Jueves, 24 de Mayo de 2018
El Tiempo

Estelas de Maruri

Duende cómplice de la lírica, vivió y sintió desde 1979 la llamada a filas de esa vocación en un barrio parisino que hoy todos pronunciamos de memoria: Saint Denis.

(NUNCA PASA NADA EN SANTANDER/ Y SI PASA TODA LA CIUDAD SE ABRASA)

Lo dejó escrito en Lille, una tarde francesa cualquiera de 1963, Julio Maruri, cocinero de la más rica poesía cántabra antes que fraile. Como carmelita descalzo se hizo llamar Fray Casto del Niño Jesús, pero aquel solo fue un heterónimo pasajero. Pensemos en la talla extrema del poeta, descalzo entonces y desnudo ahora, como le sugirió Machado a todo hijo de la mar.

Maruri recibirá el 19 de febrero de 2018 la Estela de Oro de las Letras Cántabras de manos del presidente de la Sociedad de Escritores, Marino Pérez Avellaneda. Entre pitillo y pitillo, lucido y lúcido, se acerca a  los 98 años. Nacido a este lado inequívoco del Cantábrico, es también hijo adoptivo de mareas y lunas.

Tipo creciente de ingenio jamás menguante. Tras los fogones, a fuego lento, aguardó magistralmente al último hervor antes de añadirle su punto exacto de sal a cada estrofa. Su poesía le ha procurado la inmortalidad, aunque su longevidad le mantenga muy atareado escribiendo una autobiografía por fortuna inconclusa.

Acaso vive hoy tomando notas que, de trasladar a un poemario, sonarían a notas musicales, casi celestiales

La Sociedad de Escritores de Cantabria pluralizará la estela literaria del gran vate. Maruri dejó dicho que el Premio Nacional de Literatura de 1958 se lo dieron por ser fraile. Hace menos de dos años, la ciudad de Santander le dio el Premio Honorífico de las Letras. Pero no por fraile, sino por apóstol. Porque este nonagenario suma más de siete décadas de apostolado ininterrumpido de la ética y la estética. Abrazando a la madre Gramática  como arte y parte indivisible de su poesía.

Duende cómplice de la lírica, vivió y sintió desde 1979 la llamada a filas de esa vocación en un barrio parisino que hoy todos pronunciamos de memoria: Saint Denis. De allí salió encapuchado el mal que desangró París un 13 de noviembre de  2015.

Desde Francia llegó a Santander en 2005 nuestro hijo pródigo. Acaso vive hoy tomando notas que, de trasladar a un poemario, sonarían a notas musicales, casi celestiales. Así lo demuestra su otra longeva estela: la poética.