Jueves 16.08.2018
CANTABRIA

Los comerciantes de Santoña afectados por las obras, en pie de guerra

Critican los problemas de accesibilidad que han provocado las vallas y los trabajos que comenzaron a finales de mayo en la Plaza de la Villa, y apuntan que los efectos económicos “se han notado desde el primer día”, algo que, auguran, empeorará en verano, cuando la mayoría tiene su mayor actividad comercial. Muchos de ellos se plantean la posibilidad de dejar esos locales.

Vallado con motivo de las obras en la Plaza de la Villa de Santoña
Vallado con motivo de las obras en la Plaza de la Villa de Santoña

El pasado 21 de mayo comenzaron las obras de urbanización y peatonalización de la Plaza de la Villa de Santoña. Un proyecto de 420.000 euros de los que el Gobierno de Cantabria pone el 70% y el Ayuntamiento de la villa marinera el 30%. Los trabajos durarán cinco meses, es decir, todo el verano en un municipio que tiene sus mayores ingresos precisamente en esas fechas gracias al turismo. Y es este hecho uno de los que más critican los comerciantes de la zona, que han visto como sus negocios se han encontrado de la noche a la mañana con el acceso muy restringido por unas vallas metálicas que no solo dificultan la llegada de clientes, sino de proveedores.

Según varios de estos comerciantes la situación actual de sus negocios empieza a ser, en algunos casos, insostenible. Para empezar, los poco más de 30 aparcamientos que hasta ahora tenían han desaparecido al haber levantado calles y aceras. “Aparcar ya era casi imposible, y ahora lo cierran, en verano, cuando más se trabaja”, ha criticado uno de los comerciantes en declaraciones a este diario, quien ha preferido mantener su nombre en el anonimato.

Para los comerciantes los efectos de estas obras “se han notado desde el primer día”

Para todos ellos los efectos de estas obras “se han notado desde el primer día”, pues los clientes que hasta ahora se acercaban a sus establecimientos para comprar material de pesca, tomarse un café, comprar en la ferretería o acudir a su compañía de seguros, ahora se encuentran con una barrera en forma de obras y de valla metálica. “La gente quiere acceder y llegar hasta la puerta”, ha explicado este comerciante.

La situación en esta plaza ha sido valorada por varios propietarios de los negocios como una cárcel. Más allá de la imagen de todos los locales cercados por vallas, la situación de la zona se ha complicado enormemente en materia de accesibilidad. De hecho, como detallan los profesionales, “para hacer cualquier cosa hay que dar la vuelta” a toda la plaza, sin que existan accesos que conecten un extremo con otro a medio camino, algo que afecta a clientes y proveedores, muchos de los cuales han dejado ya de acudir al no poder descargar la mercancía.

Vallado con motivo de las obras en la Plaza de la Villa de Santoña

Y para todos el hecho de que estas obras se desarrollen en verano es un golpe importante a su actividad, pues logran sus mayores ingresos en esta época, en algunos casos lo suficiente para luego aguantar un invierno que suele ser duro económicamente hablando. “Me va a fastidiar el año”, reconoce uno de los comerciantes, a lo que otra añade: “¿Cómo quieren que trabaje la gente?”.

A esto se suman los efectos secundarios propios de cualquier obra: ruido, polvo, suciedad, … “Es un desastre”, critican, y muestran sus dudas sobre la idoneidad de las fechas, planteando un escenario alternativo en el que las obras se hubieran producido en los primeros meses del año, perjudicando lo menos posible la época de mayor trabajo para todos los negocios afectados.

Vallado con motivo de las obras en la Plaza de la Villa de Santoña

Todos ellos han notado “un descenso en la clientela habitual”, algunos más que otros. Pero “el fin de semana es horrible”, sobre todo para el sector hostelero. Y es que las obras no solo afectan al acceso a los negocios, sino a su propio funcionamiento. Aquellos que pueden realizar su actividad en el exterior se han visto condicionados.

El descontento es generalizado. La mayoría de los comerciantes han superado un invierno duro y habían proyectado en el verano sus esperanzas de poder equilibrar las cuentas y superar el año. Sin embargo, “ahora que podíamos remontar” estas obras suponen un duro golpe con el que algunos de ellos se están planteando abandonar los locales y trasladarse a otro sitio más en las afueras. “Me iría a otro lado si llegara el caso”, ha reconocido uno de ellos, algo en lo que coinciden los demás, que confiesan no saber qué hacer, aunque la idea de irse “se nos pasa por la cabeza”.

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