Martes 13.11.2018
ENTREVISTA

“¿Cómo un muchacho que nació en un pequeño pueblo del interior de Cantabria pudo terminar en un campo de exterminio? Seguro que él jamás lo imaginó”

El historiador José Manuel Puente presentará este jueves en el Parlamento autonómico su sexto libro: Cántabros en los campos de exterminio nazis (1940-1945). Resistencia y deportación.

El deportado cántabro Luciano Allende ayuda a un compañero catalán recién liberado el campo de concentración y exterminio nazi de Neuengamme. Allende murió en Cannes (Francia) el 23 de enero de 1983
El deportado cántabro Luciano Allende ayuda a un compañero catalán recién liberado el campo de concentración y exterminio nazi de Neuengamme. Allende murió en Cannes (Francia) el 23 de enero de 1983

Cántabros en los campos de exterminio nazis (1940-1945). Resistencia y deportación (Editorial Librucos) es el sexto libro del historiador José Manuel Puente, que lleva años investigando sobre Cantabria en la primera mitad del siglo XX, centrado principalmente en los movimientos políticos y sociales de la II República, la Guerra Civil y el primer franquismo. El libro cuenta con una presentación de Marisol González –delegada de la asociación AGE (Archivo Guerra y Exilio) en Cantabria, además de viuda del guerrillero antifranquista Jesús de Cos y nuera de Donato de Cos, teniente de alcalde republicano de Rionansa y deportado en el campo de concentración y exterminio nazi de Mauthausen-Gusen, donde murió el 22 de agosto de 1941– y un prólogo del historiador Fernando Obregón.

Puente –que ya ha publicado los libros La Falange clandestina. Historia de Falange Española de las JONS en Cantabria (1933-1937), Una ciudad bajo las bombas. Bombardeos y refugios antiaéreos en el Santander republicano (julio 1936-agosto 1937), Cántabros en la División Azul (1941-1944), Atrapados en el III Reich. Trabajadores cántabros en la Alemania nazi (1942-1945) y El Guardián de la Revolución. Historia del Partido Comunista en Cantabria (1921-1937) con la misma editorial– presentará Cántabros en los campos de exterminio nazis (1940-1945). Resistencia y deportación a las 19:00 horas de este jueves, 27 de septiembre, en la Sala Polivalente del Parlamento cántabro, un acto en el que estará acompañado por Marisol González.

En esta entrevista, Puente habla del pasado, del presente y del futuro y sobre todo aborda cómo acabó más de un centenar de cántabros en el infierno, es decir “en el sistema de exterminio de la Alemania hitleriana”, que es el principal objetivo de un libro en el que el historiador ha plasmado tanto sus investigaciones en archivos franceses, alemanes y austriacos como testimonios de diversos familiares de deportados.

¿Cómo eran esos más de cien cántabros que acabaron deportados en campos de concentración y exterminio nazis? ¿Podría hacerse una especie de retrato robot de ellos?

Sí. Siempre con la complejidad que nos aportan más de cien personas, cada una con sus vivencias y su pasado social y cultural, podríamos decir que estamos ante hombres y mujeres militantes, y cuando digo militantes me refiero a que tuvieron un compromiso claro con las organizaciones obreras y con las instituciones republicanas de los años treinta. El lector encontrará comunistas, socialistas, afiliados a la UGT, algún destacado anarquista… Aunque no todos habían actuado políticamente en Cantabria, algunos vivían en Francia desde pequeños o adolescentes, como por ejemplo Miguel Pérez Güemes, que había marchado a Francia allá por el año 1906 y que desarrolló su militancia en el Partido Comunista Francés y en la Resistencia francesa hasta su ejecución por los nazis en una cárcel de Colonia en febrero de 1944. O el caso extraordinario de Luciano Allende Saiz, natural de Arantiones (Valderredible), quien marchó al país vecino con apenas 15 años y militó en las filas del anarquismo galo, formando parte de grupos de la Resistencia hasta su deportación al campo de Neuengamme. Pero también hubo deportados que no tenían ninguna militancia política, por la sencilla razón de que eran casi niños cuando llegaron a los campos de concentración. La mayor parte de ellos llegaron a Mauthausen en el tren de los 927 junto a su sus padres, madres y hermanos. Algunos tenían 15 y 16 años.

¿Hay alguno de ellos cuya historia te haya conmovido más que las del resto?

