Viernes 20.07.2018

Que se jodan...

De tan entender España como un cortijo de su propiedad, y a los españoles como el servicio de la finca, que alguien pueda quejarse reivindicando derechos les parece un exceso injustificado, digno de insulto y de menosprecio.

El otro día, la señora que le lleva los asuntos de comunicación a Rajoy le contaba a un amiguete, entre risas y palmaditas en la espalda, que le daban ganas de pegar un corte de mangas a unos jubilados que protestaban a la entrada de un acto del presidente en Alicante, y de paso decirles que "os jodéis", supongo que por ser pobres, mayores, o las dos cosas juntas. Le jugó una mala pasada un micrófono cercano, a ella precisamente, y quedaron al descubierto su hondo sentido democrático, su educación, y por encima de todo, su decencia. Se ha excusado con eso tan socorrido de que lo dicho formaba parte de una conversación privada, como si el mal estuviera en que se haga público lo que piensa y no en que lo que piensa resulta obsceno y canalla, y ha pedido disculpas pero sin dimitir, que total para qué sirve a los políticos en este país tener algo de decoro. 

A una parte de la derecha, la nacional, le viene grande la democracia. De tan entender España como un cortijo de su propiedad, y a los españoles como el servicio de la finca, que alguien pueda quejarse reivindicando derechos les parece un exceso injustificado, digno de insulto y de menosprecio. Carmen Martínez Castro tiene pensamientos en esa línea, y los verbaliza sin tapujos en charlas de taberna con esos otros pelotas cercanos al poder que son muy de reír las gracias del señorito para congraciarse. Si algo le salió mal ese día a esta mujer no fue que le grabara una cámara, que también aunque es lo de menos y no vale de coartada para escurrir el bulto, sino que pudiéramos escucharle cómo piensa que deben ser las cosas, con ella y los suyos haciendo de su capa un sayo sin el menor atisbo de crítica, y con el resto del mundo dando palmas y encima agradeciendo las migajas sin rechistar. Esta derecha rancia, clasista y desafortunada lleva en el ADN creerse superior, y ejerce de ello. 

Que los jubilados que pitaban al presidente estuvieran exigiendo unas pensiones dignas con las que vivir, que ya sería suficiente, o incluso que solamente estuvieran ejerciendo su derecho constitucional a la oposición en una manifestación pacífica, le parece a la secretaria de estado de Comunicación una extravagancia que merece un rechazo llevado hasta el extremo del desprecio y el insulto. Pasa por alto la señora Martínez que esos que se quejan desde la legitimidad que les confiere la ciudadanía, algunos con pensiones que no llegan a los 500 euros mensuales, a los que ella desdeña con la arrogancia de quien se cree por encima de todo, son precisamente los que le pagan el sueldo de 112.000 euros anuales que cobra, por mucho que se crea que eso es lo de menos porque ella y los suyos son los dueños y no cabe otra cosa. 

La política se ha convertido en un pozo sin fondo de sinvergüenzas que roban, de sinvergüenzas que encubren a los que roban, de sinvergüenzas que no hacen nada contra los que roban, y también de sinvergüenzas con salarios públicos que se permiten menospreciar sin pudor ninguno a los que se quejan porque no pueden más, y porque están en su derecho.

Que se jodan...
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