Domingo, 18 de Febrero de 2018
El Tiempo

Misasuntos

El mismo discurso que escuchábamos hace 30 años (supongo que no muy diferente del de hace 100 o 200 años), un cura que confunde el nombre del muerto, que habla de trompetas, juicios finales y de salvación en el último minuto y siempre esa frialdad, qué frío es todo en las iglesias.

Antes iba bastante a misa porque la gente de mi edad se casaba mucho. Las iglesias elegidas para casarse suelen ser bonitas y, además, ese día se adornan con flores de colores y alfombras rojas; daba gusto entrar. Siempre un poema algo cursi que emociona, una amiga de la novia llorando al leer un fragmento de El Principito mientras se agachan cabezas por la vergüenza ajena y, sobre todo, la maravilla de escuchar una vez más y nunca suficientes, la carta de San Pablo a los corintios. El día, con sus nervios, los zapatos de tacón que empiezan a joder, los escotes, las pamelas que se me ponen algunas y ese ex con el que coincides después de tanto tiempo hacen que tampoco se preste mucha atención al ritual religioso.

Últimamente vuelvo a frecuentar las iglesias y aunque también hay flores, ya no es lo mismo: resulta que el amor no podía con todo, no.

Un sitio cerrado que es visitado un par de veces a la semana por gente mayor tosiendo constantemente

Ahora entro en una iglesia y como no me deslumbra el oropel del amor, me fijo más en las cosas y me doy cuenta de que las iglesias son unos sitios rarísimos. Primero está lo de la ventilación, que no sé cómo Sanidad no se mete ahí a poner un poquito de orden. Un sitio cerrado que es visitado un par de veces a la semana por gente mayor tosiendo constantemente. Allí hay medias de toses/minuto que mejoran a cualquier centro de salud en épocas de epidemia gripal; los católicos como grupo de riesgo a vacunar, necesitamos un change.org para esto, ya. Es que es la fiesta de las toses, válgame Dios. Para el próximo funeral me meto en el bolso los pañuelos y unos caramelitos de menta para repartir entre la gente. Me pasa, además, que empiezo a oír toser y me entran las ganas de hacerlo, qué simpleza la mía. A veces, cuando el asunto para el que voy me queda un poco lejos, hasta compongo sinfonías de toses en mi mente. Si fuera católica, acabaría loca.

Luego que son sitios por los que no pasan CEOS, ni communities, ni expertos en marketing de marca, ni coaching ni nada. Y mantener su ancestral esencia no me parece a mí que les esté dando muy buen resultado, Yoriento está perdiendo dinero con ellos. El mismo discurso que escuchábamos hace 30 años (supongo que no muy diferente del de hace 100 o 200 años), un cura que confunde el nombre del muerto, que habla de trompetas, juicios finales y de salvación en el último minuto y siempre esa frialdad, qué frío es todo en las iglesias. Que sales de misa y el cuerpo te pide ir de blancos aunque vayas a misa de ocho.

Eso sí, igual que nunca se te olvida nadar o montar en bicicleta, tampoco olvidas un salmo ni sus canciones, en eso sí son buenos. Grandes dificultades para memorizar un número de teléfono y por mi culpa, por mi gran culpa y Al atardecer de la vida te lo digo y te lo canto de pe a pa.

Pocas cosas tan de otra época como Confecciones Mariana en Camilo Alonso Vega y la forma de dar y oír misa

Pocas cosas tan de otra época como Confecciones Mariana en Camilo Alonso Vega y la forma de dar y oír misa. Que no digo yo que haya que colocar palés blancos con cojines en el altar ni poner un banco de distinto estilo y color o extender una alfombra tejida a trapillo por los fieles, pero, no sé, ahí parece necesario un Concilio modernete con su brainstorming y su análisis DAFO. Así no pueden seguir mucho tiempo más, es insostenible. Que abran un poco las ventanas ojivales, por Dios, al menos para que se vayan los virus.