Sábado, 24 de Febrero de 2018
El Tiempo

La rendición

No hay un solo parado de larga duración en este país que no entienda a Iñaki Urdangarin. Todos nos hemos rendido y desolados hemos llorado delante de nuestros amigos porque nadie nos contrata.

Qué mal, Iñaki Urdangarin se ha rendido. Una mala noticia tras otra, si es que se te quitan las ganas de todo. Cuentan sus amigos que Iñaki se queja amargamente en la Rue des Granges de Ginebra porque nadie le contrata y que para él buscar un trabajo es darse de cabezazos contra una pared llena de pintadas anarquistas. Y llega un momento, pobre hombre, en que no le ha quedado más remedio que abandonar, venirse abajo, darse por vencido, rendirse, a tomar por culo todo.

Y es que Iñaki llevaba un tiempo dedicándose a hacer deporte: jugaba al tenis, esquiaba cuando se podía, andaba en bici, nadaba, preparaba maratones y entrenaba a su familia. Esto lo alternaba con ir a la compra, preparar su juicio, ayudar a la persona que va a limpiar su casa y mandar currículums. Ahora, ya definitivamente, se va a dedicar solo a hacer deporte, ir a la compra y ayudar un poco a la limpieza de la casa.

Aquí, en España, se estila darte ánimos diciendo que te quites estudios del currículum porque igual es que eres muy listo para algunos trabajos

Normal, entiendo su derrota. Y digo más: no hay un solo parado de larga duración en este país que no entienda a Iñaki Urdangarin. Todos nos hemos rendido y desolados hemos llorado delante de nuestros amigos porque nadie nos contrata. Primero creímos que el paro no se acabaría nunca (¿sería autónomo Iñaki y ni paro que habrá podido cobrar el pobrecico?). Luego que alguien nos encontraría, después que algún amigo nos echaría una mano y finalmente todos acabamos chocando contra la pared; y en nuestra pared las pintadas son de Mr. Wonderful, lo que hace el impacto aún más doloroso. Yo, como Iñaki, mientras echaba currículums he ido a nadar, he corrido y he hecho zumba para señoras gordas en el pabellón del pueblo (bici no, nunca, una no es de Ginebra pero todavía tiene clase). Mientras esperaba que alguna empresa me contestara, aunque fuera con un no, he ido a comprar los yogures al Dia y el jabón de la lavadora al Mercadona. También he limpiado el baño a conciencia y he ordenado los armarios dos veces a la semana. Igual que Iñaki; y como él me he rendido, he sentido que buscar un trabajo era inútil. Todos somos Iñaki repito ahora por las esquinas.

Lo que pasa es que como la mayoría de los parados de larga duración de este país no vivimos en Ginebra, no nos queda más remedio que rendirnos un día un poquitín pero al siguiente volver a intentarlo. Para poder continuar son muy importantes dos cosas: una, no poder pagar facturas y dos, los ánimos que la gente de tu alrededor te da; esos ánimos te ayudan a seguir buscando para que te dejen en paz y no tengas que seguir escuchando esos ánimos.

Aquí, en España, se estila darte ánimos diciendo que te quites estudios del currículum porque igual es que eres muy listo para algunos trabajos. O que vayas en persona a entregar el CV aunque te lo recoja el guarda de seguridad. Que hagas un curso de Marketing online o de Social Branding para acabar dando una charla en el Santander Social Weekend. Que estudies alemán, chino, ruso o, mi ánimo favorito, que te prepares una oposición, que una conocida se presentó a unas y blablabla. Confieso que ahí suelo dejar de escuchar. ¿Le habrán dicho a Urdangarin todo eso?

Iñaki Urgangarin, si me estás viendo: tu chiste del duque empalmado podía haber sido mío y de casi todos los parados de larga duración. Y como dijo una sabia que tú conoces: sabemos quién eres, sabes quiénes somos y lo demás merde. Y ahora eres uno de los nuestros, un hombre acabado, un despojo de la sociedad, bueno, de la alta sociedad suiza.

Los parados tenemos que animarnos mucho entre nosotros. Así que, mira, llama ahora mismo a tu suegro, que también es una especie de parado de larga duración y que anda refunfuñando por los pasillos de donde quiera que viva porque no le han invitado a una fiesta de los 40 años de democracia. Entre los dos seguro que se os ocurre algo que montar y de donde sacar dinero y reconocimiento del que os gusta. Suerte.