Domingo, 27 de Mayo de 2018
El Tiempo

Cada país tiene sus normas de convivencia y romper las mismas tiene consecuencias, de eso no hay duda, pero debe existir una proporcionalidad entre el delito, sus consecuencias y las penas exigidas por dichos actos.

El delito de rebelión tipificado en nuestro código penal en el art. 472 y sgs.: "Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente..." es un escudo y protección contra quienes osen atacar los cimientos del Estado, donde la unidad nacional es un bien superior a defender.  Otra cosa es como interpretan unos mismos hechos diferentes jueces, donde unos ven violencia otros no.  Aquí tenemos a Oriol Junquera y los Jordis, ... en prisión con petición de penas entre 15 y 25 años, mientras en Alemania o Bélgica dudan incluso que exista la malversación de fondos públicos. Unos gozan de libertad dentro de Europa, Puigdemont, Comín y compañía, otros están en prisión preventiva desde hace medio año pagando penas por adelantado, que generan muchas dudas en no pocos juristas.

Sin duda, el Estado a través de la Justicia ve la necesidad de proteger el art. 2 de CE, la unidad indisoluble e indivisible de la Nación, pero el debate jurídico, político y social pone muchas dudas sobre las medidas cautelares tomadas como la prisión preventiva, y la mayor de todas las dudas está en identificar esa violencia para tipificar el delito. La necesidad de la credibilidad en la justicia, de no inflar más el globo de las fronteras psicológicas, la moderación con la que se expresa el propio Junqueras, el tener en cuenta que no se le ha juzgado, las declaraciones de expresidentes de la nación e importantes constitucionalistas, así como los varapalos judiciales a nivel internacional en Bélgica, Alemania, Gran Bretaña..., aumentan las dudas sobre si ese es el camino correcto. La desmesura por las partes hace que justicia y política se entrelacen o líen tanto, que a veces es difícil saber dónde empieza una y acaba la otra. Por ello, más que nunca necesitamos jueces que tomen sus decisiones con prudencia y mesura.

Cuanto más exagerada es la petición de la pena menos credibilidad tiene el juez

Cada país tiene sus normas de convivencia y romper las mismas tiene consecuencias, de eso no hay duda, pero debe existir una proporcionalidad entre el delito, sus consecuencias y las penas exigidas por dichos actos. Cuanto más exagerada es la petición de la pena menos credibilidad tiene el juez, cuanto más injusta es a los ojos de la población mayor descrédito de nuestra justicia. Por otra parte, cuando quienes defienden las normas, quienes son los adalides de la aplicación de tan duras penas, están salpicados por la corrupción, están incumpliendo sistemáticamente las normas de convivencia, están además identificando partido con Estado, el daño que se puede estar haciendo a todos los ciudadanos es inmenso, más si se tiene la percepción de impunidad en muchos casos. Todo ello, hace que no se mire la justicia de la norma, sino la corrupción de quien defiende su aplicación distorsionando la realidad. El Partido Popular tiene un gran problema de descrédito, ganado a pulso durante los últimos tiempos, donde muchas veces para esconder sus miserias se han envuelto en los símbolos de Estado, como parte suya y no de todos, ello hace que los mismos muchas veces tengan un fuerte rechazo, que afecta a la propia credibilidad de las instituciones del Estado.

Comentaba el Fiscal General de Estado, Julián Sánchez Melgar, en la clausura del XVII Curso sobre la Jurisdicción Contencioso Administrativa que se ha celebrado en Santander, algo con lo que todos estamos de acuerdo, la necesidad que el delito y los delincuentes puedan ser perseguidos por todo el territorio Europeo"Lo mismo que un juez de Zamora no cuestiona a uno de San Sebastián, con la euroorden, así debería pasar con uno de Munich o uno de Guadalajara". En esta línea de cooperación y confianza deberíamos avanzar, para que Europa sea ese espacio de seguridad y justicia fuerte.  Lo cierto es que este discurso ya nos lo han vendido muchas veces incluso retrotrayéndonos a los años 80, ya entonces hablamos de este espacio de seguridad y cooperación, la pregunta es ¿cómo hemos avanzado tan poco e incluso retrocedido en algunos aspectos en esta materia? y ahí está el Brexit, para recordarnos la realidad.  Ya se sabe que en la Unión Europea siempre la parte de unión económica y monetaria ha ido muchos años por delante de esa Unión social que tantos hemos pedido y soñado.

Son demasiadas las veces que los ciudadanos tenemos que recurrir a la justicia europea

Sin duda nuestra justicia tiene grandes profesionales, pero hoy, muy a nuestro pesar, son demasiadas las veces que los ciudadanos tenemos que recurrir a la justicia europea, porque en nuestro país puedes morirte esperando la misma, para muestra ahí están los cientos de familias víctimas por las sentencias de derribo en Cantabria, que llevan décadas esperando que se haga justicia, simplemente que se repare el daño que las propias Administraciones Publicas les han causado. Justicia sí, pero desgraciadamente muchas veces depende tanto de quién, dónde y cuándo... Todo sea dicho con el debido respeto a jueces, fiscales y demás autoridades civiles y eclesiásticas, que no quiero acabar como algún rapero, titiritero o el actor Willy Toledo. 

Otras realidades existen, basta ver películas como "Campeones", y mirar a nuestro alrededor, para darnos cuenta de que con más sensibilidad y una mejor aplicación de la justicia a todos nos iría mejor.