Jueves, 24 de Mayo de 2018
El Tiempo

Ser anciano no está bien visto, algunos olvidan muy fácilmente lo que estas personas han hecho. Esta sociedad, con todos sus defectos y virtudes, es heredera del duro trabajo que han realizado.

Puede que la soledad sea una necesidad vital que tiene el ser humano para estar consigo mismo, de la misma nos cuentan que han surgido los más hermosos poemas y las más dulces melodías. El arte y la soledad se dan la mano en la oscuridad para huir de los demás. La soledad cuando no es una opción sino una imposición de situaciones no deseadas se convierte en un problema, así lo manifestaban nuestros mayores: "la soledad es un buen lugar para estar de paso, para visitar, pero un mal sitio para acampar y quedarse permanentemente".

Uno de los mayores contrasentidos es en la era de la comunicación, de la globalización, cuando más interactuamos, cuando los que están en Australia, en Perú o China pueden contarse sus penas y alegrías; sin embargo pocas veces en la historia el hombre se ha sentido tan solo, a veces incluso sólo en medio de la multitud. Estas frías estadísticas no dejan lugar a dudas, más del 15% de la población está sola, además uno de cada tres tenemos problemas con el aislamiento y la soledad. El hecho de vivir más años también tiene contrapartidas, a algunos les preocupan las económicas, el reparto de la riqueza, las pensiones, a veces incluso a algún responsable político da la sensación que le molesta que estemos tanto tiempo por este mundo.  Hay una considerable parte de nuestra sociedad donde se ha creado un nicho de pobreza, donde las ilusiones se van apagando dejando paso a situaciones poco agradables, donde se suman los problemas y desaparecen los amigos. La soledad y calidad de vida de este colectivo merece algo más que una mirada pasajera de nuestras instituciones.

Más del 15% de la población está sola, además uno de cada tres tenemos problemas con el aislamiento y la soledad

En los países nórdicos, donde siempre van por delante en la atención a sus ciudadanos, ya llevan años trabajando para paliar estas situaciones, mientras nosotros con honrosas excepciones cerramos los ojos a la realidad de nuestros mayores y sobre todo de aquellos con menos recursos, si los podemos aparcar y esconder, mejor. Ya se sabe, para algunos "problema que no se ve no existe". Ser anciano no está bien visto, algunos olvidan muy fácilmente lo que estas personas han hecho. Esta sociedad, con todos sus defectos y virtudes, es heredera del duro trabajo que han realizado. Escuchar con atención a los mayores, los más sabios, era un sello de las civilizaciones avanzadas que vamos perdiendo.

El instinto de enseñar lo bello y esconder o tirar lo viejo está todavía demasiado arraigado en nuestra sociedad, sin darnos cuenta que lo bello muchas veces lo alumbraron estos viejos que hoy queremos esconder. Como decía una campaña publicitaria, "la arruga también es bella", pero donde en este mundo parece que ya no hay lugar para ancianos y si lo hay es donde no molesten. Hace unos días sorprendía la noticia que en el Reino Unido se creaba un Ministerio para frenar la soledadesa soledad avanza y avanza por nuestra sociedad hasta convertirse en una epidemia, una enfermedad que está haciendo un enorme daño, y donde hasta hace muy poco se ha ignorado y tapado su existencia. 

Un informe sobre la situación social de nuestros mayores destacaba entre sus conclusiones que la soledad incrementa la mortalidad en un 27%, comparable a la obesidad. Los expertos manifiestan la necesidad de medios para paliar este problema social, sacar a las personas de su aislamiento es muchas veces sacarlas de un auténtico drama personal y social. Harían bien nuestras autoridades en tomar ejemplo y crear planes que les hagan la vida más fácil, cuando además la misma se acerca a su etapa final. Esto también es un deber de justicia social, en muchas ocasiones, la soledad y la pobreza son primos hermanos, de esta forma "no hay pariente más lejano que el pariente pobre".  

Ciertamente, la soledad en fase de enfermedad no es patrimonio de nuestros mayores, aunque lamentablemente es a los que más afecta, y menos medios tienen para combatir contra la misma. En un reparto desigual nuestros pueblos y aldeas quedan habitados por ancianos guardianes de las esencias, en las ciudades la deshumanización de las masas, una de las mayores críticas que se pueden hacer a nuestras urbes. Preocupante, sobre todo, observar cómo los poderes pueden ser mezquinos y tacaños, no dando los apoyos y recursos que necesitan. Es un hecho real, "quien tiene un amigo tiene un tesoro", e incluso una potente medicina para su salud, y una vacuna contra la epidemia de la soledad.