Jueves, 23 de Noviembre de 2017
El Tiempo

Hacia dónde vamos

Hoy en día la mayoría de la gente es fría, calculadora, egoísta y no mira más que lo suyo; debe haber unión y sensatez  para que no nos desgasten y caigamos en un pozo que no nos podamos levantar.

No entiendo este mundo de Norte a Sur y de Este a Oeste. Estamos sumidos en un caparazón difícilmente asequible, en el cual cada uno cree tener razones suficientes para poder discernir entre lo bueno y lo malo, lo importante y lo que no, y lo justiciable y lo no justiciable; eso es importante pero con ciertos límites. Empezando:

La política y los políticos: está caduca, sobran muchos. Tienen que cambiar de métodos y de pensamientos; se les ha votado para que trabajen realidades, no sentados en un sillón ya sea en el Congreso o en el Senado (por cierto, a ver si de una ve eliminan el Senado), y votar sí o no, cuando lo manda el partido, sin ningún tipo de responsabilidad. Deben bajar a la realidad y luchar , ver los problemas que tienen los ciudadanos de todo tipo de clases: su vida, su economía, sus trabajos, sus familias; así comprenderán su problemática y actuarán en consecuencia.

Los empresarios: son necesarios; hay que protegerlos, pero también estar expectantes con ellos. Deben ser exigentes, pero a la vez flexibles en ciertos momentos con el trabajador; motivarles con  formación, escucharles, tratarles con respeto y dignidad , ayudarles en lo económico y preocuparse por su familia, que es lo más grande que tienen.

Los banqueros y su estirpe: controlarlos a más no poder con leyes y argumentos necesarios por parte de los gobiernos para que no cometan engaños y fraudes al ciudadano, y también supervisar por parte de organismos dependientes del Gobierno esas ganancias al final del año, que no se saben si son reales, maquilladas o de dónde salen.

La Iglesia: debe ser protegida, controlada y también diversa; saber sus directrices, sus propósitos, y no salirse de su función, que es solamente social: ayudar a aquel que lo quiera o lo necesite espiritual y socialmente.

La Justicia: no funciona adecuadamente (es lenta e ineficiente), y así lo asume todo el mundo. No se tiene estadísticas fiables sobre la realidad de la Justicia. Error del Ministerio de Justicia que incluyó 20 jueces cada 100.000 habitantes, dos años después cuando el Gobierno mandó las estadísticas al Consejo Europeo eran diez jueces cada 100.000 habitantes. No funciona mal porque se invierte poco, al contrario, cuanto más se ha invertido, peor ha funcionado y ¿Por qué? Se ha gastado en objetivos equivocados. No se ha conseguido disminuir la litigiosidad, que es mayor que la media europea: en consecuencia el número de asuntos pendientes. Un Estado bien organizado necesita menos Justicia. En España, en sentido contrario, se usa la Justicia como remedio ante el fracaso generalizado de la Administración y la Sociedad. Para que funcione bien tiene que tener: mismos criterios –objetivos comunes–, que no haya colapso persistente y que no haya deterioro generalizado que provoca la insatisfacción de todos.

Los ciudadanos: deben ser tolerantes, dialogantes, que haya unidad y por encima de todo ser honestos consigo mismo y con los demás. Si queremos crear una sociedad justa y equitativa debe ser así. Hoy en día la mayoría de la gente es fría, calculadora, egoísta y no mira más que lo suyo; debe haber unión y sensatez  para que no nos desgasten y caigamos en un pozo que no nos podamos levantar. Debemos ser coherentes con los demás.

Como reflexión: el mundo debe ser tolerante, justo, realista, flexible y honesto.