Lunes 19.11.2018
MEMORIA

Muere en Francia a los 100 años Andrea Martínez “después de una vida de lucha y resistencia”

Andrea Martínez | AGE
Andrea Martínez | AGE

Andrea Martínez –madre de la delegada de la asociación AGE (Archivo Guerra y Exilio) en Francia, Amparo Sánchez-Monroy–, falleció el pasado sábado, 27 de octubre, en Francia a los 100 años de edad “después de una vida de lucha y resistencia”, según han informado en un comunicado la secretaria general de AGE, Dolores Cabra, y la delegada de AGE en Cantabria, Marisol González, que han enviado “un fraternal abrazo” y sus “sinceras condolencias” a Sánchez-Monroy. Cabra y González han destacado que Andrea Martínez era “una mujer bella, inteligente y con un carácter fuerte que la ayudó a sobrellevar todas las calamidades que tuvo que vivir en la guerra y en el posterior exilio”, que “perteneció a las Juventudes Socialistas y fue delegada del Socorro Rojo Internacional” y que “se casó a los 18 años con Andrés Sánchez-Monroy, comunista y oficial republicano del Quinto Regimiento, con quien tuvo tres hijos: Amparo –nacida en 1938–, Andrés y Juan”.

“Allí tuvo que dar su anillo de casada a cambio de un bote de leche condensada para que su pequeña no muriese de hambre”

Dolores Cabra y Marisol González han destacado asimismo que Andrea Martínez “era una mujer comprometida con los valores republicanos que se vio obligada, a principios de febrero de 1939, cuando ya todo estaba perdido, a buscar refugio en Francia con su familia”. Según ha destacado AGE, Andrea llegó a Portbou con su hija Amparo de diez meses en brazos, su marido, dos abuelos y otros parientes, y les llevaron al campo de concentración de Argelès-sur-Mer, de infausto recuerdo, donde les esperaba una arena mojada, viento, lluvia, unas temperaturas gélidas y ni tiendas de campaña ni barracones ni letrinas, por lo que cavaban con sus manos un hueco en esas arenas frías para resguardarse de las inclemencias de ese invierno. “Allí tuvo que dar su anillo de casada a cambio de un bote de leche condensada para que su pequeña no muriese de hambre y allí separaron a la familia, se llevaron a los hombres y perdió el contacto con su marido durante casi dos años”, han recordado Cabra y González.

“Después la trasladan a Guéret con su hija –ambas pasaron un tiempo en la cárcel– y más tarde empezó a trabajar tejiendo calcetines para el Ejército francés, por los que le pagaban apenas unos céntimos, pero todo contaba en la situación de penuria que vivían. Con los restos que apañaba, hacía vestiditos a Amparo. Eran los tiempos del régimen de Vichy, eran tiempos de guerra en Europa. Después se integró en la vida francesa, aprendió el idioma sin dificultad, pero siempre llevaba a España en el corazón. En su modesta casa siempre había un plato de comida para los españoles que por allí pasaban. Nos contaba Amparo en una ocasión que, aunque tras la II Guerra Mundial Francia admitió las naturalizaciones, sus padres nunca quisieron hacerse franceses. Ellos siempre tuvieron la esperanza de volver a España. La frase cotidiana en su casa era: El año que viene volvemos, seguro. Pero las circunstancias no lo permitían, sabían que las palabras de Franco animando a volver a quienes no tuvieran las manos manchadas de sangre eran una falsedad: conocían casos de gente que volvió y fueron fusilados o encarcelados”, ha añadido AGE.

“Antes había escrito sus memorias, aunque no se publicaron nunca: fueron escritas para sus hijos y nietos”

“Andrea Martínez marchó de España con 20 años y regresó con 61, después de morir el dictador. Se quedó a vivir en Barcelona, y en un breve espacio de tiempo tuvo la desgracia de perder a su marido y a su hijo Andrés, pero era una mujer muy fuerte que supo siempre salir adelante. Sólo en los últimos años de su vida su mente se perdió entre nieblas inescrutables. Antes había escrito sus memorias, aunque no se publicaron nunca: fueron escritas para sus hijos y nietos. Su hija Amparo, delegada de AGE en Francia, nos las hizo llegar porque en ellas se narran sus vivencias en el tiempo de guerra que le tocó vivir y su entereza y responsabilidad junto a esa familia a la que debía salvar y ayudar. Siempre, durante su larga y triste enfermedad contó con el amor de su hija Amparo, quien la tuvo siempre en su corazón”, han destacado en su comunicado Dolores Cabra y Marisol González.

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