Sábado, 23 de Septiembre de 2017
El Tiempo

Tras un doble archivo por parte de los juzgados los delfines de Diego presentan otro recurso, mientras Génova, por boca de Maíllo, avala otra vez a Buruaga. Dicen -los críticos- que quieren el bien del PP. Si persiguieran el mal no podrían hacerlo mejor.

Hubo un día en que todo giró en el PP de Cantabria: cuando Diego pasó de pisar los puros de Revilla a designar unos cuantos camareros para servirle las langostas (al purriego). Sería labor de Peter Falk datar, precisar e incluso peritar esa fecha, pero Colombo hace tiempo que dejó la serie y la vida. Diego gobernó al revés y de revés, jamás conectó una derecha (drive, llaman en Wimbledon) y ahora, annus (horribilis) después, tapona por activa, por pasiva o por la transitiva cualquier atisbo de recuperación en Cantabria del que aún es su partido. Y lo que es peor: aunque triunfaran los suyos (en la ristra morcillera de recursos) el daño está ya hecho. Y quizá sea irreparable.

El PP cántabro necesitaba un giro drástico en el rumbo: cambiar la faz principal y parte del equipo

Es por ello que Revilla, sabedor de que tiene un buen racimo de camareros del PP a su servicio (los que impiden la lógica de la transición en el partido todavía más votado en Cantabria) no deja de lanzar una teoría allá por donde va que, además de una gran dosis de pasión regionalista, tiene una base cierta: la implosión del PP beneficia de tal manera al PRC que el regionalismo podría ser el partido más votado en 2019. “Somos imparables”, ha dicho el de Polaciones a los suyos en el último cónclave, apoyado sin duda en dos certezas: que la presidencia de Cantabria da un plus (a no ser que la ostente Diego; entonces es al contrario como ya se demostró) y que la descomposición del enemigo beneficiará sobre todo al que viene a su rebufo. Y el PRC ya estuvo a punto de ganar a los populares hace dos años.

El PP cántabro necesitaba un giro drástico en el rumbo: cambiar la faz principal y parte del equipo. Que la gente (ésa que vota y bota) viera que la seriedad del partido más avalado en Cantabria no se corresponde con arrancar carteles en Sierrallana, desconsiderar a los obreros de Sniace, parapetarse tras el individualismo y la ausencia de diálogo hacia el exterior o celebrar la Feria de Abril zapateando sobre los cigarros del contrincante. Y así debieron verlo quienes tenían y tienen la palabra en la formación de la Gaviota al provocar un cambio más que razonable.

Tras un doble archivo por parte de los juzgados los delfines de Diego presentan otro recurso (y así podrían llegar a mil), mientras Génova, por boca de Maíllo, avala otra vez a Buruaga. Dicen -los críticos- que quieren el bien del PP. Si persiguieran el mal no podrían hacerlo mejor. En eso, un 10.