Viernes 20.07.2018

Tened paciencia, y llamadme gorrión...

Este descubrimiento del MetroTus, que ha sido la traca de despedida de un alcalde muy dado al estrás y a la mampostería y que tiene ahora que defender una alcaldesa muy leal con la herencia recibida, es el paradigma de la mala política de los malos políticos.

Santander ya tiene su MetroTus, esa creación que ha sido llamada a revolucionar el transporte público en la ciudad. O a reorganizar el caos, con sus carriles exclusivos, sus paradas de largos dobles, sus autobuses de fuelle, sus cambios de horarios y frecuencias a lo que había, y un no parar de modernidad y estar en la vanguardia. Pero claro, la pregunta es a la vanguardia de qué, porque los vecinos han dicho por activa y por pasiva que el experimento es un churro que en realidad no les hacía falta. Hasta el diario del régimen ha jaleado el estupor y el rechazo con encuestas que han salido en negativo, y publirreportajes en blanco y negro que no han dejado la invención en buen lugar. Cuando ni los palmeros habituales se han animado con el apaño, es que el apaño tiene sus rotos.

Con estos mimbres el fracaso está garantizado, y muchas veces el ridículo también

Hay una cierta tendencia en las ciudades que no han consolidado una identidad propia apoyada en su historia o en su relevancia económica, comercial o social, a que sus pobres gobernantes den rienda suelta a sus complejos de inferioridad copiando los inventos que son referencia en otras que sí que están en primera línea. Como si la imitación, que suele ser un bodrio pretencioso, les fuera a colocar la ciudad más arriba en ese hit parade imaginario de las grandes urbes, y a los que han alumbrado el sucedáneo acomodarlos en el columnario de los gestores sin parangón. Y claro, con estos mimbres, que salen del árbol de la penuria política de los que anteponen pretender a conseguir, el fracaso está garantizado, y muchas veces el ridículo también. En política de calle, que es la que quieren los vecinos en cualquier sitio, reproducir sin medir es una tendencia cortoplacista abocada al fracaso, que deja a la vista las costuras de la mediocridad creativa de quien imita sin más objetivo que conseguir para sí el brillo de las joyas auténticas pero usando bisutería.

MetroTus parece a todas luces una obra innecesaria para mejorar la red de transporte público de Santander, que a buen seguro tenía alguna otra solución innovadora de verdad y con menos coste y aspavientos, y que será gravosa a medio plazo en términos económicos y de utilidad para los ciudadanos. Que, además, ha arrancado con poca información para los usuarios, que se han tenido que mover en un mar confuso de líneas, frecuencias y tiempos; con fallos técnicos inaceptables en un proyecto que lleva meses pergeñándose (el sábado aún había máquinas para informarse y recargar las tarjetas de billetes apagadas, envueltas en plástico); y con mucha falta de autocrítica por quienes han urdido el invento, que buscando fotos y loas como colosos de la gestión, se han topado con el enfado de los vecinos sin más cintura para reaccionar que usar 'a lo mejores' y 'hubieses', y pedir paciencia y confianza. Esas que los ciudadanos siempre hemos de tener, que los que mandan explotan muy al límite, y que acaban dando lugar a pifias de las que parecemos nosotros los culpables.

Tiene ahora que defender una alcaldesa muy leal con la herencia recibida

Dirigir es tomar decisiones, desde luego. Pero cuando se hace en nombre de otros, hay primero que consultar. Sobre todo en política, donde preguntar qué hace falta y cómo se puede ayudar son las esencia misma de su función práctica. Ese ardid de los hechos consumados es un trágala que los delegantes de la autoridad, los vecinos, no han de soportar. Sobre todo cuando de lo que se trata, presuntamente, es de mejorarles el discurrir de la vida cotidiana. Este descubrimiento del MetroTus, que ha sido la traca de despedida de un alcalde muy dado al estrás y a la mampostería y que tiene ahora que defender una alcaldesa muy leal con la herencia recibida, es el paradigma de la mala política de los malos políticos. Esos que anteponen ocupar un espacio en los libros sobre las ciudades que manejan, aunque sea poco, con un legado como impagables mecenas de grandes ideas, a la realidad innegociable de la verdadera utilidad. Hoy es el MetroTus, pero mañana será cemento donde no hace falta, hormigón para lo que no se necesita, y humo, mucho humo, donde lo que se exigen son soluciones y no fuegos artificiales.

Tened paciencia, y llamadme gorrión...
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