Domingo, 27 de Mayo de 2018
El Tiempo

Desayuno en elecciones

Esta vez, más que nunca, tendría especial valor que los votantes del PSOE se tomaran su desayuno tranquilamente antes de votar y mediten las consecuencias de repetirlo, pues no tienen por qué ser necesariamente positivas para un partido con dos almas, sino solo para una de ellas; quizá la que le lleve, después de más de 100 años, a la irrelevancia más absoluta.

Tengo desde siempre la mala costumbre de desayunar cada día con la actualidad, normalmente política, como fondo ambiental sonoro de mi primera ingesta. Y digo que es mala porque supone empezar el día en pasivo, analizando lo que han hecho o dicen otros, en lugar de planificar lo que voy a hacer y cómo lo abordaré. Quizás no se pueda pedir más al cuerpo durante el lento tránsito del mundo de los sueños al de las realidades, y el panorama político me ofrezca una especie de etapa a medio camino entre lo onírico y lo tangible, algo así como un limbo de conceptos imprecisos, de dialécticas polisemánticas, de términos multiuso en manos de políticos y tertulianos.

Hoy, mientras vertía el café en la taza, escuché cómo uno de estos comentaristas para todo reproducía, sin asomo de crítica, el término "centro derecha moderado" que había usado Rajoy, para definir tanto al PP como su oferta programática para las próximas elecciones del 26J. El mismo comentarista, no recuerdo su nombre pero es irrelevante, pues no es el único que así se conduce, transcribía igualmente la descripción, generada por idéntica fuente, de UNIDOS PODEMOS como "extremistas radicales". Aún estaba sirviendo la nube de leche cuando entré en un proceso reflexivo, pues la calificación del PP como moderado se daba tan de bruces con el concepto que yo tenía de esa organización, que por momentos no entendí nada. ¿No era ese partido acaso el que había gobernado los últimos cuatro años en España? Porque, si mal no recordaba, en ese periodo el gobierno había aplicado un programa auténticamente radical; realmente antisistema.

Calificar al PP como un partido de centro derecha moderado no constituye otra cosa que un mayúsculo embuste de sus titulares

No pude evitar, mientras untaba la margarina en mi tostada, hacer un ejercicio retrospectivo y, hurgando en mi cada vez menos robusta memoria, intentar contrastar mi genérico recuerdo con acciones concretas de aquel gobierno. Así, poco a poco, unte a unte, fui recuperando las líneas principales del programa aplicado por el Partido Popular en la legislatura pasada:

- Una reforma laboral destinada a la desprotección de los trabajadores.

- La precarización laboral generalizada.

- El impulso y potenciación del paro, como instrumento imprescindible para la reducción salarial a través del pánico inducido en la población.

- El consecuente empobrecimiento de la población, no como algo inevitable, sino buscado en aras de la "competitividad" y los resultados de las cuentas de explotación.

- La expatriación forzosa de la juventud mejor preparada en la historia de nuestro país.

- El vaciado de recursos de la Ley de Dependencia, dejando a su suerte a los discapacitados, a los ancianos y a quienes dedican su vida a cuidarles.

-La transformación de uno de los mejores sistemas de sanidad pública del mundo en un negocio para las constructoras, y otros grupos de capital, por medio de la privatización y la consecuente sustitución de servicios por beneficios.

- La sustitución de la educación cívica democrática por el adoctrinamiento religioso en los centros públicos, junto a una paralela reducción de sus recursos para ser destinados a las empresas privadas de "educación". Financiar la escuela privada con los recursos de la pública, con lo de la de todos en suma.

- La imposición de la maternidad a las niñas de menos de 16 años, en contra de su voluntad.

- El punto y final a las libertades, de expresión y en todos los sentidos, a las que los ciudadanos españoles accedimos cuando el imparable desmoronamiento del nacionalcatolicismo franquista.

- Ley mordaza y contrarreforma del código penal para reprimir todo lo que no sea bien pensar preconstitucional.

Hasta aquí la acción "ideológica" de tan radical programa. Pero este despiadado proceder contra la población quedaba coronado estéticamente, en la línea de presentación de la mejor coctelería, con su propia guinda: la santificación y protección como sistema de acción política, así como de estabilización y consolidación del equipo ejecutor, de la corrupción generalizada y sin complejos.

