Viernes, 22 de Junio de 2018
El Tiempo

Algunos, incluso algunas, opinan desde posiciones ideológicas reaccionarias que ya no hay motivos para secundar el paro convocado para el 8 de marzo. A ellos y ellas les digo, de forma rotunda, que a las mujeres nos sobran los motivos.

El 8 de marzo de 1857, un grupo de obreras textiles, armándose de valor, tomó la arriesgada decisión de salir a las calles de Nueva York a protestar por las míseras condiciones en las que trabajaban.

Distintos movimientos de protesta se sucedieron a partir de ese momento, pero no fue hasta el 5 de marzo de 1908 cuando Nueva York fue escenario de nuevo de una huelga polémica para aquellos tiempos. Un grupo de mujeres reclamaba la igualdad salarial, la disminución de la jornada laboral a 10 horas y un tiempo para poder dar de mamar a sus hijos. Durante esa huelga, perecieron más de un centenar de mujeres quemadas en una fábrica de Sirtwoot Cotton, en un incendio que se atribuyó al dueño de la fábrica como respuesta a la huelga.

Tras muchos siglos de considerar a las mujeres como una propiedad sin derechos, junto a los animales o la casa, estos cruentos hechos provocaron, al menos, que se empezara a cuestionar el estatus quo del patriarcado dominante hasta la fecha.

El origen de esta reivindicación objetivamente justa nació teñida de sangre y fuego

En 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Copenhague (Dinamarca) se acordó declarar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que actualmente se  celebra como el Día Internacional de la Mujer.

Me parecía oportuno y necesario recordar cómo surgió esta conmemoración, porque el origen de esta reivindicación objetivamente justa nació teñida de sangre y fuego.

Desde aquellos primeros años del siglo XX, las mujeres, al menos en la zona del planeta donde vivimos, hemos conquistado derechos, pero aún queda un largo trecho hasta la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Y más cuando vemos un día si y otro tambien  los asesinatos machistas que no cesan.

Algunos, incluso algunas, opinan desde posiciones ideológicas reaccionarias que ya no hay motivos para secundar el paro convocado para el 8 de marzo. A ellos y ellas les digo, de forma rotunda, que a las mujeres nos sobran los motivos para expresar de forma democrática nuestras peticiones de justicia, pero también para airear nuestro cabreo.

Nos sobran los motivos porque nosotras las mujeres seguimos siendo víctimas de graves desigualdades.

Nos sobran los motivos porque nosotras no consiguimos alcanzar, a pesar de nuestros méritos equivalentes, los puestos de mayor responsabilidad en las empresas.

Nos sobran los motivos porque no podemos consentir que, a igual puesto, nosotras cobremos menos sueldo que un hombre.

Nos sobran los motivos porque, sin preguntarnos, se nos adjudican labores de cuidados o tareas familiares que, en la mayoría de ocasiones, no son reconocidos ni valorados.

Nos sobran los motivos porque aún hay personas que consideran que una mujer no tiene derecho a rebelarse cuando se la maltrata.

Las mujeres concienciadas no reclamamos ser superiores, sino una igualdad real de oportunidades. Nada más, pero tampoco nada menos

Nos sobran los motivos también cuando algunos hombres se arrogan el derecho de violentar sexualmente a una mujer sin tener en cuenta su opinión.

Nos sobran los motivos porque muchas mujeres acaban pagando con su vida cuando reclaman unos derechos y libertades individuales que sus asesinos no quieren aceptar.

Todos estos motivos, y muchos más, no son un invento femenino. Todos y cada uno de ellos están confirmados por las estadísticas oficiales, rigurosos estudios y, porqué no decirlo, por nuestras experiencias del día a día.

Muchos hombres se van sumando a esta ola de protesta, porque las injusticias no tienen género, y a ellos les reconocemos su sensibildad y su apoyo en nuestras reivindicaciones. Digo esto para desterrar la absurda teoría de que el movimiento feminista no quiere a su lado, codo a codo en esta lucha, a los hombres. Esto no es solo cosa de mujeres.

Las mujeres concienciadas no reclamamos ser superiores, sino una igualdad real de oportunidades. Nada más, pero tampoco nada menos.

Mientras una sola mujer tenga menor sueldo que su compañero, mientras que una sola mujer sea considerada un objeto sexual sin opinión propia, mientras que haya mujeres que mueren víctimas de la barbarie de sus asesinos machistas, tenemos motivos sobrados para seguir luchando.

Y el 8 de marzo va a ser el día en el que vamos a exponer estos numerosos motivos ante la sociedad. Va a ser un paso más en esta necesaria revolución, porque es nuestro derecho y no vamos a pedir permiso a nadie.