Domingo, 17 de Diciembre de 2017
El Tiempo

Estos días la lotería de las desgracias le ha vuelto a caer a México.

Los científicos, los expertos, aquellos que tienen explicación para todo, brujos y chamanes de nuevo cuño, quizás sabrán por qué la naturaleza nos golpea cada cierto tiempo con toda su crudeza. Los hay que buscan esas razones de forma más prosaica e insustancial, para demostrarnos lo débiles que somos, otros se introducen por el camino de la fe y el castigo divino, es cierto que hay gente para todo, pero la realidad es el sufrimiento de tanta buena gente por fenómenos como los huracanes, que estos días parecen que se forman a pares,  y terremotos paridos de las entrañas de la tierra.

La avalancha de tormentas tropicales que se convierten en huracanes, que son como el caballo de Atila dejan la desolación y la destrucción por donde pasan, así el huracán Harvey  inundó y destrozó parte de zona de  Houston,  después siguieron  Irma, José... y últimamente el María que ha dejado medio Puerto Rico debajo de sus aguas. Estremece ver las imágenes desde la distancia, ver como se evacuan ciudades enteras, como después del paso del mismo queda una secuela de desolación y la huella de tanto dolor por  las vidas perdidas. Aquellos, normalmente los menos favorecidos, pierden lo poco que tienen, porque si la vida no es justa, en estas situaciones quienes viven en unas peores condiciones tienen muchos más boletos para que esa lotería de la desgracia se cebe con ellos.

Gracias a esos trabajos que nos hablan de su formación y la dirección que van a llevar estos fenómenos, se han podido salvar muchas vidas

Los meteorólogos, que algo saben de esto, predijeron una abundancia de huracanes en el Atlántico producidos por fenómenos de un "El Niño" más débil, combinado con temperaturas  muy por encima de la media en la superficie del océano, y vientos propicios para su formación. Gracias a esos trabajos que nos hablan de su formación y la dirección que van a llevar estos fenómenos, se han podido salvar muchas vidas, el hecho de tener unas previsiones fiables es para agradecer el trabajo de estos profesionales quizás muchas  veces no valorados en su  justa medida.

Dicen quienes han sufrido un terremoto que nunca se olvida, la sensación de impotencia, de fragilidad,  de que el mundo se mueve bajo tus pies. Hay lugares donde la población se ha ido acostumbrado a estos movimientos sísmicos por repetitivos , México y Japón son un claro ejemplo de ello. Las construcciones están realizadas con una mayor seguridad al prever estos seísmos, la población recibe recomendaciones, se realizan simulacros... A pesar de las precauciones cuando la naturaleza tiembla, la realidad es que temblamos todos.

Suenan las alarmas y la prioridad es ponerse a salvo o en un lugar más seguro, pero son tantas las circunstancias que cuando este temblor tiene un nivel elevado, las desgracias y sus consecuencias se sienten en breve, personas atrapadas por sus propias casas, edificios públicos y privados derruidos, el desconcierto de los primeros momentos, la atención a los afectados, hasta el triste goteo de muertos y heridos que se van dando a conocer en los medio de comunicación y redes sociales.

Estos días la lotería de las desgracias le ha vuelto a caer a México. El destino, la casualidad vaya Uds. a saber de este terremoto de 7,1 en la famosa escala Richter, ha coincidido horas después de un importante simulacro, que tenía dos motivaciones, recordar uno de los sismos más devastadores que está en la memoria de nuestros amigos mejicanos el de 19 de septiembre de 1985, y a la vez seguir instruyendo a la población ante situaciones tan extremas. Ironías de la vida, el pánico, el miedo y la destrucción volvieron a repetirse justo 32 años después. Duele y se siente la rabia contra ese destino de los niños y sus profesores sepultados en su propia escuela, de tanto y tanto sufrimiento.

Lamentablemente y a pesar de todas estas medidas,  a pesar de que muchas veces nuestra especie se crea por encima de la naturaleza, estas dolorosas situaciones nos devuelven a la realidad, a la levedad de ser, y que existen fuerzas tan devastadoras que pueden marcar nuestro destino, siendo poco lo que se puede hacer para impedirlo.

Cuando este temblor tiene un nivel elevado, las desgracias y sus consecuencias se sienten en breve

Mientras tanto otros en este país crean tormentas tropicales artificiales, que se pueden convertir en huracanes que también son devastadores para nuestra sociedad, que la separan, y crean furia de la ira contra el que piensa diferente, contra el que no es de los míos, como si no bastara con lo dura que es vida, para que nos pongamos a crear terremotos artificiales. Vaya desde aquí toda la solidaridad para estas personas que sufren tan injustamente situaciones naturales, toda la ayuda posible para ellos, y el desprecio para aquellos que desde su miopía les hace ver sólo como iguales a los que tiene a pocos metros, a los que piensan sólo como ellos.

Cuando tiembla el mundo, por estos fenómenos naturales la prevención es la medida más efectiva, y la solidaridad saca quizás lo mejor del ser humano, el mayor de los reconocimientos para quienes sacan a los niños de los escombros y al que trabaja para que esto no se produzca. Cuando se buscan enfrentamientos entre nosotros aparece lo más negativo, ver al diferente como enemigo, el siglo pasado nos dejó profundas cicatrices, enseñó lo peor de la condición humana, que esa lección por la cual a tantos les quitaron la vida nunca la olvidemos. Sorprende la poca pedagogía y prevención que se hace en nuestras escuelas, en nuestra sociedad, o lo poco que cunde, sobre el comportamiento humano cuando se lleva a extremos del odio al diferente, y no será porque no tengamos ejemplos para mostrar en nuestra propia historia. Ya lo dijo Montesquieu "Feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento".