Lunes, 21 de Agosto de 2017
El Tiempo

Turismo que estresa

Nací en Santander (Cantabria), el 29 de noviembre de 1960. Diplomado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Empecé a trabajar como periodista en la Agencia Efe de Santander (1985). Seguí como Redactor del Diario Alerta (1986/1987), donde trabajé en las secciones de Local y Región, y donde me encontré con periodistas de la talla de Jesús Delgado, José Ángel San Martín, Juan González Bedoya, Higinia Aparicio, Pablo Hojas o Jesús Hoyos Arribas. Conseguí mi primer trabajo como periodista en un importante periódico por llamar de madrugada para informar sobre un grave accidente de circulación que provocó parar la rotativa para meter en portada aquel suceso. En la primavera de 1987 cubrí los sucesos de Reinosa, que tuvieron una repercusión nacional e internacional. Durante este mismo periodo fui corresponsal de la Agencia Europa Press. De 1986 a 1988 trabajé en RTVE en Cantabria como corresponsal, y entre los años 1987 y 1988 fui Redactor-Jefe de Radio Minuto-El País, en la emisora que la Asociación de la Prensa de Cantabria tiene en la Calle Cádiz de Santander. Como profesor, vengo desempeñado una intensa actividad hasta la actualidad. Soy miembro de la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Cantabria. Miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores. Fui Vocal en la Comunidad Autónoma de Cantabria de la Asociación Española de Protocolo (AEP). Presidente de la Asociación Cántabra de Protocolo (ACP), fundada por mí en 1988. Miembro del Comité Organizador del 5º Congreso Internacional de Protocolo (Palma de Mallorca, 2001), que periódicamente cuenta con la asistencia de especialistas en Relaciones Públicas, Comunicación y Protocolo en todo el mundo. Funcionario de carrera del Parlamento de Cantabria donde desempeño el trabajo de Jefe del Servicio de Relaciones Institucionales y el de Jefe (en funciones) del Servicio de Comisiones y Órganos Superiores. Desde el año 1987-2004 ha venido dirigiendo también el Gabinete de Comunicación del Parlamento de Cantabria. Me considero periodista y escritor. Mi blogger es www.migueldelrio.es Cuento con una amplia obra en comunicación de la que destaco los siguientes libros con los que se trabaja en diferentes universidades españolas. “Introducción al Protocolo. Estudios prácticos sobre organización de actos públicos”. (Manual Profesional 1998). Agotado. “Gabinetes de Prensa. La Comunicación en las Instituciones y en las Empresas”. “Protocolo. Manual práctico para conocer las normas de protocolo de uso diario”. Manual de protocolo de los Colegios Médicos de España. Manual de protocolo Colegios Profesionales. “Manual para Comunicar Bien. ¿Vas a publicar lo que te he enviado?”. “Abecedario gráfico de comunicación y organización de eventos. Protocolo a la Vista”. Presidente y uno de los fundadores del Club de Prensa Pick-Tenis de Santander (www.www.clubdeprensapicktenis.com) Miembro de CEDRO. He publicado más de 700 artículos de opinión en El Diario Montañés (Grupo Vocento), donde he venido colaborando durante quince años. Durante 12 años fui columnista de opinión diario en diferentes emisoras de Radio como Cope Cantabria y Punto Radio Cantabria. He sido articulista en revistas técnicas como “Mujeres Siglo XXI” o “Revista Piquio Magazine”. En la actualidad, soy columnista del Periódico “Nuestro Cantábrico”, del diario digital www.populartvcantabria.es con la columna “Oído Cocina“ y de la revista “Vivir en Cantabria”.

La gallina de los huevos de oro que es el turismo para España atraviesa un momento de shock traumático debido a la avaricia. Ser potencia mundial en un sector que genera tantos ingresos requiere cuidarlo, y ahora se hace mal. No son tan solo esas campañas que invitan a los visitantes a irse. También está alquilarlo todo en lo que supone una proliferación desmesurada de los pisos turísticos, sin respetar la normal y tranquila convivencia entre vecinos que termina por crear estrés.

