domingo 29/11/20
Reportaje

“La Cabaña del Abuelo Peuto, no es un albergue del Camino de Santiago, sino del camino de la vida”

Queremos un cambio social, defendiendo un estilo de vida diferente y en contacto con la naturaleza.

El Año Jubilar Lebaniego, aquí se nota poco.“El 95% de peregrinos no saben ni que existe Santo Toribio de Liébana”. La Consejería no nos ha facilitado documentación.

Desde el albergue de Güemes se llevan a cabo numerosas actividades solidarias
Desde el albergue de Güemes se llevan a cabo numerosas actividades solidarias

Cerca de 10.200 peregrinos llegan cada año a Güemes en búsqueda de ‘La Cabaña del Abuelo Peuto’.  Solo hace falta cruzar la puerta de entrada para darse cuenta de que estás en un lugar diferente. Este albergue se ha convertido en una de las paradas obligadas para todos aquellos que van hacia Santiago. “Los visitantes que recibimos vienen a contagiarse de una manera distinta de entender la vida. Llegan para empaparse de lo que sucede aquí”, asegura el presidente del albergue Ernesto Bustio, que desde hace décadas recibe con las puertas abiertas a todo aquel que llega hasta aquí.

Aquí, el tiempo parece haberse detenido para ofrecer un oasis de paz, una escapatoria al ajetreo y el estrés de la vida diaria. “Nos gusta pensar que este no es un albergue del Camino de Santiago, sino un albergue del camino de la vida”, asegura Bernado, uno de los muchos voluntarios que hacen posible que un proyecto que al principio podía parecer una utopía, continúe creciendo año tras año.

Ernesto y Bernardo 

 “El espíritu de este albergue busca sintonizar con los peregrinos y ofrecerles ayuda no solamente a nivel material, sino también espiritual. Queremos que se produzca un cambio social alrededor de todo el mundo, defendiendo un estilo de vida diferente, y que esté en contacto con la naturaleza. Esta experiencia ayuda a completar el viaje personal que todos hacemos a lo largo de nuestra vida”, matiza Fernando.

Y en medio de esa búsqueda espiritual se encuentra Guillermo, al que le faltan cerca de 20 días para llegar a Santiago. “Desde que puse un pie en Irún para comenzar mi ruta me dijeron que tenía que pasar por aquí. Esta experiencia te permite salir de la rutina y conocerte mejor a ti mismo. He conectado con muchas personas que ya se han convertido en buenos amigos y a los que en el futuro iré a visitar, al igual que ellos a mí “, asegura.

Desde el albergue de Güemes se llevan a cabo numerosas actividades solidarias. El empleo de Bernardo como trabajador social en la cárcel del Dueso les ha facilitado la posibilidad de llevar a cabo proyectos sociales de colaboración entre ambos centros, como el menú de alubias solidarias, que son plantadas por los  presos y cuya recaudación ha permitido abrir una escuela en Guatemala. También tienen otros proyectos a través de la ONG Brezo, apadrinan a niños en República Dominicana y colaboran con la Organización Melaku, que trabaja en Etiopía.

El menú de alubias solidarias, que son plantadas por los  presos del Dueso y cuya recaudación ha permitido abrir una escuela en Guatemala

Es casi imposible dar dos pasos sin cruzarse con alguno de los voluntarios que colaboran con el albergue.  Ellos son el motor que hacen posible que continúe funcionando. "El voluntariado tiene una fuerza muy grande. Tenemos un presupuesto muy ajustado, así que podemos  seguir adelante gracias al trabajo de todos y cada uno de ellos”, asevera Ernesto.

Este es el caso de Chari, de 67 años y original de las Islas Canarias. “Hace cuatro años vine por primera vez por aquí y desde entonces he vuelto varias veces. Es difícil definir lo que se siente. Este albergue tiene alma. Te atrae por la amabilidad y la generosidad que se respira en el ambiente”.

Esta sensación se transmite en el rostro de cada peregrino que descansa en algunos de los rincones plagados de naturaleza que ofrece el albergue.  Muchos aprovechan para desconectar leyendo un libro o escribiendo sus pensamientos sobre esta experiencia.

Nieg tiene 27 años. Este peregrino alemán comenzó su viaje personal hace un año. Desde entonces ha estado en varios continentes y ahora está de vuelta a Frankfurt tras haber llegado hasta Santo Toribio de Liébana. “Estoy empleando este tiempo en escribir un disco para mujer. Creo que llegaré a casa alrededor del 1 de junio”.

Los peregrinos Guillermo y Diego

Solo una cuarta parte de los peregrinos que llegan a Güemes son españoles. La mayoría lo hacen desde Europa, pero también los hay que han venido desde Corea, o Sudamérica.  “El peregrino tiene un fondo muy interesante, un bagaje y una historia personal digna de escuchar, que los políticos y la propia iglesia desconocen porque no están en contacto directo con ellos. No se les puede considerar como turistas que vienen a pasar aquí sus vacaciones”, lamenta Ernesto.

Cada curso el número de peregrinos aumenta entre un 10% y un 12% y este año avanza a camino de récord. Su filosofía les impide decir que no a nadie. En agosto del año pasado tuvieron un promedio de 80 visitantes diarios, a los que se les ofreció servicio a cambio tan sólo de su voluntad. “Lo que pedimos al peregrino es que él mismo valore el gasto que ha hecho en la casa. No se trata de una limosna ni de un donativo, sino de una aportación responsable y coherente que realizan de manera anónima”. Hasta ahora los apoyos desde las instituciones solo han llegado de manera puntual y en materia de infraestructuras, así que la financiación de “La Cabaña” depende de ellos mismos y de su esfuerzo.

Además, el Año Jubilar Lebaniego aquí se nota poco. “El 95% de peregrinos no saben ni que existe Santo Toribio de Liébana. Nosotros les informamos, pero la Consejería no nos ha facilitado documentación ni nos ha ayudado a transmitir el mensaje. Todos los días les damos una charla en la que les explicamos el espíritu del albergue y les hablamos también sobre ello”, comenta Bernardo.

La Consejería no nos ha facilitado documentación ni nos ha ayudado a transmitir el mensaje

Diego es uno de los visitantes que está esperando a que comience esta charla. De origen chino y residente en Madrid es un apasionado de la cultura española, lo que le ha llevado a completar tres recorridos distintos del Camino. “Este es el más duro de todos, pero también el que tiene los paisajes más bonitos”.

Habitaciones y zona ajardinada

La gran preocupación tanto de Ernesto como del resto de voluntarios es que el albergue se quede pequeño. “En estos momentos estamos aguantando un peso casi insoportable y la solución no la podemos tener nosotros. La deben ofrecer las administraciones públicas”.

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