Jueves, 26 de Abril de 2018
El Tiempo

Campanadas para siempre

Nací en Santander (Cantabria), el 29 de noviembre de 1960. Diplomado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Empecé a trabajar como periodista en la Agencia Efe de Santander (1985). Seguí como Redactor del Diario Alerta (1986/1987), donde trabajé en las secciones de Local y Región, y donde me encontré con periodistas de la talla de Jesús Delgado, José Ángel San Martín, Juan González Bedoya, Higinia Aparicio, Pablo Hojas o Jesús Hoyos Arribas. Conseguí mi primer trabajo como periodista en un importante periódico por llamar de madrugada para informar sobre un grave accidente de circulación que provocó parar la rotativa para meter en portada aquel suceso. En la primavera de 1987 cubrí los sucesos de Reinosa, que tuvieron una repercusión nacional e internacional. Durante este mismo periodo fui corresponsal de la Agencia Europa Press. De 1986 a 1988 trabajé en RTVE en Cantabria como corresponsal, y entre los años 1987 y 1988 fui Redactor-Jefe de Radio Minuto-El País, en la emisora que la Asociación de la Prensa de Cantabria tiene en la Calle Cádiz de Santander. Como profesor, vengo desempeñado una intensa actividad hasta la actualidad. Soy miembro de la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Cantabria. Miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores. Fui Vocal en la Comunidad Autónoma de Cantabria de la Asociación Española de Protocolo (AEP). Presidente de la Asociación Cántabra de Protocolo (ACP), fundada por mí en 1988. Miembro del Comité Organizador del 5º Congreso Internacional de Protocolo (Palma de Mallorca, 2001), que periódicamente cuenta con la asistencia de especialistas en Relaciones Públicas, Comunicación y Protocolo en todo el mundo. Funcionario de carrera del Parlamento de Cantabria donde desempeño el trabajo de Jefe del Servicio de Relaciones Institucionales y el de Jefe (en funciones) del Servicio de Comisiones y Órganos Superiores. Desde el año 1987-2004 ha venido dirigiendo también el Gabinete de Comunicación del Parlamento de Cantabria. Me considero periodista y escritor. Mi blogger es www.migueldelrio.es Cuento con una amplia obra en comunicación de la que destaco los siguientes libros con los que se trabaja en diferentes universidades españolas. “Introducción al Protocolo. Estudios prácticos sobre organización de actos públicos”. (Manual Profesional 1998). Agotado. “Gabinetes de Prensa. La Comunicación en las Instituciones y en las Empresas”. “Protocolo. Manual práctico para conocer las normas de protocolo de uso diario”. Manual de protocolo de los Colegios Médicos de España. Manual de protocolo Colegios Profesionales. “Manual para Comunicar Bien. ¿Vas a publicar lo que te he enviado?”. “Abecedario gráfico de comunicación y organización de eventos. Protocolo a la Vista”. Presidente y uno de los fundadores del Club de Prensa Pick-Tenis de Santander (www.www.clubdeprensapicktenis.com) Miembro de CEDRO. He publicado más de 700 artículos de opinión en El Diario Montañés (Grupo Vocento), donde he venido colaborando durante quince años. Durante 12 años fui columnista de opinión diario en diferentes emisoras de Radio como Cope Cantabria y Punto Radio Cantabria. He sido articulista en revistas técnicas como “Mujeres Siglo XXI” o “Revista Piquio Magazine”. En la actualidad, soy columnista del Periódico “Nuestro Cantábrico”, del diario digital www.populartvcantabria.es con la columna “Oído Cocina“ y de la revista “Vivir en Cantabria”.

El dossier para vivir en un mundo donde hubiera de habitual campanadas de felicidad está ya escrito. Tiene por titulo Objetivos de Desarrollo del Milenio que, de manera resumida, supone que todo el mundo coma, haya justicia, abolición del sexismo, sin olvidar la trascendencia de la educación y la sanidad universales. Puede que propósitos tan sencillos de expresar tengan más de deseo que de realidad, pero si el mundo está necesitando ya un cambio de paso, el camino a mejor va por aquí.

