Domingo 21.04.2019
PATRIMONIO

“Están dilapidando billetes en el invento de ‘Cantabria, cuna del español’, mientras para el cántabru, ni un euro”

Edificio del pueblo de San Andrés de Valdelomar (Valderredible) destinado a albergar el Centro de Interpretación del Castellano
Edificio del pueblo de San Andrés de Valdelomar (Valderredible) destinado a albergar el Centro de Interpretación del Castellano

Mientras San Millán de la Cogolla (La Rioja) y Valpuesta (Burgos) siguen disputándose el origen de la primera manifestación escrita del castellano, existe un tópico relativamente reciente que no sitúa a Castilla sino a Cantabria como la cuna del castellano. Aunque parecía prácticamente desactivado, ese tópico vivió días gloriosos hace una década y colectivos de defensa y promoción del cántabru lo responsabilizan, al menos en parte, de que el patrimonio lingüístico autóctono, a pesar de seguir abriéndose paso en todos los frentes, no haya recibido prácticamente ningún reconocimiento institucional durante todos estos años. Y ese tópico vuelve a la actualidad después de que el presidente autonómico, Miguel Ángel Revilla, visitara el pasado jueves, 7 de febrero, el municipio de Valderredible, donde el Gobierno autonómico acaba de invertir más de 180.000 euros para rehabilitar un edificio del pueblo de San Andrés de Valdelomar que data de 1855 y está destinado a albergar el Centro de Interpretación del Castellano, ligado a las teorías de Kaplan. Pero ¿quién es Kaplan?

‘El culto a San Millán en Valderredible’ fue presentado en 2007 por Kaplan, Francisco Javier López Marcano y Fernando Fernández

La historia se remonta al 31 de julio de 2007, cuando el profesor estadounidense Gregory Kaplan, de la Universidad de Tennessee, defendió en una rueda de prensa celebrada en Santander que San Millán de la Cogolla pasó sus últimos treinta años de vida, murió y fue enterrado en Valderredible, valle del sur de Cantabria en el que según la teoría de Kaplan se sitúa el origen del castellano. El profesor estadounidense recogió esa teoría en su libro El culto a San Millán en Valderredible: las iglesias rupestres y la formación del Camino de Santiago, editado por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria (PRC/PSOE) y presentado en aquella rueda de prensa por el propio Kaplan, el consejero del ramo y parlamentario autonómico del PRC, Francisco Javier López Marcano, y el alcalde de Valderredible e igualmente parlamentario autonómico del partido regionalista, Fernando Fernández.

En aquella comparecencia Kaplan no llegó a afirmar que el castellano naciera en Valderredible, pero dijo que “tendría sentido” que lo hubiera hecho y aseguró que para demostrar su teoría sería necesario encontrar en el valle cántabro una inscripción o un documento escrito anteriores a los de San Millán de la Cogolla, por lo que destacó la importancia de estudiar a fondo todas las cuevas –iglesias rupestres– de Valderredible y anunció que su próximo trabajo se centraría precisamente en la búsqueda de ese escrito que confirmara su hipótesis… y que en 2019 aún no ha aparecido. Por su parte, el consejero de Cultura anunció que próximamente se celebraría un ciclo de conferencias con la participación de Kaplan y que el libro sería presentado también en Valderredible, agradeció a un tal Alfonso Manso que hubiera puesto al Gobierno de Cantabria en contacto con el profesor estadounidense y reiteró su apoyo a la teoría de Kaplan. Finalmente, el alcalde de Valderredible agradeció al profesor estadounidense haberse “enamorado” de Valderredible y haber contribuido a que el municipio esté “cada vez más de moda”.

Eran los tiempos en que Revilla tildaba en público de “castellano mal hablado” al cántabru

Eran los tiempos en que el entonces y ahora presidente del Gobierno de Cantabria y parlamentario autonómico y secretario general del PRC, Miguel Ángel Revilla, negaba la existencia del cántabru y tildaba en público de “castellano mal hablado” a esta realidad lingüística. “Aquí en las zonas rurales se habla con la u y con la jota, y en vez de decir hacha, se dice jachu; es expresión del castellano mal utilizado, e intentan meter el cántabro como algo oficial nada menos que en una reforma del Estatuto… hay gente pa to, como diría el torero”, declaraba a Punto Radio el presidente autonómico –en referencia a las pretensiones del partido Conceju Nacionaliegu Cántabru– el 20 de agosto de 2007.

