Miércoles, 26 de Julio de 2017
El Tiempo

Un montón de puñeteras lentejas. Muy buenas para ir al baño y defecarlo todo.

Después de tanto chorizo, tantas declaraciones con sabor a tocino rancio; después de que el pimiento murciano repita más que una buena ración de chistorra, después de que la mayoría haya huido de las alcachofas como si las empuñara algún protagonista de ‘The walking dead’, después de algunas declaraciones que sonaron a la ventosidad propia de una garbanzada, después de poner sobre la mesa no pocas raciones de cerdo (cochinillo si se quiere), después de recetar para los demás habas duras con patatas como piedras mientras prescribían raciones grandiosas de langosta para ellos mismos…

Después de que la mermelada mutara en ‘mierdahelada’ y el té de las cinco contuviera la perversa realidad que esconde la frase ‘cuando pueda te la hinco’

Después de que el desayuno con diamantes llevara como zumo un buen vaso de vinagre, después del champán del año 15 y los cuatro años de orina embotellada para la gente, después de que la caña de canela fuera bilis para la calaña, después de dividir los panes y los peces hasta convertirlos en decimales, después de robar tantos labios para no tener ni siquiera que dejar a la plebe con la miel en ellos, después de repetirnos tantas veces ‘si no te gusta le echas azúcar’, después de sugerir que el caldo de pollo vale para el depósito de la gasolina, después de tratarnos como zoquetes porque alguien les dijo que el término podría servir como sinónimo de trozo de pan…

Después de prometer la gallina de los huevos de oro y poner el zorro a cuidarla, después de comprometer la vid y escribirla con zeta, después de plantar puerros y que de la tierra nacieran hierros, después de decorar con boñiga la olla medio llena de leche, después de convertir la torta en tortas y la ensaimada en bofetada, después de las campañas a favor del agua corriente en ausencia de cuenta corriente, después de que la naranja mecánica bateara el postre de tantos hogares, después de que la mermelada mutara en ‘mierdahelada’ y el té de las cinco contuviera la perversa realidad que esconde la frase ‘cuando pueda te la hinco’…

Después de todo, el pacto de gobierno eran lentejas. Un montón de puñeteras lentejas. Muy buenas para ir al baño y defecarlo todo.