Sábado, 21 de Abril de 2018
El Tiempo

Dijo el honorable fugado que a la Cataluña fulgurante le tocaría el Gordo de la Independencia. Lo cuantificó en bienestar, progreso y bendiciones europeas. Nada de eso ha sucedido. La realidad es que, mientras el expresident hace crónicas de sí mismo desde Bruselas, un buen número de empresas abandona la comunidad autónoma con destino Madrid, Aragón, Valencia o Baleares. La lotería ha tocado a otros: a los catalanes, desde luego que no.

En lugar de arreglar el panorama Puigdemont da la matraca diaria en el holograma

La declaración de independencia –que venía con freno de mano y marcha atrás implícito, pero de eso el ciudadano ni idea- ha dejado a una parte de la economía en una creciente odisea en el espacio 3.004. Es el número de empresas que han dejado Cataluña a la hora de escribir este artículo (mediodía del jueves, 14 de diciembre). El goteo es imparable, a lo que hay que unir el temor a que después del 21 de diciembre la situación vuelva a la casilla de salida –inseguridad jurídica y crisis social– y el sentimiento anticatalanista de una parte de los españoles que ha decidido no comprar productos catalanes esta Navidad. Los sondeos en ese sentido apuntan a un 23%.

Puigdemont ha protagonizado la gracia del ascensor: expelió del vientre y se apeó en el tercero. Mientras tanto, el elevador va en caída libre, sin ambientador y con la empresa que debía detenerlo, fuera de Cataluña. Las redes sociales y la tecnología de la información permiten asistir casi a diario a las letanías y boutades del candidato a la fuga, que abunda siempre en lo mismo, pero que, tras liderar el problema, no ofrece solución acerca de la realidad vital o empresarial de los que hasta ahora eran sus conciudadanos (hoy lo es cualquier vecino de la mal llamada capital de Europa).

En lugar de arreglar el panorama, o al menos intentarlo, Puigdemont da la matraca diaria en el holograma. Es la primera vez que un candidato virtual puede ganar unas elecciones: sin pisar un mercado, sin ofrecer un helado. Aunque para fríos, los catalanes. El congelador sigue en el montacargas, y éste hacia el centro de la tierra, donde ya no se ve el sol ni hay luz.