Casi todos los programas electorales para ocupar un sillón de alcalde o concejal coinciden a la hora de prometer una ciudad o un pueblo más saludables. La promesa se hace efímera cuando la población habitual de habitantes de un determinado lugar se duplica debido al turismo. Para comprender lo que está sucediendo en Barcelona, Mallorca o Ibiza, de entrada, hay que vivirlo. El superavit turístico mantiene económicamente a  España, y nos las prometíamos felices un verano más cuando, repentinamente, hemos entrado en el debate de que ya no cabe un alfiler en muchas de los destinos mayormente elegidos por los visitantes nacionales y, especialmente, extranjeros. España es un país inclinado a dispararse al pie en cada decisión que toma. Si a esto le añadimos la poca previsión, que la industria hace tiempo que se ha ido al garete, y que en la partida económica lo tenemos todo apostado al sector turístico, resulta que el momento shock lo estamos viviendo ya. Llevamos años apelando a la necesidad de tener un plan b, aunque ha sido como clamar en el desierto, porque cada año eran más los millones de turistas y más también los ingresos que oxigenan en gran medida a las maltrechas cuentas públicas.

Hay que arreglar el turismo masificado pero no se hace destrozando autobuses ni invitándoles a que se vayan

Para sustituir paulatinamente al turismo, un día nos levantamos haciendo parques tecnológicos que se utilizan para más edificios públicos que otra cosa, y al día siguiente queremos convertirnos en la reserva eólica de Europa, sino en el brazo extendido de Las Vegas con la implantación de macro casinos. Los planes estratégicos para nuestra economía son como una novela inacabada. Se ha estado hablando de ellos, a diez años vista, a veinte, incluso a treinta... pero entre tanto humo lo que hay de verdad es el turismo. Cualquier cuestión de trascendencia económica, y más en los tiempos que corren, hay que dilucidarla con una sola voz; aquí hay un coro de voces y cada una va por un lado distinto. Es cierto que hay que arreglar muchas cuestiones relativas al turismo masificado, pero eso no se hace destrozando autobuses y asustando a sus pasajeros, ni tampoco estampando pegatinas en los coches que alquilan los ingleses, alemanes, franceses y rusos, invitándoles a que se vayan.  

Los cupos al número de visitantes puede ser una alternativa, pero sería deseable tomar esta y otras iniciativas desde el consenso general, porque ya lo que nos faltaba es que a una autonomía pueda entrar todo el que quiera y en otra no. Si los que toman estas decisiones creen que salvaguardan la opinión mayoritaria de los ciudadanos, lo primero que deberían de tener en cuenta es que tras el turismo nacional hay miles de puestos de trabajo en juego. Esto es lo que realmente debería preocupar, sin negar que son muchos los problemas aplazados que requieren ya de actuación. Está ese turismo barato de fin de semana que aterriza en vuelos charter, y que no deja nada salvo bullas y borracheras. Están esas playas en verano con tantas sombrillas plantadas que es imposible moverse entre la arena o llegar a la orilla del mar para mojarse los pies. Si eramos pocos, al problema se han sumado los pisos turísticos incontrolados que amenazan a las tranquilas comunidades de propietarios. Hoy se alquila de todo, y quizás tanta avaricia lleva implícita la penitencia.

Proliferan los pisos turísticos incontrolados, se alquila todo, y tanta avaricia lleva implícita la penitencia

Queda claro que España debe reconducir su turismo, para mejorarlo, no para destruirlo. Lo que nosotros perdamos, por nuestra propia incompetencia, lo aprovecharán otros países deseosos de mejorar sus cifras de visitantes. Hay que librarse del turismo que no suma, y que solo crea problemas. Existe porque alguien lo impulsa, da todo tipo de facilidades y se lucra a costa de perjudicar la convivencia en ciudades y destinos costeros. Nos debería preocupar que se empiece a hablar mal de la España turística en el exterior, y habrá competencia que quiera y sepa exprimir este momento para desacreditarnos. Solo hay que ver lo que ha tardado la primera tour operadora mundial (TUI) en dar excesiva publicidad a que España está abarrotada de turistas. Nuestra fuerza está en el potencial que tenemos, en la experiencia y en una geografía única, de norte a sur y de este a oeste. Estropearlo no debería estar jamás en el guión de cómo hacer país, porque las ciudades saludables sin ciudadanos satisfechos son menos ciudades.