Martes, 21 de Noviembre de 2017
El Tiempo

Qué sociedad es esta en la que es la mujer quien sale de su hogar para salvar su vida, qué dignidad puede haber en permitir que haya mujeres que tengan que vivir escondidas para poder hacer algo tan básico como vivir sin miedo, sin golpes o sin cuchilladas.

Es terrorismo. Y no afecta a unas siglas, no afecta a los cargos públicos, no afecta a los presidentes de los partidos políticos, no afecta a concejales, ni siquiera afecta a la ideología.

Es mucho más grave, es indiscriminado y afecta a las mujeres; a las madres, a los niños y niñas, a las abuelas, tías, primas, sobrinas, amigas. Afecta a una sociedad que cada vez tiembla menos por la laceración del terrorismo machista porque, por algún motivo que desconozco, hace callo ante tamaña aberración. Acostumbrados como estamos en este país a errar constantemente en el orden de prioridades de nuestras preocupaciones, como mujer, madre, hija, nieta, amiga y varias cosas más empiezo a estar muy harta de una sociedad que clama por la ilusión óptica de una bandera republicana en las camisetas que lucirán unos futbolistas majísimos y buenísimos que ganarán la intemerata por jugar al fútbol representando a un país que ha enterrado, en 13 años, a casi 900 mujeres asesinadas por violencia machista, que olvida a esos niños que vieron cómo papá mataba a mamá, o aquel que se puso encima de su mamá que acaba de tirarse por una ventana para que papá no la rematara y que yacía en el suelo porque el precio de salvar su vida fue perder la movilidad de sus piernas.

Una sociedad cuyas instituciones judiciales no son capaces de salvaguardar las vidas de las que piden ayuda no tiene derecho a considerarse avanzada

Hartas de ver cómo se arriesgan vidas inocentes dejándolas en manos de esos progenitores maltratadores sometiéndoles a esa macabra ruleta rusa de mentes perversas que disfrutan provocando dolor a sus parejas infligiendo daño a los pequeños.

Qué sociedad enferma es capaz de paralizarse si a un futbolista le condenan por estafar a la hacienda pública el dinero esencial para preservar los servicios públicos que se prestan, entre otras, a las mujeres que huyen de su hogar para salvar su vida.

Qué sociedad es esta en la que es la mujer quien sale de su hogar para salvar su vida, qué dignidad puede haber en permitir que haya mujeres que tengan que vivir escondidas para poder hacer algo tan básico como vivir sin miedo, sin golpes o sin cuchilladas.

Una sociedad cuyas instituciones judiciales no son capaces de salvaguardar las vidas de las que piden ayuda, de aquellas que acuden a la justicia anunciando con tiempo su futura muerte no tiene derecho a considerarse avanzada.

Estoy harta de un Gobierno de España que escatima medios para la lucha contra la violencia machista al tiempo que les aparecen a “los suyos” maletines llenos de billetes manchados de corrupción que fontaneros olvidadizos se dejaron en los altillos de los armarios. Harta de ver bolsos de mayor valor que las prestaciones de quienes fueron agredidas colgados de brazo de la corrupción que nos ha gobernado como si fueran los guardianes de la cueva de Ali Babá.

Harta de un país en el que la televisión pública e impúdica invita a participar a un machista repugnante que ha labrado su fama a base de juntar letras en forma de aberración contra las mujeres

Harta de ver millones y millones dilapidados en las cloacas de la indecencia mientras que hay mujeres que no tienen medios para poder sobrevivir lejos de su maltratador y deben confiar su vida a la beneficencia en esto que debería ser un estado de derechos y no de caridad.

Que ya estoy harta de ver noticias a diario y ver cómo se diluyen con el siguiente asesinato como si un clavo sacara otro clavo del corazón.

Harta de un país en el que la televisión pública e impúdica invita a participar a un machista repugnante que ha labrado su fama a base de juntar letras en forma de aberración contra las mujeres y que es invitado para hablar sobre el acoso sexual y discrepar de la Ley Integral de Violencia de Género. A lo mejor es que la indolencia de Carlos Herrera marida a la perfección con la indecencia de Salvador Sostres, pero cuando se hace en horario de prime time en la televisión pública que pagamos todas con nuestros impuestos, y al día siguiente no han sido extirpados de la misma como se extirparía un tumor, es que tenemos un problema como país.

Y, compañeros de profesión, no mueren, las matan, las asesinan. No es violencia doméstica, es violencia machista, terrorismo machista. Porque las palabras no pueden ser bálsamo, las palabras no pueden diluir el drama en accidentalidad.

En este país hubo un tiempo en el que nos acostumbramos a hablar de asesinatos cuando la víctima era política y el ejecutor el terrorismo etarra, pero nos cuesta la vida ser igual de contundentes cuando quien yace en el suelo es una mujer.

Ayer Jessica fue asesinada a las puertas del colegio de su hijo. Ni una más. Ni una menos. Perdonen, nos están matando.