Lunes, 26 de Junio de 2017
El Tiempo

Machismo de pensamiento, palabra, obra y omisión

Nací en Santander (Cantabria), el 29 de noviembre de 1960. Diplomado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Empecé a trabajar como periodista en la Agencia Efe de Santander (1985). Seguí como Redactor del Diario Alerta (1986/1987), donde trabajé en las secciones de Local y Región, y donde me encontré con periodistas de la talla de Jesús Delgado, José Ángel San Martín, Juan González Bedoya, Higinia Aparicio, Pablo Hojas o Jesús Hoyos Arribas. Conseguí mi primer trabajo como periodista en un importante periódico por llamar de madrugada para informar sobre un grave accidente de circulación que provocó parar la rotativa para meter en portada aquel suceso. En la primavera de 1987 cubrí los sucesos de Reinosa, que tuvieron una repercusión nacional e internacional. Durante este mismo periodo fui corresponsal de la Agencia Europa Press. De 1986 a 1988 trabajé en RTVE en Cantabria como corresponsal, y entre los años 1987 y 1988 fui Redactor-Jefe de Radio Minuto-El País, en la emisora que la Asociación de la Prensa de Cantabria tiene en la Calle Cádiz de Santander. Como profesor, vengo desempeñado una intensa actividad hasta la actualidad. Soy miembro de la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Cantabria. Miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores. Fui Vocal en la Comunidad Autónoma de Cantabria de la Asociación Española de Protocolo (AEP). Presidente de la Asociación Cántabra de Protocolo (ACP), fundada por mí en 1988. Miembro del Comité Organizador del 5º Congreso Internacional de Protocolo (Palma de Mallorca, 2001), que periódicamente cuenta con la asistencia de especialistas en Relaciones Públicas, Comunicación y Protocolo en todo el mundo. Funcionario de carrera del Parlamento de Cantabria donde desempeño el trabajo de Jefe del Servicio de Relaciones Institucionales y el de Jefe (en funciones) del Servicio de Comisiones y Órganos Superiores. Desde el año 1987-2004 ha venido dirigiendo también el Gabinete de Comunicación del Parlamento de Cantabria. Me considero periodista y escritor. Mi blogger es www.migueldelrio.es Cuento con una amplia obra en comunicación de la que destaco los siguientes libros con los que se trabaja en diferentes universidades españolas. “Introducción al Protocolo. Estudios prácticos sobre organización de actos públicos”. (Manual Profesional 1998). Agotado. “Gabinetes de Prensa. La Comunicación en las Instituciones y en las Empresas”. “Protocolo. Manual práctico para conocer las normas de protocolo de uso diario”. Manual de protocolo de los Colegios Médicos de España. Manual de protocolo Colegios Profesionales. “Manual para Comunicar Bien. ¿Vas a publicar lo que te he enviado?”. “Abecedario gráfico de comunicación y organización de eventos. Protocolo a la Vista”. Presidente y uno de los fundadores del Club de Prensa Pick-Tenis de Santander (www.www.clubdeprensapicktenis.com) Miembro de CEDRO. He publicado más de 700 artículos de opinión en El Diario Montañés (Grupo Vocento), donde he venido colaborando durante quince años. Durante 12 años fui columnista de opinión diario en diferentes emisoras de Radio como Cope Cantabria y Punto Radio Cantabria. He sido articulista en revistas técnicas como “Mujeres Siglo XXI” o “Revista Piquio Magazine”. En la actualidad, soy columnista del Periódico “Nuestro Cantábrico”, del diario digital www.populartvcantabria.es con la columna “Oído Cocina“ y de la revista “Vivir en Cantabria”.

En España siempre hay una última declaración machista, que provoca rechazo e indignación, hasta la siguiente vez. Si de verdad somos el país que decimos, no debiera de haber una próxima vez. Frente al deber y la obligación de los poderes públicos en contra del machismo, destaca la labor y el coraje de muchos protagonistas anónimos dentro de las redes sociales. Ponen las cosas en su sitio cada vez que se produce un nuevo exabrupto contra las mujeres.

