Lunes, 26 de Junio de 2017
El Tiempo

Lamentablemente la corrupción, la desigualdad, los sueldos de miseria, la pérdida de derechos sociales no son un invento del dramaturgo, es real como la vida misma y merecen la mayor de las censuras.

Hemos visto tantos políticos prometiendo lo que no pueden cumplir, que cada vez es más difícil creer que su palabra tiene algún valor; ya se sabe que la generalización es sinónimo de cometer injusticias, que ellos no vienen de otros planetas aunque a veces lo pueda parecer, y no podemos obviar nuestro grado de responsabilidad en su elección.  Ha llovido mucho desde que George Orwell  describiera de esta forma su lenguaje, "está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas, el corrupto como respetable y dar una apariencia de solidez al puro viento".

Cuando los parlamentarios se suben al estrado es como cuando los actores  se suben a la tarima, algo cambia en sus caras, se meten dentro del traje de representante político, donde ellos son los buenos, impolutos, quienes encarnan y conocen todas las necesidades de los ciudadanos. Se interpreta un papel, los actores lo aprenden, los políticos lo leen, aunque la mayoría de las veces, ellos ni lo han escrito, son textos apócrifos de asesores en la sombra, que hablan por la boca del actor, tal ventrílocuo donde sólo se ve al muñeco que sube al estrado. Lo mismo declaman a Antonio Machado, que recitan a Dickens o entonan las palabras de Quevedo como sentencias. En el reparto de papeles, en la política, hay escasos cambios, lo cierto es que son muy poco originales, se puede resumir en que los del Gobierno manifiestan que todo va bien, un mundo ideal donde el paraíso está muy cerca, y la oposición que todo va mal, e irá a peor, y así ha sido desde la noche de los tiempos. 

Son textos apócrifos de asesores en la sombra, que hablan por la boca del actor, tal ventrílocuo donde sólo se ve al muñeco que sube al estrado.

Ver la cara de sorpresa del Presidente del Gobierno cuando Irene Montero recita la letanía de casos de corrupción de su partido es digna del mejor actor, como si él  no los conociera, siendo compañeros del alma y amigos de mil batallas y campañas. Otros hacen una adaptación de la historia según su interés, y no se han remontado a Lucy la australopithecus porque no tienen muy seguro su tendencia política, aunque no les minusvaloremos, siempre la pueden inventar. El Presidente está curtido en mil batallas y se nota, su retranca le salva de muchas situaciones comprometidas,  pero ante la realidad, el que la disfraza, la intenta tapar y ocultar  simplemente está faltando a la verdad, que es una buena definición de mentir. Por su parte, el Candidato ha mejorado mucho en las formas y en el fondo, el tiempo y los electores dirán donde lo colocan, otra cosa es si era el momento oportuno para presentar esta moción, con siete meses de legislatura, nuevos y relucientes presupuestos, y siendo el tercer partido de la cámara, algo inédito .

Luego están los actores secundarios buscando su momento de gloria, intentando demostrar que Teruel también existe. No es fácil su papel cuando los focos están mirando al de la coleta y al de la barba, que esta vez tienen patente de corso y  pueden intervenir cuando les venga en gana. José Luis Ábalos, se estrenaba como portavoz socialista y lo cierto es que dio la impresión de tener muchas tablas, fue una las mayores sorpresas de esta moción de censura, falta le hace a su partido ante la encrucijada de caminos en la que se encuentra. Sobresalió Irene Montero con su duro discurso, que dibujó la corrupción que nos invade con todo detalle. Albert Rivera es como la eterna promesa, pero su luz puede irse apagando si no da el salto. Los portavoces nacionalistas a lo suyo que corren tiempos complicados y horizontes inciertos, y la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas se hizo un hueco donde nadie la esperaba, concluyendo su intervención con parte de la letra de la canción "Puro teatro":  Lo tuyo es puro teatro  / Igual que en un escenario / Finges tu dolor barato / Falsedad bien ensayada  /Estudiado simulacro / Perdona que no te crea / Me parece que es teatro.

Ahora que recordamos los 40 años de las primeras elecciones da pena que nuestros responsables sigan todavía instalados en el "y tú más", y poco más...

Ahora bien, si hay un actorazo en el Congreso es Rafael Hernando, portavoz del Grupo Popular, su tono de voz que siendo de Guadalajara y diputado por Almería suena a chulo o pijo de Chamberí, su pose de Armani,  sobre todo esa segunda intención, donde hurgar en la herida es para él todo un placer, y si no hay herida pues la hace. Digno sucesor de Alfonso Guerra y Álvarez Cascos,  que lo mismo te canta las cuarenta que hace varios arrenuncios, o unos cuantos micromachismos. Refería hace años la dirigente política más importante de la derecha inglesa  "Siempre me animo enormemente si un ataque es particularmente hiriente porque creo que, bueno, si me atacan personalmente, significa que no tienen ni un solo argumento político".

Ahora que recordamos los 40 años de las primeras elecciones, después de otros 40 años de oscuridad total democrática en el antiguo régimen del dictador, da pena que nuestros responsables sigan todavía instalados en el "y tú más", y poco más... Escuchar que ha ganado quien  apenas ha obtenido el 25% de los votos no es muy realista, pero lo que es incompresible es que quien tiene una situación tan dura en su partido, con tantos exmilitantes, exministros, expresidentes de CC.AA. extesoreros condenados, desde luego no está como para sacar pecho. 

La función se acaba, se escuchan los aplausos de los diputados, todos se sienten ganadores, uno recuerda lo que decía Pío Cabanillas padre "hemos ganado, no sé quien, pero hemos ganado". Todos sonríen, creen o hacen como que han cumplido, pero ¡qué alguien nos diga que nueva norma o medida se ha aprobado en beneficio de los ciudadanos!. Se dispara tanto con pólvora del Rey, que recuerda aquello de  "la política es un cuento contado por un idiota, lleno de rabia y furia, que no significa nada". Se echa el telón y  los actores se siguen aplaudiendo como parte de la misma obra. Lamentablemente la corrupción, la desigualdad, los sueldos de miseria, la pérdida de derechos sociales no son un invento del dramaturgo, es real como la vida misma y merecen la mayor de las censuras.