Domingo, 26 de Febrero de 2017
El Tiempo

Hoy en día ya ni estudiar se puede sin que medie una talegada con cláusula malvada.

Hace tiempo que la reforma laboral metió a los currantes en una montaña rusa perversa, injusta y adusta: ahora trabajas, luego no; ahora cobras 500, en unos meses 450 (nunca 1.200); firmas unas horas, trabajas el triple (nunca la mitad). Una ducha escocesa que deja a los trabajadores como gatos duchados: impolutos pero enjutos, con la piel más seca que una fregona que lleva 15 días retorcida en el cubo, con el pelo erizado como escarpias. Con la letra pequeña de la citada reforma le venden a usted un secador (no se queje, el Gobierno piensa en todo y lo tiene muy estudiado): el problema es que el artilugio escupe canicas de acero contra las abolladas cabezas de la pobre gente.

En Europa han bendecido la reforma española. A Bruselas sólo le ha faltado celebrarlo con el fandango de quienes tienen la sartén por el mango. Con una rumba en la penumbra. Con una jota que suene a chota. La indecencia no comienza las frases con el sujeto de la clemencia y, por eso mismo, a lo ya mencionado, se suma otra petición de garrafón: que el Ejecutivo actual, el de Rajoy, suba aún más los impuestos, a ver si los españoles salimos a la calle en plena tormenta con lo puesto… O mejor, en pelota picada, porque ya hemos demostrado con creces que en pasarlas canutas somos mejor que ilotas (o idiotas, tanto monta).

Debe ser tan divertido como diabólico pulsar una tecla en el corazón de Europa para decidir cuánto y cómo han de sufrir los vecinos de La Albericia

Debe ser tan divertido como diabólico pulsar una tecla en el corazón de Europa para decidir cuánto y cómo han de sufrir los vecinos de La Albericia, los de Vallecas, los de las Tres Mil Viviendas o los de La Mina. Estas decisiones, y otras peores, las toma la pandilla del cuello blanco mientras juega a embocar con las pinzas de las langostas que van cayendo al suelo desde una mesa con cubiertos de oro, copas de Murano y servilletas del textil más vil.

Qué tiempos aquéllos del sol y sombra. Y no sólo hablo de la famosa copa española (que también; claro que ahora no hay quien la apoquine), sino del caluroso esfuerzo pagado como Dios manda al que seguía el resuello de un descanso bien ganado. Hoy en día ya ni estudiar se puede sin que medie una talegada con cláusula malvada. Lo malo es que el libro de instrucciones de la Comisión Europea no tiene ningún punto para bajarse de esta montaña rusa insulsa y chusca. Sólo dejan un camino: vivir de la pensión de los abuelos para, ya en el otro mundo, pedir caridad a nuestros bisabuelos.