Pedir un deseo al soplar velas cumpleañeras, festejar un aniversario familiar o dar la bienvenida a un nuevo año mientras cruzas los dedos, son tradiciones muy serias. Cuando la orientación es hacia la suerte, damos la campanada, mientras que las desgracias las asumimos como sinsabores. Hasta los más grandes han reflexionado sobre la frontera entre la suerte y la mala suerte. Dos escritores tan dispares como Isaac Asimov y Umberto Eco lo ponían de manifiesto en sus teorías. El ruso decía que la suerte solo favorece a la mente preparada y el italiano que la superstición trae mala suerte. Menos mal que se dedicaron a lo más conveniente para todos, deleitarnos con sus libros, y no tomaron el camino de leer el futuro con el tarot.

Desde que despertamos a diario formulamos ya un deseo concreto como tener un buen día

Al final, hablar de campanadas motiva de verdad y entre las más famosas están las de un final de año, a la hora convenida históricamente, para dar la bienvenida al siguiente. Se tomen las uvas, se haga con brindis, beso, abrazo o apretón de manos, entre medio de todo no falta el deseo o los deseos. Desde que despertamos a diario formulamos ya un deseo concreto: Que haga sol, que llueva, tener un buen día o aprobar el examen que espera al estudiante en cuanto toma asiento en el pupitre de su colegio, instituto o universidad. Lo hacemos con tanta naturalidad y abundancia que ni siquiera sabemos la explicación o significado del deseo. Aunque van a ver porque no hace falta: “Es el interés o la apetencia que una persona tiene por conseguir la posesión o realización de algo”.

Lo obvio da paso a varios tipos de personas, según sean sus deseos. Ya no se oye tanto, o al menos a mi me lo parece, que haya paz en el mundo. Percibo mucho lo de la salud y, por supuesto, lo del trabajo. Reunir a los tres deseos clásicos, los de salud, dinero y amor, ha perdido fuerza tras sufrir la última crisis económica. Hoy, sabedores de lo que hacen los hombres de negro que mandaba Bruselas y el Fondo Monetario Internacional a países como Grecia o España, somos un tanto más conformistas. Es como si nos hubiéramos vuelto más realistas con la abundancia de ensoñaciones. Cierto es que pensar-soñar es un acto individual, discreto y no traspasable si así se quiere, pero la convivencia te puede llegar a quitar incluso las ganas de desear mucho más allá de lo imprescindible para vivir. Hay algo con lo que no dio Asimov ni Eco, pero sí el Dalai Lama. Dice el tibetano: “Cuanto mayor sea el nivel de calma de nuestra mente, tanto mayor será nuestra capacidad para disfrutar de una vida feliz”. Nunca mejor dicho, está muy bien pensado, si tenemos en cuenta que no cejar en el propósito de tener y poseer culmina con comerse el coco tan en exceso que se hace necesario el ibuprofeno.

Se deben retomar los Objetivos del Milenio como alcanzar la igualdad total y exterminar la Violencia de Género

Voy a pasar de la teoría a la acción, y mi deseo para el 2018 es que el mundo y los países con más dinero retomen de verdad, en serio, los Objetivos del Desarrollo del Mileno. No son tantos (8 para la ONU), pero sí problemas arrastrados, que nos avergüenzan como seres humanos. Está erradicar la pobreza extrema y el hambre. Conseguir que los niños de todo el mundo tengan escuelas y reciban una educación, pero antes está garantizarles que coman para no morir en los puntos del planeta desfavorecidos desde la misma creación. Nunca podemos perder de vista la igualdad total, y exterminar el grave problema de la Violencia de Género, que atenta sistemáticamente contra los derechos de la mujer. Habrá que seguir luchando para lograr la desaparición de injusticias sociales y de enfermedades que discriminan y no reciben suficiente dotación para investigación de los presupuestos públicos. Siendo todo ello muy, muy importante, nada alcanzaremos si seguimos destruyendo y contaminando el medio ambiente a la velocidad que lo hacemos, y es hora de alcanzar una unidad de criterio en torno al Cambio Climático, aunque para ello otros estadistas tengan que viajar hasta la mismísima Casa Blanca para convencer al tozudo Trump, un presidente que solo cree en el viejo desarrollo de fábricas y chimeneas. Dejo aquí escritos estos deseos, y lo hablamos de nuevo al final del 2018, para hacer balance de lo logrado.