Resulta conmovedor pensar cómo Laureano Pérez Revuelta aguantó justo hasta la liberación, muriendo poco después

Las historias son todas dramáticas, pero uno consigue emocionarse más con aquellos relatos en los que tiene más datos, más detalles de lo que vivió el deportado, bien sea antes o después de la deportación. Y si tengo que destacar una historia, elegiría la de Laureano Pérez Revuelta (Laurent Pérez, en la documentación francesa), principalmente porque es totalmente desconocida hasta ahora. Laureano nació en San Andrés de Luena el 18 de noviembre de 1917 y sus padres emigraron a Francia cuando él tenía dos años, así que cursó sus estudios en la escuela francesa y trabajaba en París cuando los alemanes invadieron Francia en mayo de 1940. Fue detenido el 27 de mayo de 1942 por agentes del Gobierno de Vichy, acusado de pertenecer a una célula comunista. Después de un largo periplo por cárceles francesas, fue deportado al campo de concentración de Neuengamme en mayo de 1944 y más tarde transferido a Bergen Belsen. Lo más curioso del caso es que llegó a ver la liberación del campo, pero murió unos días después, el 15 de mayo de 1945. Tenía 27 años. Resulta conmovedor pensar cómo ese hombre aguantó justo hasta la liberación, muriendo poco después, seguramente por agotamiento y por las enfermedades contraídas en el cautiverio.

Esos hombres fueron deportados a campos como Buchenwald, Flossenbürg, Neuengamme, Dachau, Ravensbrück, Bergen Belsen y Sachsenhausen, pero sobre todo a Mauthausen-Gusen, que llegó a ser el único campo clasificado en la Categoría III, reservada para los campos con las condiciones más duras. ¿Por qué?

En la deportación de los españoles, y por tanto de los cántabros, hubo dos etapas. La primera fue al campo austriaco de Mauthausen y afectó a todos los exiliados que formaban parte de las denominada Compañías de Trabajadores Extranjeros, que no eran ni más ni menos que batallones de trabajadores militarizados, a las órdenes del Ejército pero desarmados y con uniformes de lo más variopinto. Cuando los alemanes atacan Francia, estos hombres son hechos prisioneros y como tal son puestos bajo vigilancia de la Wehrmacht en los stalag (campos de prisioneros de guerra), pero pasadas unas semanas intervienen los agentes de la Gestapo, que fichan a los españoles y los califican como rotspanier (rojos españoles). A partir de ese momento se decide su deportación a Mauthausen, un campo que efectivamente estaba catalogado como de categoría III, la peor de todas, y donde los kapos o jefes de barraca solían ser presos comunes, lo que hacía la vida aún más difícil. La llegada de los españoles a Mauthausen comienza en agosto de 1940 y se extiende durante todo el año 1941 y parte de 1942. Estos deportados fueron asesinados en porcentajes que superan el 70%, lo que nos muestra la naturaleza de Mauthausen. La siguiente fase de la deportación afecta a los cántabros que seguían en Francia, bien en zona directamente ocupada por Alemania o bajo el régimen de Vichy. Muchos de ellos se incorporaron a la Resistencia francesa y como tal fueron detenidos por agentes de la Gestapo o del Gobierno colaboracionista. Después de unas semanas en prisiones galas, pasaban al campo de Compiegne y desde allí se les mandaba a los diversos centros concentracionarios del Reich: Buchenwald, Neuengamme, Dachau, etcétera. Estas deportaciones tuvieron lugar entre finales de 1943 y 1944. Sus posibilidades de supervivencia eran mayores que en el caso anterior.

Ramón Serrano Suñer –entonces ministro español de Gobernación, además de cuñado de Franco e indisimulado simpatizante de Hitler y del nazismo– visitó Berlín a mediados de septiembre de 1940, y a los pocos días los españoles que habían sido capturados por los alemanes en Francia perdieron su estatus jurídico de prisioneros de guerra al amparo de la Convención de Ginebra y comenzaron a ser deportados en masa a campos nazis. ¿Están relacionados ambos hechos?

Los primeros españoles habían comenzado a llegar ya en agosto, de lo que se deduce que los alemanes habían iniciado ya el camino por cuenta propia, pero también hay que destacar que el convoy de los 927 llega a finales de agosto y las mujeres de ese tren, que fueron repatriadas a la España franquista, habían llegado a Irún el 1 de septiembre. Esas personas fueron inmediatamente interrogadas por la policía y como es lógico testimoniaron que sus maridos, hijos o hermanos habían sido obligados a bajar del tren en Mauthausen. Es evidente que el régimen franquista tenía datos suficientes para detener la deportación, para reclamar como propios a todos esos hombres y mujeres, y nunca lo hizo.

