Sábado, 21 de Abril de 2018
El Tiempo

Si usted es político, aunque sea megalítico, ponga en su vida una moción de censura. Da igual si la presenta o la sufre: tiene el éxito asegurado, al menos de los suyos.

Los políticos cosen sus heridas en el Congreso. Zurcen argumentos, que es como retorcer ramas de roble. Por eso la moción de censura es el más puro onanismo parlamentario: una satisfacción privada para cualquier grupo, hablar por hablar durante horas para llegar a ninguna parte. Un desahogo, un verso de pipiolo; la crítica de la emoción pura: emoción de sutura.

Si usted es político, aunque sea megalítico, ponga en su vida una moción de censura. Da igual si la presenta o la sufre: tiene el éxito asegurado, al menos de los suyos. Le aplaudirán, le atusarán el traje, vanagloriarán sus argumentos. Todo servirá para coser lo descosido. Dos días de parlamentarismo para alumbrar el desierto; luces cortas en la carretera de la mentira: las patrañas de todos, sin excepción. A nadie se le ha ocurrido aún poner, durante el pleno, una cinta con los sonidos de la campaña electoral. Quizá es que no haya suficiente cuerda para suturar la hemeroteca sin anestesia.

La moción de censura contra Rajoy no llegó a soplamocos

La moción de censura contra Rajoy no llegó a soplamocos. El censurado sale con el pecho entero y al viento, quien aspiraba a sucederle –el candidato Iglesias- se enredó una vez más en un combate tosco y nulo con Rivera, éste desaprovechó la ocasión de quitarse la polilla de la derecha y, en el colmo del absurdo, quienes persiguen despedazar España apoyaron a quien pretendía liderarla (en el río revuelto aparecen siempre pescadores de rostro duro a cobrarse la pieza). Rajoy, indemne, ganó. Y Pedro Sánchez, que no estaba, también. 

Luego está Rafa Hernando, el Hernando del PP, que metió la pata hasta el corvejón al mencionar la relación personal entre Pablo Iglesias e Irene Montero. Lo quiso hacer de manera sutil, sucinta (de graciosillo), pero sólo consiguió ser una vez más el elefante villano en la cacharrería del Congreso.

Quédense con lo que quieran o arrójenlo todo a la basura. Pero no se vayan muy lejos: ya hay quien amenaza con otra probable emoción de sutura antes de navidades. Para empezar el año con otro pie. Lo siento por quienes deben transcribir todos los discursos (previsibles y aburridos), porque usted siempre tiene la posibilidad de apagar la tele y meterse en un horaco.