Martes, 24 de Octubre de 2017
El Tiempo

Presiones y depresiones

La presión incesante de las redes debería aparejar penas de prisión. Debería formularse ya por algún científico de talla internacional el Teorema de la Presión y la Depresión.

La actual sociedad de la comunicación genera cierta suciedad. El polvo grisáceo que ensucia la nuestra proviene de ser tan sensibles a las presiones como a las depresiones. Caminamos a toda prisa, abandonada ya la lentitud balsámica de los Pasos de Semana Santa. Pero hace lustros que nos miramos mucho más en el espejo de las redes sociales que en el del baño.

La presión de los seguidores de Instagram conduce a la depresión de quienes menos tienen. La presión de colgar una almibarada “selfie” en Whatsapp cada 14 minutos conduce a la depresión de salir feo en la foto. La presión de sacar brillo al Facebook conduce a la depresión de observar tu barbacoa familiar de Puente Arce circulando alegremente por Pakistán. La presión del “me gusta” en Twitter conduce a la depresión de comprobar que nunca suman más de 2 y siempre son de los mismos “followers”. 

Hace lustros que nos miramos mucho más en el espejo de las redes sociales que en el del baño

Debería formularse ya por algún científico de talla internacional el Teorema de la Presión y la Depresión. La presión duele, pero la depresión es una jaqueca intratable. Habíamos acordado que vivir es beber y ahora ampliamos la reflexión: vivir es comunicar. La vida privada ha pasado a convertirse en un desnudo público diario.

Reflexiones tan prescindibles como aquel ministerio de la Igualdad que inventó Zapatero en 2008 saturan el cajón sin fondo de las redes. Un cosmos virtual donde conviven melopeas de sábado noche, conferencias universitarias de Obama, penaltis fallados por la Ponferradina, incineraciones de  abuelos o atardeceres en Gandía.

La presión incesante de las redes debería aparejar penas de prisión. Aceptar más de 4 invitaciones diarias en Linkedin (no es el nombre de un pegamento, sino el de la red laboral de moda) debería ser motivo de inhabilitación. Tener 25 años y menos de tres perfiles activos en las redes penaliza más que el consumo de hachís. Acabó la Semana de Pasión. Llegan interminables semanas de presión y depresión.

Y sin poder escapar de tan perversas redes, la presión nos introduce ahora en el laberinto de Villapresente. Qué depresión.