Domingo, 22 de Octubre de 2017
El Tiempo

El Pacto de Estado contra la Violencia de Género ha cristalizado en un acuerdo de mínimos que no mejora el marco vigente, perdiendo así la oportunidad de ampliarlo al Convenio de Estambul y configurándose como un pseudo reglamento de la legislación vigente.

Uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos como sociedad en la lucha contra las violencias machistas parte de entenderlas como asuntos privados, íntimos. Mantenemos la concepción de que las violencias machistas son un asunto de mujeres, relacionado con el amor y el desamor, los celos y la pasión. Y actuamos desde esa concepción, sin abordar las raíces del problema: nuestra estructura social, económica y cultural.

Porque violencia machista es cuando nos asesina nuestra pareja o ex pareja, sí. Pero también es violencia machista la desigualdad salarial, los techos de cristal o los permisos de maternidad y paternidad tal y como los concibe nuestra legislación. Es violencia todo el trabajo gratuito y no reconocido que realizamos a costa de renunciar a nuestros trabajos y a nuestra independencia económica. Y es violencia que esto se refleje en nuestras pensiones y nos condene a la precariedad en el fin de nuestras vidas. Sufrimos violencia machista cuando salimos a las calles de noche y volvemos a casa solas y con miedo o cuando antes de llegar somos acosadas, agredidas o violadas. Y la sufrimos también cuando al denunciar la violación la jueza nos pregunta si cerramos bien las piernas, culpabilizando a la víctima por no saber protegerse. O cuando otra jueza admite a trámite la denuncia de un violador con sentencia firme contra la mujer que violó, acusándola de denuncia falsa. Y ocurre también cuando los medios de comunicación cuentan el asesinato de una mujer diciendo que se ha muerto, no que la han matado. Y es violencia también que las Instituciones usen el cuerpo de una mujer para conseguir mas seguidores en redes sociales. Son tantas las violencias que sufrimos diariamente por el simple hecho de ser mujeres que encorsetar la lucha al ámbito familiar y privado dificulta seriamente acabar con ellas.

Son tantas las violencias que sufrimos diariamente por el simple hecho de ser mujeres que encorsetar la lucha al ámbito familiar y privado dificulta seriamente acabar con ellas

Este año hemos perdido una nueva oportunidad histórica. El Pacto de Estado contra la Violencia de Género ha cristalizado en un acuerdo de mínimos que no mejora el marco vigente, la Ley 1/2004, perdiendo así la oportunidad de ampliarlo al Convenio de Estambul, ratificado por España en 2011 y configurándose como un pseudo reglamento de la legislación vigente, 13 años después de la aprobación de la Ley. Y lo hemos hecho dejando fuera a los movimientos feministas, gracias a los cuales este asunto esta hoy encima de la mesa. Y lo hemos hecho negándonos de nuevo a atajar los problemas desde la raíz, sin entender, de nuevo, que con una poda no se termina el problema. Un pacto sin calendario, sin feminismo, sin evaluaciones, sin desglose de la partida presupuestaria asignada, sin medidas de freno de los problemas estructurales que son el caldo de las violencias. Un Pacto de Estado a todas luces insuficiente. 

Nosotras sabemos de las limitaciones de este acuerdo. Lo sabemos y no estamos dispuestas a que las mujeres en concreto y la sociedad en general sean engañadas. Este Pacto no puede servir para blanquear la gestión nefasta del Estado en la lucha y prevención de las violencias que sufrimos las mujeres y mucho menos aún mientras Montoro siga postergando los Presupuestos Generales del Estado, porque sin financiación este Pacto no significa absolutamente nada.

Esto lo sabemos nosotras, pero lo sabe también el Partido Socialista. Y por ello está planteando enmiendas en diferido en los Parlamentos Autonómicos, como la que debatimos ayer en el Pleno. Propuestas que en el fondo no significan nada o muy poco, pero que le permiten sacar la cabeza y tratar de separarse del cinismo y la hipocresía del Partido Popular de los recortes presupuestarios en la lucha contra esta sinrazón. Florituras y adornos para justificar la falta de valentía que supone el decir la verdad: que este acuerdo podría haber sido muy mejorable si hubieran tenido el coraje y la seriedad suficiente para poner encima de la mesa un abordaje integral y estructural de las violencias.

La lucha contra las violencias machistas es una cuestión de democracia y solo podremos considerarnos una sociedad plenamente democrática cuando nuestro Estado garantice los derechos y la seguridad de toda la ciudadanía, también de nosotras. Este Pacto es un pequeño paso en vez de el sprint que requiere una sociedad que día a día observa aterrada como las violencias machistas agreden y asesinan a muchas de sus ciudadanas.