¿Acordaron el franquismo y el nazismo exterminar a esos miles de republicanos españoles capturados en Francia?

Es evidente que las autoridades franquistas sabían perfectamente lo que estaba pasando pero jamás tuvieron interés por detenerlo

No tenemos pruebas documentales de ello y seguramente nunca las tendremos, pero sí hay documentos que prueban que las autoridades nazis consultaron qué hacer con decenas de miles de republicanos españoles que estaban en Francia en manos de los alemanes. Esas consultas llegaron a Exteriores y de allí se pasaron a Gobernación, bajo control de Serrano Suñer, pero la respuesta jamás llegó, se archivó el expediente. Hubo sin duda una colaboración por omisión. Y un último apunte: de Mauthausen salieron algunos españoles, creo recordar que fueron tres. Sus familias tenían familiares o amigos en las jerarquías del Gobierno español e intercedieron a través del Ministerio de Asuntos Exteriores para que esas personas fueran liberadas. Y efectivamente lo fueron de forma inmediata y ante la propia sorpresa del deportado, al que se le hacía la advertencia de que guardara silencio para siempre. Es evidente, entonces, que las autoridades franquistas sabían perfectamente lo que estaba pasando pero jamás tuvieron interés por detenerlo.

puenteJosé Manuel Puente

¿Hasta qué punto colaboró Franco con Hitler, es decir la España franquista con la Alemania nazi?

En los primeros años de la II Guerra Mundial, la colaboración entre los gobiernos de Franco y Hitler fue máxima

Todos sabemos que uno de los principales aliados del llamado bando nacional en la guerra de España fue la Alemania hitleriana. En los primeros años de la II Guerra Mundial, la colaboración entre ambos gobiernos fue máxima. En España había cientos de agentes y policías alemanes que detentaban un poder considerable, y la colaboración a nivel de ministerios y embajadas igualmente funcionaba al máximo. Todos conocemos las detenciones que hicieron los servicios secretos alemanes en Francia de destacados dirigentes republicanos, luego ejecutados en España, como Julián Zugazagoitia. Pero Franco, o mejor dicho algunos de sus directos colaboradores y miembros de la carrera diplomática, se cuidaron muy mucho de conservar puentes con los aliados, especialmente Reino Unido y algunos sectores influyentes de la Administración americana, lo que ayudó al régimen a sobrevivir cuando la guerra se torció para los nazis.

¿Consideras que esos españoles deportados a los campos nazis fueron unos de los grandes olvidados de la transición?

En la transición se olvidaron muchas cosas, seguramente para poder hacerla, pero tengo la sensación de que el olvido no siempre tuvo un componente político, algunas veces fue por simple ignorancia. Existe mucho desconocimiento sobre pasajes de nuestra historia y sobre sus protagonistas. Hay veces que a la sociedad tampoco le interesa demasiado conocer y a los que nos dedicamos a investigar sobre ello se nos considera, al menos en parte, un poco fuera de la realidad. Pero hay que seguir perseverando y, aunque tarde algunas veces, todos los temas históricos y sociales han de ser tratados, conocidos y debatidos.

El principal objetivo del libro es abordar cómo acabaron 110 cántabros –101 de ellos nacidos en Cantabria y nueve más residentes en esta tierra– deportados en esos campos de concentración y exterminio nazis. ¿Podrías resumirlo en unas palabras?

Eran ciudadanos españoles aunque los nazis tuvieran el cinismo de ponerles en Mauthasen el triángulo azul de apátridas

Acabaron en el sistema de exterminio nazi en primer lugar porque en el corazón de Europa surgió un régimen totalitario con la intención declarada de eliminar a todo enemigo real o supuesto. Pero en segundo lugar, y no menos importante, porque las autoridades francesas y españolas del momento no hicieron nada por evitarlo. No olvidemos que estos hombres estaban encuadrados en unidades pertenecientes al Ejército galo, bien sea en Compañías de Trabajadores, en Regimientos de Marcha o en la Legión Extranjera, y a pesar de ello fueron ignorados completamente por el Gobierno de Vichy. Por otra parte, el Gobierno español no se interesó en ningún momento por aquellos deportados, unos hombres que al fin y al cabo eran ciudadanos españoles aunque los nazis tuvieran el cinismo de ponerles en Mauthasen el triángulo identificativo azul de apátridas, cuando sabían perfectamente que eran españoles. Hay un hecho esclarecedor de todo esto: después de la liberación de los campos, los españoles fueron los últimos en regresar a casa, porque nadie los reclamaba. Finalmente lo hizo el Gobierno de De Gaulle a través de la intermediación de antiguos deportados franceses.

