Sábado 25.05.2019
tradiciones

Los mozucos de la foto

Las fiestas del pueblo de San Mateo afrontan su día más importante con el recuerdo a los picayos de la década de los años 40 y 50.

Picayos de San Mateo de la década de los 40
Picayos de San Mateo de la década de los 40

Tere, Angelines, Marquitos, Fabián y Ramiro son los protagonistas de la foto que ilustra el programa de las fiestas de 2017 de San Mateo. Solo los tres primeros continúan vivos y recibirán un homenaje hoy –domingo- en las fiestas de San Mateo. El reconocimiento a “los mozucos de la foto” es un recuerdo a todos los picayos de la década de los años 40 y 50 del pueblo. La foto data de 1945 y todos los miembros son primos y hermanos, pertenecientes a la familia Núñez- Fernández.

Por aquella época la vida en los pueblos era difícil: no había tele, ni grandes eventos. El ocio consistía en la radio, el cine y las fiestas del pueblo. Precisamente, las fiestas de San Mateo tenían dos verbenas: la de los viejos y la de los jóvenes.

“La verbena de los viejos”, que hoy continúa celebrándose, consistía en una pareja de piteros tocando constantemente, normalmente Martín y Bosio o los piteros de Anievas. “La verbena de los jóvenes”, precursora de las verbenas de hoy en día, estaba amenizada, primero, por “el ciego de Sierrapando” y después por las orquestas “Cubanacan” y “Brasil”.

Pero los propios mozos del pueblo participaban activamente en las fiestas, y así cubrían las horas de ocio que por aquella época tan difícil resultaba cumplimentar. Eran dos las actividades que, pueblo por pueblo, cubrían el tiempo libre de los mozos y las mozas: los bolos y los picayos.

Desde hace unos años el pueblo de San Mateo intenta recuperar su identidad y tradiciones

Los bolos con el objetivo de tener un equipo propio y para poder realizar un concurso –normalmente social- en las fiestas del pueblo; y los picayos para poder cantar y bailar al santo el día de la procesión, y si eran buenos poder ser contratados por otros pueblos.

Para aprender el noble juego de los bolos existía un autoaprendizaje. Los niños comenzaban “pinando” los bolos a los mayores, y cuando la bolera se quedaba vacía los más pequeños hacían sus propias partidas. Así, poco a poco iban aprendiendo y evolucionando en el deporte vernáculo.

Los picayos en San Mateo tenían un nombre propio: Eloy, un puesto que existía en todos los pueblos. Eloy era el encargado de enseñar a los mozos a bailar y de coordinar todo, incluso las vestimentas (pantalón, fajín, pañuelo, pañoleta, camiseta…).

Pero la televisión y la cultura de masas cambió todo. Aquellas viejas tradiciones no tuvieron continuidad con las generaciones que en la década de los 60 y 70 tenían que haber tomado el relevo. En el caso de San Mateo, a principios de los 70, los mozos que tenían que dar el relevo ensayaron, pero nunca actuaron. La televisión venció a aquella tradición; y es que el tiempo libre ya se empleaba en guateques, discotecas, televisión…

Desde entonces muchos pueblos han ido perdiendo sus tradiciones poco a poco, pero desde hace unos años el pueblo de San Mateo intenta recuperar su identidad y tradiciones. La escuela de bolos y de folclore son buena muestra de ello. Allí, niños, jóvenes y adultos comparten enseñanzas y momentos bajo el paraguas de lo tradicional, y mirando de reojo las fotos en blanco y negro que marcaron el inicio de todo.  Es por ello que rinden homenaje a los picayos de aquella época dentro del programa festivo. 

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