Un año después –el 20 de agosto de 2008– y en otra rueda de prensa celebrada también en Santander, es el propio Revilla quien anuncia que un estudio de Kaplan que vería la luz en 2009 situaba “sin ningún tipo de duda” el origen del castellano en las cuevas de Valderredible, donde San Millán vivió “prácticamente toda su vida”, según habría explicado el profesor estadounidense al presidente autonómico cuando lo conoció “hace diez días”. “El idioma español nace en Valderredible”, zanjó Revilla, que insistió en el “prestigio” de la Universidad de Tennessee y aseguró que la “noticia” constituía “un motivo más” para el proyecto de la SAICC (Sociedad de Activos Inmobiliarios Campus Comillas), que se había constituido el 7 de diciembre de 2005 como Sociedad Limitada Unipersonal –teniendo como Socio Único a la Fundación Comillas–, que acabaría dando lugar al CIESE-Comillas –el Centro Internacional de Estudios Superiores del Español ubicado en la localidad cántabra– y por el que en aquella rueda de prensa el presidente autonómico mostro su “obsesión” y al que se refirió como el “referente de la lengua más importante de este siglo” y el “proyecto del siglo para Cantabria”, que permitiría que el nombre de Comillas sonara junto a los de otros como “Harvard, Oxford o Cambridge”. Además, como Revilla había anunciado un año antes, en 2009 aparecería el libro Valderredible, Cantabria (España): la cuna de la lengua española, editado por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte. Más de lo mismo.

La vieja guardia del PRC aún mantiene prietas las filas, al menos de cara al exterior

Una década después, sin rastro de castellano en las iglesias rupestres de Valderredible y con el CIESE-Comillas convertido en algo infinitamente más modesto que el “proyecto del siglo para Cantabria” que auguraba Revilla –los menos contemporizadores lo tildan de “fracaso absoluto”–, el debate sobre realidades lingüísticas en Cantabria ya no versaba sobre el castellano sino sobre el cántabru, y más concretamente sobre la necesidad de que por fin llegara algún tipo de reconocimiento institucional sobre este patrimonio lingüístico. Incluso en el PRC, aunque la vieja guardia del partido aún mantiene prietas las filas, al menos de cara al exterior.

La Asociación Cultural L’Argayu ha sido uno de los colectivos más combativos contra la teoría de Kaplan, que ya en 2009 L’Argayu tildaba de “tópico historiográfico” que se había ido consolidando “sin más apoyatura científica que el argumento de autoridad y la costumbre”. “Aunque pueda parecer ridículo, se basaba en la curiosa teoría del por eliminación, y el razonamiento era algo así: como las lenguas en España van de arriba a abajo y en Galicia no puede ser que naciera porque tienen galaicoportugués, en Asturias no puede ser porque tienen bable y en Vascongadas tampoco porque tienen el vascuence… tiene que ser en Cantabria, que no hay nada”. Ese que no hay nada da buena idea del respeto que ha levantado siempre nuestro patrimonio lingüístico autóctono –de adscripción asturleonesa y no castellana, como ya hemos explicado– entre las élites intelectuales santanderinas sobre todo”, añadía. “Sin embargo, es absurdo y filológicamente imposible que aquí surja una lengua –castellana– que se expande hacia el sur, y por arte de magia en su cuna se deje de hablar y sea sustituida por otra, que además es más arcaica –cántabru < asturleonés–”, advertía la asociación cultural, la más activa estos años en la defensa, enseñanza y promoción del cántabru.

Otros colectivos, como el Proyecto Mauranus –integrado por un equipo de arqueólogos liderados por los prestigiosos José Ángel Hierro Gárate, uno de los mayores expertos de Cantabria en Tardoantigüedad, y Enrique Gutiérrez Cuenca–, también han advertido de la existencia de “numerosas evidencias de todo tipo que certifican” que San Millán de la Cogolla vivió, murió y fue sepultado en la actual La Rioja, es decir “todo lo contrario” de lo expuesto por Kaplan.

“La obra de Kaplan es un camelo sin pies ni cabeza que sólo se explica por intereses político-especulativos”

L’Argayu ha ido más allá y ha denunciado que el patrimonio lingüístico autóctono ha sido víctima también de unas autoridades públicas “basadas en los estudios de Kaplan”, que “fue presentado en sociedad como un investigador independiente de la Universidad de Tennessee” pero que “ha resultado ser el presidente de una peña del Racing de Santander”. “En definitiva, San Millán ni vivió en Valderredible ni murió allí ni estuvo enterrado en ese valle; la obra de Kaplan es un camelo sin pies ni cabeza, indigna de alguien a quien se le supone una mínima formación científica y que sólo se explica por intereses político-especulativos”, ha advertido la asociación cultural.

En L’Argayu recuerdan cómo ya en 1906 “Menéndez Pidal adscribía el habla de Cantabria al tronco leonés –diferenciado del castellano– en su variante oriental” o cómo en 1914 “Andrés Bravo del Barrio –a quien no subvencionaba ninguna consejería– describía en el semanario El Águila, de Aguilar de Campoo, cómo el habla de Valderredible se diferencia del castellano”. Y lamentan que la teoría que sitúa a Cantabria como la cuna del castellano –que “no es que haya sido superada, sino que jamás ha sido tenida en cuenta por ningún investigador serio”– vuelva a la carga justo cuando por fin parecía completamente desactivada. “Están dilapidando billetes en el invento de Cantabria cuna del español, mientras para el patrimonio lingüístico autóctono que tenemos, declarado en peligro de extinción por la Unesco, ni un euro, saltándose el marco legal de la Carta Europea de las Lenguas, etcétera”, concluyen.

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