Mi generación se educó con el retintín de que los niños aprenden todo lo que ven a sus mayores, sea bueno o malo. Hoy es al revés, los mayores nos sorprendemos de lo que pueden llegar a saber los más jóvenes, y aunque algunos se encojan de hombros, nada más tienen que mirar hacia Internet. La democracia y las libertades son los claros aliados de idénticos derechos, y entre éstos debería ocupar la posición más alta la igualdad entre hombres y mujeres. No ocurre así de pensamiento, porque si el machismo no estuviera estacionado permanentemente dentro de la cabeza de tanto macho como anda suelto, no habría que preocuparse por sus consecuencias. La palabra, concreto más, faltar o insultar, es la demostración habitual de los exabruptos machistas, sin olvidar la escrita, porque en este país tenemos como libro de cabecera del machismo el mismísimo Diccionario de la Lengua Española. Siguiendo con el machismo en acción o su obra, es un hecho real que la mujer en el trabajo no goza de las mismas ventajas que el varón, y baste echar una mirada a la nómina mensual de unos y de otras. La omisión en el machismo yo la explico con esa forma de ser tan nuestra de querer atajar todo cuando se produce un nuevo asesinato por violencia de género, pero tras la riada de declaraciones de unos y de otros, ¡si te he visto, no me acuerdo!

El caso es que el machismo da sus coces en muchos y variados ámbitos y escenarios, desde la misma escuela, pasando por la universidad, el trabajo, los medios de comunicación, y también los gobiernos, los congresos y senados. Ningún caso de esta concisa enumeración es asumible, porque una democracia real no debe tolerar el más mínimo atisbo de machismo dentro de sus administraciones, y por parte de sus representantes públicos. ¿Cómo vas a dar ejemplo a los jóvenes, si determinados discursos políticos contienen alusiones machistas? En este país donde hay observatorios para todo, que son aprobados desde los  centros del poder, resulta que no existe un autocontrol que denuncie con total nitidez cualquier exceso que se cometa en machismo de pensamiento, palabra, obra y omisión.

¿Cómo vas a dar ejemplo a los jóvenes, si determinados discursos políticos contienen alusiones machistas?

Al tener ocasión de comprobarlo cada vez que sucede, la última machada de alguien encuentra más crítica y repulsa en las tertulias del trabajo, la calle, un café o quedada de amigos, que donde debe, por ejemplo medios de comunicación tan importantes como la tele o la radio o tribunas de oradores de las muchas que hay y de las que luego dan cuenta de lo hablado periódicos y digitales, sin dejar de apuntar las redes sociales. Se habla de lo malo de Twitter o Facebook, pero es la mejor ofensiva contra el machismo cada vez que se produce un nuevo caso. Nada más iniciar esta opinión, quizás me hubiera dado por decir que este es un país eminentemente machista, pero no sería verdad. Para demostrarlo están las redes sociales y sus protagonistas, poniendo las cosas en su sitio para vergüenza y escarnio público del que ha pronunciado la última tontería sobre una mujer, su trabajo, su relaciones, sus gustos, sus ideas y la forma de expresarlas.

“Se habla de lo malo de Twitter o Facebook, pero es la mejor ofensiva contra el machismo”

Ahora que tengo ocasión, quiero dar mi opinión sobre la grandes mentiras que hay en torno a la igualdad y sobre el machismo. Antes de la crisis era habitual leer y escuchar, especialmente en los medios, que la irrupción arrolladora de la mujer (no me gusta el término porque la mujer no tiene que aparecer en nada, porque siempre ha estado) en el mundo del trabajo, la universidad y los cargos dentro de las administraciones públicas. Bueno, pues fue aparecer la crisis y sus dramáticas consecuencias, con el paro en primer término, y llegar incluso a escuchar en voz alta que las mujeres debían abandonar su trabajo, volver a casa para cuidar a sus hijos, y dejara así paso a los hombres desempleados. El machismo o pensar que el hombre es por naturaleza superior a la mujer, no admite contemplaciones, porque es consecuencia directa de discriminación, desigualdad y violencia sexista. ¡Basta, hombre!