Sábado, 26 de Mayo de 2018
El Tiempo

A pesar de las importantes transformaciones, hoy las mujeres nos vemos obligadas a seguir demandando respeto por nuestros derechos y por nuestra propia vida.

Desde que en el siglo pasado, en 1908, las mujeres socialistas de EEUU convocaron el primer  "Women’s Day", (Día de la mujer), por el derecho de las mujeres al voto, los avances en el mundo más desarrollado, desde un punto de vista económico y social han sido espectaculares. 

Las mujeres hemos visto en los últimos años importantes transformaciones en nuestros derechos legales, principalmente en el acceso a la educación y en nuestra participación en la vida pública. Hoy más mujeres nos representan en las instituciones políticas, más mujeres son empresarias, más niñas estudian y más mujeres pueden planificar su maternidad.

Pero a pesar de ello, hoy las mujeres nos vemos obligadas a seguir demandando respeto por nuestros derechos y por nuestra propia vida. Aún la desigualdad se manifiesta en una persistente brecha de género en nuestros sueldos, brecha de género en el acceso y permanencia en el mercado laboral, en una baja presencia de mujeres en los puestos de liderazgo en la esfera pública y en el sector empresarial, y en la terrible y continua violencia contra las mujeres en todas sus formas.

Todas las mujeres del mundo seguimos teniendo en nuestra agenda social y colectiva el alcanzar la igualdad en todos los ámbitos de la vida pública o privada

La razón es que los avances en derechos reconocidos no han ido acompañados de unas nuevas relaciones de cooperación y compromiso entre mujeres y hombres, que permitan un reparto equilibrado de las responsabilidades en la vida personal y profesional, un reparto equilibrado y equitativo de los espacios público y privado, y un nuevo discurso que impregne las instituciones, los colegios, las empresas, la economía, el medio ambiente o las políticas sociales.

Todas las mujeres del mundo seguimos teniendo en nuestra agenda social y colectiva el alcanzar la igualdad en todos los ámbitos de la vida pública o privada y demandar que las leyes hagan efectivo nuestro deseo de ser madres, o no serlo; de estudiar lo que queramos para luego poder acceder a empleos dignos y conservarlos, de cobrar lo mismo que los hombres por un trabajo de igual valor, de vivir seguras, de vivir sin miedo, en definitiva, de pisar seguras por el mundo.

Y mientras este nuevo contrato social entre hombres y mujeres llega a consolidarse; mientras la igualdad avanza muy despacio empujada por las mujeres y por algunos hombres que no nos conformamos, creo necesaria una ley de igualdad efectiva entre mujeres y hombres en Cantabria que comprometa la traducción de los derechos que legalmente ya nos fueron amparados en cambios efectivos en nuestras vidas. Desde educación, hasta empleo, pasando por la salud, el deporte, la cultura o contemplando cambios sustanciales en el propio funcionamiento de las Administraciones públicas, asumiendo el Gobierno el convertirse en una organización referente para el sector privado, promoviendo medidas de igualdad en la negociación colectiva y la implantación de planes de igualdad; contemplando medidas para impulsar una mayor presencia de mujeres liderando la gestión de lo público, impulsando la racionalización de horarios para hacerlos conciliables con la vida familiar y promoviendo la corresponsabilidad en el ámbito familiar.

Una ley que mientras llega ese nuevo contrato social empeñe todos sus esfuerzos en promover una educación en valores igualitarios y en proteger y atender a las mujeres víctimas de violencia machista y a sus hijos e hijas.

Este nuevo contrato social depende de cada una y de cada uno de nosotros. Del Gobierno que cumpla y haga cumplir las leyes, invierta en la igualdad y empodere a las mujeres; de las  empresas que ofrezcan trabajos decentes y remuneraciones iguales por trabajo de igual valor, pasando por los padres y las madres que enseñen a sus hijos o hijas que todos los seres humanos tienen que ser respetados en su diversidad.