Jueves, 24 de Mayo de 2018
El Tiempo

La memoria

La memoria selectiva también ayuda a mejorar el recuerdo de carreras y vidas políticas. No sé, por ejemplo, la de Ana Botella; sus peras y sus manzanas y su relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor han hecho algo cómico su paso por la política.

De las mejores cosas que tenemos, después de una cerveza fría con patatas fritas un viernes por la tarde, es la memoria selectiva. Estoy casi segura de que la única razón por la que seguimos en pie es gracias a ella. Dicen que la memoria selectiva es nuestra identidad pero esto se me hace poco, la memoria selectiva es también la identidad de los otros.

Recordamos perfectamente esos cuatro días que pasamos en el pueblo de unos tíos segundos como si hubieran sido todos los veranos de nuestra infancia y hemos olvidado el sitio al que fuimos por trabajo hace seis años. Revivimos con pelos y señales la borrachera que cogimos en el 95 en las fiestas de Fregenal de la Sierra pero hemos olvidado las promesas que entonces nos hicimos. Vamos olvidando el dolor, la rabia y la humillación y seguimos recordando un olor, un roce y una sonrisa.

Pero la memoria selectiva también tiene sus cosillas, debe de ser familiar de la genética, tan zorras las dos. Porque lo que hace con las personas es una cosa horrible; muy divertida, pero horrible. Ya puedes haber descubierto la paz mundial, que como te salga un gallo al anunciarla, con el gallo que te quedas en la memoria selectiva.

Los superficiales, además, tenemos súper desarrollado el poder de la memoria selectiva a nuestra conveniencia y creamos mitos o antihéroes sin ningún rigor.

Sé que Mandela acabará siendo un cruce entre Morgan Freeman y el señor de lenguaje de signos de su funeral

Con lo cabronazo que es Putin y para mí siempre será ese hombretón montado a caballo con el torso desnudo, casi soy capaz de recordar a Bill Clinton limpiándose la faena con el vestido de Mónica y sé que Mandela acabará siendo un cruce entre Morgan Freeman y el señor de lenguaje de signos de su funeral.

Mira que Susana Díaz tiene logros encima, madre mía que es un no parar de logros, pues yo la voy a recordar para toda la eternidad por haber conseguido que Curro Romero se vistiera de Baltasar en la Cabalgata de Reyes de Sevilla.

Sabrina Salerno será recordada por su pezón, la gran Lola por el si me queréis, irse, Belén Esteban por el pollo de Andreíta, Pedro Sánchez por sus mallas ceñiditas (bueno, a ver, esto igual es sólo cosa mía) o Carlos Sainz, piloto que no deportista, por una frase que ni siquiera él dijo; una historia tan triste como él.

La memoria selectiva también ayuda a mejorar el recuerdo de carreras y vidas políticas. No sé, por ejemplo, la de Ana Botella; sus peras y sus manzanas y su relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor han hecho algo cómico su paso por la política. O la de Trillo, por ejemplo, su manda huevos o su viva Honduras sobresalen por encima de sus otras cosas. Tipos con suerte; igualico que pasa con la genética, os lo dije, siempre los hay con suerte.

La faena es que va a haber memorias selectivas que no puedan con las memorias de verdad, las buenas, que es lo que les va a pasar a Pablo Echenique y a José María González Santos ‘Kichi’. A uno le recordaremos por haber sido condenado al tener un trabajador sin contrato y al otro por ser un capillitas que da una medalla de oro a una Virgen; muy loco todo. Y esto no se nos va a olvidar, con eso se van a quedar estos señores, salvo que monten alguna mesa petitoria por los pobres o acaben hablando de gobernar con sentido común, que todo es susceptible de empeorar. Yo, de ellos, haría un montaje para sacar una frasecita o un jaleíto que nos despiste, aunque en eso no copiarán al PP, no. A éstos no les va a salvar ni la memoria selectiva.