Jueves, 24 de Mayo de 2018
El Tiempo

Carla y Juana: las dos Españas

De nuevo las dos Españas: la de Carla García y la de Juana Rivas. Carla es policía local de Santander desde el pasado 16 de agosto. Juana está fugada desde el pasado 26 de julio. A Carla le faltaban 4 centímetros para poder concurrir a las oposiciones. Le pareció discriminatorio e inició la correspondiente lucha judicial en 2013 hasta que los tribunales le dieron la razón y su 1,61 le puso al fin en pie de igualdad.

Carla ganó primero en los juzgados y después en los seis exámenes de la oposición. “Yo valgo igual o más” dejó dicho al inicio. Y tanto. Los jueces la igualaron y ella obtuvo su plaza de agente, la número 18 entre 353 aspirantes. En las pruebas físicas (trepa de cuerda, salto vertical, salto de longitud, carrera de 60 metros, carrera de 1.000 metros y natación) no solo dio la talla, sino que quedó entre los diez primeros.

Juana es víctima y victimaria. Y parece decidida a que la primera víctima mortal de su huida sea la verdad​

Juana Rivas lleva perdidos sus tres últimos litigios en tres instancias distintas: Juzgado, Audiencia Provincial y Tribunal Constitucional. Como a Juana los fallos de la judicatura le fallan, se ha llevado consigo sin preguntar a sus dos hijos y se ha convertido en la prófuga ubícua. Porque está al mismo tiempo en la casa de muchísima gente, no hay más que leer los cientos de carteles colocados en las puertas de su pueblo granadino de Maracena.

Juana es víctima y victimaria. Y parece decidida a que la primera víctima mortal de su huida sea la verdad. Antes llorosa en las televisiones, ahora risueña en un sofá clandestino, es la dudosa heroína de miles de mujeres. Ellas sabrán por qué.

Carla fue víctima y ahora es heroína. Pasó de uniformar las normas a vestir con inmensa dignidad su nuevo uniforme policial. Logró que el peso de la ley corrigiese la injusticia de su talla. Tomó medidas, estudió y entrenó y ya es la agente más famosa de Santander.

Juana, una mujer que no pierde oportunidad de perder todas sus oportunidades, alcanzó la fama porque sí. Se permite esconderse y asomarse a discreción, protegida por las suyas. Pero las suyas no son todas, sino una parte. Existen otras dos partes: un padre italiano atribulado que acude como visitante incómodo y cartel de juego sucio. Y dos criaturas de 11 y 3 años que sufren y padecen.

Por mucho que “pixelen” sus rostros infantiles, el rastro es amargo. Aunque Juana trate de borrar todos los rastros en plena  y televisada huida hacia ninguna parte. Pena de España enferma de rancio feminismo.

Me quedo con Carla. Siempre.