaciones.

Por ello, cuando escuchas hablar a nuevos representantes desde el púlpito del Parlamento como Verónica Ordóñez, te hace levantar la vista y estar pendiente, dedicando toda tu atención a sus explicaciones, con una oratoria fresca y directa, sin estridencias, sin adornos para ampliar el eco de sus palabras. Estas suenan creíbles, se nota el entusiasmo de esa juventud que quiere cambiar esta sociedad y se cree lo que nos está diciendo.

Ahora que "en esta nuestra Comunidad" no estamos nada sobrados de representantes con credibilidad, esperemos que ese cainismo que tanto gusta entre nuestros partidos no se los devore, que no los engulla entre el absurdo de esas luchas internas que los ciudadanos nunca llegamos a comprender, y que poco o nada tienen que ver con el cargo de representación, desilusionando a los votantes y haciendo que muchos proyectos se diluyan entre el ácido corrosivo de algún compañero o las balas del fuego amigo, a veces cargadas de ira desde la capital del reino.

Necesitamos nueva gente que venga con ilusión y ganas de trabajar

Seguro que los nuevos tienen mucho por aprender, eso es lo normal. Solo en media legislatura la hemos visto defender con más entusiasmos y eficacia que a muchos de esos que la butaca del Parlamento ya tiene la forma de su trasero. Dicen que no se debe resaltar a un político en activo, que pasa como con los comentaristas deportivos que alaban a ciertos jugadores, y es decir esto y que la pifien, que fallen lo más fácil. Puede ser cierto, regalar demasiado los oídos suele crear egos mal entendidos, aunque quien tiene una cabeza bien amueblada no suele tener esos problemas. No hay duda, a los jóvenes hay que abrirles camino, apoyarlos, y si encima tienen las cualidades de Verónica, donde el trabajo y el compromiso social vienen de serie, merece la pena arriesgar y darles ese voto de confianza para que puedan seguir adelante con su proyecto.

En otras instituciones como el Ayuntamiento de Piélagos otra joven Verónica, Verónica Samperio, con una representación mínima en el Consistorio, donde podemos decir aquello de "Alcaldesa por sorpresa", está realizando una labor positiva, esperemos que la apoyen y pueda sacar adelante el PGOU, en esta legislatura, que tanto necesita este municipio y que llevan con el mismo desde tiempo inmemorial. Hay cantera y buena, pero démosles las oportunidades que precisan.

Necesitamos nueva gente que venga con ilusión y ganas de trabajar, y un plan de jubilación para los que llevan demasiados años en primera línea. De algunos sabemos ya lo que nos van a decir antes de pronunciar palabra, ya han tenido tiempo más que suficiente para terminar sus proyectos, para cumplir con sus promesas. Por todo ello, la reducción de mandatos en los cargos de nuestros representantes es una medida muy higiénica, para dar esas oportunidades y evitar que alguno se crea que el cargo es suyo, el lugar de ser un representante de los ciudadanos.