Lunes 16.07.2018

Capacidad de destrucción

Los políticos tienen un extraordinario poder para destruir las sociedades que les han elegido, pero esos poderes se los hemos concedido nosotros. 

Me aburre bastante contemplar o escuchar las tertulias de televisión y de radio. Me aburren incluso cuando, alguna vez, participo en ellas. Miento. Entonces, más que aburrirme, siento la molesta incomodidad de comprobar las interacciones, tanto propias como ajenas. Sin embargo, alguna vez salta la perla. Ayer, escuchaba a Salvador Sostres comentar la capacidad de destrucción de la antigua Convergencia Democrática, y en su lógico entusiasmo generalizó y aludió a la enorme capacidad destructiva que tienen los partidos políticos. Y, entonces, como un paréntesis oral, escuché la voz de Nicolás Redondo, afinar o puntualizar, diciendo "las sociedades".

A las sociedades nos viene bien exculparnos en los políticos, pero somos nosotros quienes los elegimos y alimentamos

En efecto, a las sociedades nos viene bien exculparnos en los políticos, pero somos nosotros quienes los elegimos y alimentamos. Si Donald Trump llega a la presidencia de Estados Unidos y comienza a poner en marcha sólo la décima parte de las tonterías contemporáneas que ha venido anunciando desde hace meses, se iniciará una destrucción cuya culpabilidad no residirá exclusivamente en Donald Trump, sino en los que lo han elegido. Las sociedades no son responsables cuando viven bajo una dictadura, y, por eso, a los cubanos nunca les he reprochado ninguna culpabilidad, pero los venezolanos, que caminan hacia la dictadura con una importante colaboración, sí que son responsables de que uno de los países más ricos en recursos naturales del planeta esté arruinado.

Los políticos tienen un extraordinario poder para destruir las sociedades que les han elegido, pero esos poderes se los hemos concedido nosotros

Los políticos tienen un extraordinario poder para destruir las sociedades que les han elegido, pero esos poderes se los hemos concedido nosotros. Veremos qué sucede en Estados Unidos, pero allí no votan ni rusos, ni sirios, ni afganos. Y aquí, en España, no votan marroquíes ni hindúes, que no tengan derecho a ello. Podemos echar balones fuera, pero los cristales que se rompan los pagaremos a escote.

Capacidad de destrucción
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