Jueves, 22 de Febrero de 2018
El Tiempo

De un tiempo a esta parte, esta presunción se la pasan por el forro de sus caprichos demasiados "jueces" improvisados de la tecla fácil.

Todos tenemos mucha prisa, y tan poco tiempo, que el mundo parece girar cada vez más rápidamente, y las horas son de 45 minutos. Por ello, todo lo que sea acortar el tiempo de atención está bien visto, a veces es aquello de resúmeme «Guerra y paz» en medio folio, con esa lectura alguno ya se cree un experto en la materia, y si te descuidas se lo explicaría al mismo Tolstói. Algo parecido pasa con la actualidad, la situación más compleja, se resume en un tuit de los antiguos, de 140 caracteres, en el mismo se puede acusar, juzgar y condenar con toda tranquilidad y sobran caracteres.

Reducir, resumir a veces es necesario, pero cuando un proceso genera 700.000 folios, con cerca de 200 imputados, más de un lustro de instrucción trabajando expertos, peritos, abogados, fiscales, jueces, e incluso ellos manifiestan sus dudas, para que luego venga el cuñado, el enterado, o el tertuliano que pasaba por allí, y en dos minutos te dé la sentencia, eso sí, con un seguridad pasmosa. Qué torpes somos los demás, cuánto tiempo y recursos nos podíamos ahorrar. En fin, hay gente "pa tó", demasiados se tiran a la piscina sin mirar si hay agua, o cómo está de contaminada la misma.

En muchos casos se ha cambiado el presunto inocente por presunto culpable, o culpable sin presunto

La presunción de inocencia es uno de los pilares básicos del sistema penal en cualquier Estado democrático, reconocida en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (1948), el artículo 11.1 establece: "toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad"; en el Convenio Europeo de Derechos Humanos (1950); en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966)... y en nuestra Constitución en su artículo 24.2. La presunción de inocencia es una protección esencial para que no se cometan injusticias que luego pueden ser irreparables. De un tiempo a esta parte, esta presunción se la pasan por el forro de sus caprichos demasiados "jueces" improvisados de la tecla fácil. A veces los derechos pueden pasar a ser hermosos textos literarios, sin aplicación positiva. Es cierto, no hemos llegado a ese extremo y esperemos que nunca lleguemos al mismo, aunque si es preocupante la vulneración de este principio rector del derecho. En muchos casos se ha cambiado el presunto inocente por presunto culpable, o culpable sin presunto. Recordando a Montesquieu "cuando la inocencia de los ciudadanos no está asegurada, tampoco lo está su libertad", y a Cesare Bonesana "un hombre no puede ser llamado reo antes de la sentencia del juez".

Las redes sociales han ampliado el eco de nuestras impresiones, declaraciones, opiniones y juicios, antes quedaban en un grupo de amigos, pero ahora llega a cientos de miles de personas en pocos minutos, y esa repercusión cuando afecta a temas que pueden ser graves con acusaciones de posibles delitos hace que haya un campo a la impunidad. Muchas son las veces que esas acusaciones se valen del anonimato, para desde la oscuridad de la red lanzar el dardo envenenado. Ahora se dice "te están hateando". Están acusando,  sea verdad o mentira, no importa, se mueven más por simpatías, fobias y filias del personal. Las injurias y las calumnias pueden correr tranquilamente por un espacio donde parece que la justicia y los legisladores tienen un profundo desconocimiento o miedo a entrar.

Las injurias y las calumnias pueden correr tranquilamente por un espacio donde parece que la justicia y los legisladores tienen un profundo desconocimiento

La condena en la red es perpetua, siempre deja huella, aunque seas absuelto, ya está grabada y destruida la cultura de la inocencia. Por mucho que se hable del derecho al olvido, de quien se han olvidado es de la presunción de inocencia. Aquí no se trata de recortar ninguna libertad, todo lo contrario se trata de garantizar la misma, que la Comunidad tenga unas normas básicas claras, aunque sean en un inicio sólo principios rectores, dada la materia y el campo en que se mueve, tendrían mucho que ver con el Derecho Internacional, el delito se puede estar cometiendo en cualquier parte del mundo. Siempre se nos puede decir que ya existen, que ya se ha legislado sobre la materia,  pero si el legislador casi siempre ha ido detrás del delito, en este campo es que ni sabe dónde está el posible infractor.

Actualmente hay fenómenos sociales que trascienden el marco nacional, y si bien Naciones Unidas reconoce un catálogo, clasificación e ideas reguladoras sobre el acceso a internet, la pornografía infantil, el acceso al correo electrónico..., el avance de los ciberdelitos, y las transgresiones del derecho en la red hacen necesario unos principios rectores para este mundo globalizado. Siempre se estuvo confabulando sobre la necesidad de una Constitución Universal, lamentablemente, y como en tantas ocasiones en la vida, eso se realizará si los poderosos ven peligrar su poder, con ataques a multinacionales, a la seguridad de los Estados, a los mercados...

La lucha entre la libertad de expresión y la injuria o calumnia es una frontera muy fina, donde los que tienen poder mueven esa línea según su conveniencia

Pocas veces reflexionan estos francotiradores de las redes, que quien está realizando el ilícito es quien lo imputa falsamente. Ahora bien, también hay quien se pone el escudo de la legalidad para no asumir sus responsabilidades, y utiliza la misma como los "clínex" de usar y tirar, todo con mesura. La lucha entre la libertad de expresión y la injuria o calumnia es una frontera muy fina, donde los que tienen poder mueven esa línea según su conveniencia. El abuso del derecho y la desigualdad ante la justicia, la prisión preventiva o el pago por adelantado de la pena, siguen siendo asignaturas pendientes en nuestro marco normativo.

Daría para mucho debate la imparcialidad del que juzga, de sus gustos, creencias, influencias... las posturas totalmente cerradas, las ideas, o ideologías de una sola dirección, los del ojo tuerto y la viga en el propio. Cómo se echa de menos la pluralidad y la tolerancia con dosis de paciencia, que no se condene a golpe de vista, antes se decía que todos tenemos un seleccionador dentro.  Ahora la presunción de inocencia corre peligro, somos demasiados los que tenemos vocación de juez, en el ágora global, sin que nadie se lo haya pedido.