Viernes 20.07.2018

El buqué de Iniesta se va a China

Iniesta, don Andrés, que tiene fútbol y magisterio para regalar, ha de dejar la primera línea del balompié porque la edad no perdona, el tiempo pasa y se le hace difícil competir contra maquinarias más jóvenes y competitivas, aseguran los comentaristas de élite, más o menos sabios.

“¡Iniesta de mi vida!”, exclamó el bravo Camacho metido a comentarista poco después de que el mago de Fuentealbilla diera a España su primer Mundial de fútbol tras el famoso zapatazo con la derecha en el verde prado sudafricano. Iniesta forma parte de la vida de cualquier español, porque con su disparo cruzado deshojó los tulipanes más espinosos, llevó la felicidad a millones de corazones y consiguió liberar por unas horas a mucha gente de las penurias habituales. Es el jugador que hace poesía del balompié, que abre su repertorio como si fuera un libro verso a verso, y que después, sentado frente al mundo que le escucha, hace ver que no ha hecho nada. Sólo los genios se comportan así.

Dicen los que juzgan situaciones que tras la final de Copa a Iniesta le quedan un par de telediarios en España, que hará las maletas y mostrará sus delicatessen en China, donde además piensa vender un par de millones de botellas de su vino manchego. Será entonces por algún tiempo el Iniesta de la vida de millones de chinos, que beberán tinto de Albacete, comerán queso y, supongo, se regatearán a sí mismos tratando de emular lo que no tiene réplica.

Como el sentimiento no unce con el conocimiento sí diré que lamento que pueda abandonar el fútbol español el jugador por antonomasia

Andrés, bajo la neblina oriental. Quizá más triste que un torero al otro lado del telón de acero. Iniesta, don Andrés, que tiene fútbol y magisterio para regalar, ha de dejar la primera línea del balompié porque la edad no perdona, el tiempo pasa y se le hace difícil competir contra maquinarias más jóvenes y competitivas, aseguran los comentaristas de élite, más o menos sabios. Yo en el Wanda vi otra cosa, pero ni comento desde la élite ni puedo saber acerca de los demás lo que en ocasiones no sé ni de mí mismo.

Sobre el futuro del mago sólo sé que no sé nada. Manifiesto lo que dicen quienes aseguran estar en posesión de los pelos de la burra. Ahora bien: como el sentimiento no unce con el conocimiento sí diré que lamento que pueda abandonar el fútbol español el jugador por antonomasia. Sea para jugar al fútbol, vender caldo o pasear por la muralla china. Porque cuando Iniesta salta al campo lo pisa un poeta. Perdón, lo acaricia. Y llorará otra vez la pelota, como cuando desistió Zidane. Otro artista de la métrica.

El buqué de Iniesta se va a China
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