Viernes, 22 de Junio de 2018
El Tiempo

Dice la Constitución que todos los españoles somos iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Una igualdad que queda en entredicho prácticamente a diario.

Bienvenidos a un nuevo 8 de marzo, una fecha que no puede ser considerada una simple celebración de un día internacional. 

Es un día de lucha, de reivindicación, de sensibilización y, sobre todo, de concienciación en el que todos hemos de ser conscientes del largo camino que aún queda por recorrer para alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres.

Un día en el que parar, mirar alrededor y darnos cuenta de que seguimos siendo un país con tremendas desigualdades por motivos de género: Techos de cristal, brecha salarial, violencia machista y un largo etcétera que afectan de forma directa al 50% de nuestra población; las mujeres.

Dice la Constitución que todos los españoles somos iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Una igualdad que si bien queda en entredicho prácticamente a diario, más aún si hablamos de la igualdad de género.

Es un 8 de marzo en el que, por enésima vez, hemos de salir a la calle a reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres

Ya es, de por sí, bastante triste que hubiera que desarrollar leyes para garantizar este supuesto constitucional, pero no es sólo que esas leyes no existan, es que, por desgracia, tenemos un Gobierno que se niega a legislar para que esta situación cambie.

En boca de nuestro Presidente, tuvimos que escuchar que los gobernantes tienen que ser muy cautos a la hora de saber cuáles son sus competencias, que él no se veía diciendo cuánto deberían cobrar los trabajadores, obviando que el Salario Mínimo Interprofesional, por ejemplo, se establece por una decisión política y, para zanjar el tema de la discriminación salarial, espetó “no nos metamos ahora en eso”.

Y es que, claro, hay que ser muy cautos y no posicionarnos contra las injusticias. No podemos ser tan incautos como los británicos, islandeses o alemanes, que ya han legislado para que esta desigualdad desaparezca. En España somos europeos sólo cuando nos interesa.

¿Cómo puede un país que se llama a sí mismo civilizado y democrático, ponerse de perfil en una cuestión como esta? Bueno, igual no somos tan democráticos y civilizados para garantizar unos derechos de igualdad al 50% de nuestra población, pero nuestro Presidente dice que somos cautos.

Y qué decir de la situación si escuchamos a otro de los pilares de esta nuestra sacro-santa patria, la iglesia católica. Sin que le temblara la voz, el obispo de San Sebastián, demostrando porqué nos merecemos un país laico, se atrevió a decir que las feministas están endemoniadas. Sí, uno de los líderes de una institución profundamente patriarcal, se atreve a decir cómo se debe trabajar por la igualdad. Lo próximo, quizá, sea volver a reclamar la instauración del diezmo.

Hoy es 8 de marzo, pero no es un 8 de marzo más. Es un 8 de marzo en el que, por enésima vez, hemos de salir a la calle a reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres frente a todos aquellos que se niegan a que la sociedad avance.

Porque eso es el feminismo, un movimiento que propugna la igualdad de género y no lo contrario del machismo, como pretende hacerse ver en un debate simplificado e interesado.

Hoy es 8 de marzo. Mañana, también.