En el libro plasmas tus investigaciones en archivos franceses, alemanes y austriacos. ¿Has encontrado alguna diferencia entre el acceso a esos archivos y el acceso a archivos españoles?

Sinceramente, no. Yo soy de la opinión que los archivos españoles funcionan bien, están en general en manos de profesionales de la archivística que hacen bien su trabajo. La mejora gradual en los grandes centros de consulta, como el centro de la Memoria Histórica en Salamanca, es considerable, aunque seguramente los medios sean aún escasos. Por otra parte, el acceso a la documentación a veces plantea algún problema, pero eso también ocurre en los archivos franceses o alemanes. No siempre todo se puede consultar.

El libro también contiene testimonios de diversos familiares de deportados. ¿Qué te han transmitido sobre ese pasado, pero también sobre el presente y sobre el futuro?

En Francia especialmente, la recuperación de la memoria de la deportación y de la Resistencia antinazi es muy considerable

Cada familiar tiene una forma de afrontar los hechos, de recordarlos. Hay gente que tiene muchos recuerdos de su familiar, pero hay casos en los que el conocimiento es escaso. Hay que tener en cuenta que han pasado muchos años, y casi todos los deportados, y buena parte de sus familias, vivieron y murieron en Francia. Hay como un desarraigo o un cierto olvido, no por sus familias sino en Cantabria, en la sociedad en general; el rastro hay veces que llega a perderse porque el deportado no tenía familia, por ejemplo. Pero por otro lado hay testimonios de familiares que hoy viven en Francia o en Venezuela, lo que hace que en esos sitios se traten estos temas. En Francia especialmente, la recuperación de la memoria de la deportación y de la Resistencia antinazi es muy considerable. Un ejemplo es Claudine Allende –hija de Lucas Allende Santa Cruz, deportado cántabro en Dachau–, quien colabora con la asociación MERE 29 (Memoria del Exilio de los Republicanos Españoles).

Hace casi una década entrevisté a uno de los dos únicos supervivientes cántabros de aquellas deportaciones, el laredano Ramiro Santisteban. Él denunciaba que nunca se habían pedido responsabilidades a quienes permitieron que aquello ocurriera y llegó a decirme que “la justicia en España es un mito porque los culpables no pagan”. ¿Se ha avanzado algo en este sentido desde entonces?

Creo que la justicia con mayúsculas es un mito, pero no sólo en España. Pongámonos en el caso de Alemania. Fueron miles los nazis convencidos a los que nunca se enjuició, vivieron y trabajaron tranquilamente hasta su muerte. No es ningún misterio, hay multitud de testimonios, investigaciones y documentales al respecto. Hay un libro, titulado Aquellos hombres grises, que cuenta la historia del Batallón 101, cómo hombres sencillos, de clase media, profesionales cualificados muchos de ellos, fueron capaces de asesinar a decenas de miles de judíos en el Frente Oriental. Ninguno de ellos fue nunca juzgado. Lo dramático del tema es que si se hubiera hecho Justicia –con mayúscula–, una proporción enorme de la sociedad alemana debería haber sido enfrentada a sus responsabilidades últimas, y eso nunca se hizo. De ahí se deduce el auténtico horror. En el caso español ocurre algo similar. Entonces, ¿qué podemos hacer? Creo que sólo nos queda conocer, saber todo lo que podamos, porque eso es una forma de reconocimiento. En eso sí considero que hemos avanzado y mucho; y tal vez, sólo tal vez, ese reconocimiento nos ayude a inmunizarnos para que el crimen masivo y colectivo no vuelva a suceder.

En este sentido, ¿qué puede extraerse de aquello de cara al futuro?

Estar alerta y conocer el pasado es la mejor fórmula para intentar que este no vuelva a repetirse. Y no es tarea fácil...

Hay que considerar que el totalitarismo está siempre al acecho y se basa en lo que Hannah Arendt llamó la banalidad del mal. Sus mecanismos son tan simples que apenas nos damos cuenta cuando llega. ¿Cómo un muchacho que nació en un pequeño pueblo del interior de Cantabria pudo terminar en un campo de exterminio? Seguro que él jamás lo imaginó. Estar alerta y conocer el pasado es la mejor fórmula para intentar que este no vuelva a repetirse. Y no es tarea fácil…

luciano02El deportado cántabro Luciano Allende ayuda a un compañero en el campo de Neuengamme

Comentarios