Domingo, 17 de Diciembre de 2017
El Tiempo

Los alcalducos leales

Son estos cargos públicos los que más ruido están haciendo en contra de Buruaga; pidiendo su suspensión cautelar.

La primavera del 17 será recordada por la ruptura del PP de Cantabria. El que fuera partido o socio de gobierno en 6 de las 9 legislaturas del parlamento autonómico, da muestras de un profundo agotamiento interno y desgaste.

Si bien Ignacio Diego logró una mayoría absoluta que le permitió gobernar Cantabria durante 4 años, su gestión y la aplicación de numerosos recortes, llevaron a que en 2015 el PP perdiera no solo el Gobierno, sino que se dejara por el camino 50.000 votos y 7 escaños. Lo que para cualquier otro hubiera significado una dimisión inmediata, para el expresidente no y decidió mantener su acta de diputado.

Dos años después y con un calendario retrasado por las citas electorales generales y el atasco político vivido con un ejecutivo central en funciones, el PP de Cantabria se enfrentaba a su Congreso Regional con dos candidaturas. Por un lado la reelección de Ignacio Diego y por otro, la elección de una nueva vía encabezada por la que hasta entonces había sido su número dos; María José Sáenz de Buruaga.

Uno de los militantes denunció las irregularidades que dijo haber visto, pero el juez finalmente archivó la causa

Los militantes hablaron primero y se inclinaron a favor de Ignacio Diego, pero con un resultado tan ajustado, que se tuvo que cumplir con el requisito interno de celebrar una segunda vuelta en la que debían votar solo los compromisarios. Y es entonces cuando por un margen de 4 votos, María José Sáenz de Buruaga se alzó con la Presidencia del PP de Cantabria; un partido roto a la mitad. Los nubarrones del Congreso acababan de chocar de lleno, todo se puso negro y empezó a tronar.

Enseguida una facción de alcaldes rurales, algún exconsejero y exalto cargo del ejecutivo de Diego, parlamentarios y varios militantes, se unieron para analizar lo ocurrido y desde el minuto uno pedir una investigación de lo ocurrido en el Congreso. Uno de los militantes denunció las irregularidades que dijo haber visto, pero el juez finalmente archivó la causa.

El cruce de acusaciones y las acciones de ambos bandos no han cesado en las últimas semanas. El PP de Limpias en bloque se daba de baja en el partido, creaba uno nuevo y reconvertía el grupo municipal y su página de facebook en un nuevo partido llamado “Limpias y seña”. Mientras tanto, Buruaga abrazada por el partido nacional y de la mano del Ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, consolidaba su legitimidad dentro y fuera del partido. En un intento por calmar los ánimos, ha iniciado un proceso de reconciliación interna y ha mostrado su voluntad de visitar a todas las agrupaciones dando la cara, explicando su proyecto y sumando.

Pero los opositores de Buruaga han seguido con su ofensiva y aunque se consideran dieguistas, el expresidente en ningún momento les ha apoyado públicamente y se mantiene en un segundo plano como si la cosa no fuera con él. Esperando a ver qué pasa. Son los que Diego llamaba cariñosamente “sus alcalducos”, los que están dando la cara por él. Aquellos que más le deben; los que no recibieron ninguna amonestación por quedarse con la lotería premiada, los que contratan a dedo sin concurso público, los que recibieron subvenciones para contratar a miles de personas en vísperas de las elecciones y cuyos contratos se evaporaron al poco de salir reelegidos. Estos “sus Alcalducos” que mantienen a medio millón de personas divididos en 102 municipios. Que cobran sueldos con dedicaciones exclusivas para regir la vida de mil habitantes. “Sus Alcalducos” que tan bien vivieron en la época de Diego y que se sentían alguien en Santander aunque nunca fueran en puestos diputables en las listas autonómicas.

Se les olvida dos reglas básicas del PP: jamás se critica al partido de puertas afuera y su poder va de arriba abajo

Son estos cargos públicos los que más ruido están haciendo en contra de Buruaga; pidiendo su suspensión cautelar, la investigación de todo el Congreso y amenazando a su propio partido con llevar la democracia interna a los tribunales.

Es curioso como estos “Sus Alcalducos” que van por las casas solicitando el voto por correo a los ancianos, que contratan antes de las elecciones haciendo aritmética elemental en función de las familias, que cambian de empresas adjudicatarias o de contratistas a placer, que invitan a cenas a colonias enteras o que tienen la desfachatez de ir el mismo día de las elecciones con el censo a localizar a aquellas personas que aún no han votado para que se acerquen a los colegios a depositarles el voto, entre otras prácticas caciquiles, tengan la desfachatez de hablar o reclamar democracia interna.

El día después de que Buruaga tendiera su mano en una carta pública que llama a la unidad, el frente opositor que ahora se hace llamar “Lealtad Popular” y que amenaza con convertir la plataforma en un nuevo UPCA, marchó a Génova en un autobús y en una escena digna de las mejores películas de Paco Martínez Soria, se bajaron ante la imponente sede nacional de su partido en Madrid y entraron a entregar sus reclamaciones. Nadie les recibió. A pesar de ser día laboral, el desplante de su propio partido fue absoluto. Tuvo que ser el jefe de seguridad el que se acercara a recogerles el escrito y ponerlo “en tránsito”. Mientras esto sucedía, los senadores del PP de Cantabria eran llamados a cerrar filas alrededor de Buruaga y la grotesca escena de Génova parecía ser la respuesta rajoyana que van a recibir los alcalducos leales a Diego; ninguna.

Y es que se les olvida dos reglas básicas del PP, el partido en el que militan y que han construido (o destruido) con sus tejemanejes y su forma de entender la política. En primer lugar, jamás se critica al partido de puertas afuera; si hay algo que depurar o cambiar, se debate a puerta cerrada y se arregla dentro. Siempre los trapos sucios se lavan en casa. En segundo lugar, se trata de un partido presidencialista cuyo poder va de arriba abajo; el poder y las decisiones.

Los Alcalducos Leales se han ofrecido a representar un papel protagonista en esta campaña, a través de filtraciones a la prensa, entrevistas en la radio o sumando su imagen a todas las fotos, acciones e iniciativas en contra de la elección de Buruaga. Y este es un órdago con el que se la juegan dentro de su partido. Si como todo parece indicar, este movimiento opositor se queda en nada, solo tendrán dos salidas; escindirse del PP creando un nuevo partido o confiar que Buruaga a través de su Comité Electoral Regional, tenga a bien confirmar sus candidaturas cuando las Juntas Electorales envíen a Santander su propuestas de números uno. 

Buruaga por su parte tiene dos opciones; olvidar en la medida de lo posible todo el daño causado a su partido y a su persona por estos Alcalducos y en un acto de generosidad volver a confirmarles en sus cargos para las elecciones de 2019 o dar un golpe en la mesa, rechazar a estos candidatos y usar el instrumento preferido por cualquier partido presidencialista; el dedazo.

Sea lo que fuere el karma democrático siempre vuelve y cuando uno usa unas prácticas cuestionables, no debe sorprenderse si las cosas no salen como pensaba. La historia siempre se repetirá en la medida en que no haya leyes que obliguen a los partidos en todos sus niveles a respetar primarias, democracia interna, limitación de mandatos y sobre todo, transparencia.