Pensé, mientras saboreaba mi zumo de naranja, que algo de aquel programa se me olvidaba, lo que no me extrañaba, ya que estos asuntos habían dejado de pertenecer al debate político desde hacía 6 meses, habiendo sido sustituidos por la dialéctica de negociaciones y personas. Pero no me importó, pues lo recuperado era suficiente para reafirmar mi impresión inicial de que calificar al PP como un partido de centro derecha moderado no constituye otra cosa que un mayúsculo embuste de sus titulares, engrasado con el runrún diario de periodistas que, a juzgar por lo exagerado del mismo, tienen que ser forzosamente conscientes de lo que están haciendo.

Solo hay un motivo para que les llamen radicales: que van a la raíz de las cosas y, a diferencia de otros, esta gente de UNIDOS PODEMOS piensan cumplir su programa

Despejada la primera incógnita, tras premiarme con la primera porción de alimento sólido, hago un repaso a lo que sabemos de la opción política que hoy parece con más posibilidades de crecer sin un límite claro, UNIDOS PODEMOS, a quien acaban de calificar como peligrosos radicales de extrema izquierda. De éstos no tenemos la experiencia de un programa aplicado, más allá de los municipios en que gobiernan desde hace año y medio, en los que solo puede decirse que lo están haciendo con prudencia, sensibilidad y eficacia. Pero en cuanto a programa de gobierno nacional, solo conocemos sus intenciones, reflejadas en 50 puntos que pueden resumirse en acabar con los recortes de derechos y de servicios, recuperar los derechos laborales y terminar con la precariedad, poner fin a la austeridad como única receta impulsando la economía desde los recursos públicos, reforma tributaria progresiva y lucha contra el fraude fiscal,  un plan de mínimos en cuanto a democracia social y lucha efectiva contra la corrupción. Como puede verse, es un programa de lo más moderado; podría ser el de cualquier partido socialdemócrata de hace una década. Solo hay un motivo para que les llamen radicales: que van a la raíz de las cosas y, a diferencia de otros, esta gente de UNIDOS PODEMOS piensan cumplir su programa; por eso les llaman radicales.

Mirando de reojo la fruta, dudando si atacarla o no, me pregunto en qué dará todo esto. Todo dependerá de cómo actúen los otros partidos. Ciudadanos, coherente con su ideología liberal, ya ha adelantado que apoyará al PP siempre que se aparte Rajoy. Solo me queda claro que apoyará al PP; lo de Rajoy, ya veremos. ¿Y el PSOE? Es difícil de contestar, porque la pregunta está mal hecha. Para poder dar una respuesta, hay que preguntar ¿y los PSOEs? Porque el PSOE tiene dos almas. Gran parte de la militancia mantiene ese espíritu socialdemócrata, progresista, que enarbolan sin concretar, solo con fin electoral, sus dirigentes. No sabría cuantificar, pero estoy convencido de que una mayoría de la militancia y del electorado socialista abrazaría sin dudar, no solo el programa de UNIDOS PODEMOS, sino la formación de un gobierno que lo cumpliera. Pero el aparato del PSOE es otra cosa. El aparato vetó un gobierno progresista entorno a estos puntos en la pasada microlegislatura y se echó en brazos de Ciudadanos para impedirlo. Si descartamos unas terceras elecciones, el PSOE solo podrá facilitar un gobierno del PP con o sin Rajoy, lo mismo da, o uno progresista de él mismo y UNIDOS PODEMOS. Todo depende de la militancia del PSOE y de su electorado habitual: si responden a la llamada de orgullo tribal en que descansa la petición de voto de sus dirigentes, estarán respaldando la orientación del aparato más hacia el polo Ciudadanos – PP, recientemente demostrada, haciendo bueno el programa aplicado en la pasada legislatura, mientras que si en estas trascendentales elecciones parte de ese electorado da su voto a UNIDOS PODEMOS, se trasladará un mensaje rotundo que generará en el PSOE las reacciones necesarias para incorporarse a un gobierno progresista y para la gente, incorporación que traería para dicho partido la ventaja de su renovación y la garantía de un futuro como actor político de peso, circunstancia que de ningún modo se dará si no actúa con claridad ante la barbarie neoliberal.

Esta vez, más que nunca, tendría especial valor que los votantes del PSOE se tomaran su desayuno tranquilamente antes de votar y, como yo ahora terminando el café, mediten la consecuencias de repetirlo, pues no tienen por qué ser necesariamente positivas para un partido con dos almas, sino solo para una de ellas; quizá la que le lleve, después de más de 100 años, a la irrelevancia más absoluta.