Domingo, 27 de Mayo de 2018
El Tiempo

A este señor, y a otros tan ligeros como él, habría que ponerles a vivir cada mes del año con esos pensionistas a los que pretende corregir la vida. Y luego, tras desayunar con achicoria, comer borraja y cenar un huevo cocido que se ratifiquen en la estupidez o la rectifiquen.

Si la indecencia cotizara en bolsa en España habría miles de ricos más ricos de lo que son. No todo el que luce ‘colorao’ tiene el cuello en dirección a sus intereses y únicamente a ellos. Sólo digo que el poder, más el bolsillo pesado, más el carguito ayudan a menudo a soltar la lengua por encima de la categoría del cerebro. Y siempre que la pasión priva el sentido la estupidez gana la liga. En este país el número de ‘tontás’ desde puestos de responsabilidad es directamente proporcional al desconocimiento: la ignorancia es la madre del atrevimiento. Lo que sucede es que no es lo mismo un tontaina voceando en un páramo que otro que lo hace en todos los medios de comunicación, porque a aquello que expele se le supone trascendencia aunque en realidad debiera tener el mismo peso en el devenir de la sociedad que el de una pulgada de algodón. Y el algodón no engaña.

En este país el número de ‘tontás’ desde puestos de responsabilidad es directamente proporcional al desconocimiento

El sandunguero gobernador del Banco de España, en la creencia de que quizá haya podido recibir, aunque sea de refilón, el toque de Midas, se ha permitido afirmar que en la cuantía de las pensiones no se valora si los jubilados tienen piso en propiedad. Porque no es lo mismo –aduce- pagar 500 euros de un alquiler que cien de comunidad (no ha dicho nada sobre su situación personal y el impacto que la misma podría tener en el sueldo que percibe todos los meses y que, en comparación con el de un ‘jubileta’, sería tan perverso como permitirse un símil entre un Masetari y un 600).

Si el argumentario en el entorno de la revalorización de las pensiones es tanto más lerdo cuanto más cara es la copa de vino de quien hace las declaraciones, todo será mucho más estrafalario de lo que ya es. A este señor, y a otros tan ligeros como él, habría que ponerles a vivir cada mes del año con esos pensionistas a los que pretende corregir la vida. Y luego, tras desayunar con achicoria, comer borraja y cenar un huevo cocido que se ratifiquen en la estupidez o la rectifiquen. Sólo la ineptitud convive de maravilla con la ingratitud. Debiéramos besar por donde pasan quienes fatigaron para alumbrar esta España. Y no escupirles de manera continua: el jodido lapo no sólo de esa ingratitud, también de la indecencia.