viernes 23/10/20
SERIE CANTABRISMO [BLOQUE 3 | ARTÍCULO 12]

Y en el 2003... Revilla presidente

Miguel Ángel Revilla
Miguel Ángel Revilla

Las elecciones autonómicas que iniciaron la sexta legislatura autonómica se celebraron el domingo 25 de mayo de 2003, poco después de las históricas movilizaciones que despertaron la conciencia pacifista de gran parte de las sociedades occidentales y de Cantabria tras la guerra de Irak que dio comienzo el 20 de marzo de ese mismo año, y supusieron un cambio sin parangón en el devenir político del PRC y de su líder, Miguel Ángel Revilla. Los resultados auparon de nuevo al PP, que obtuvo 146.796 votos (43,39%), encabezado otra vez por José J. Martínez Sieso, con 18 escaños; el PSOE, liderado en esta ocasión por Dolores Gorostiaga, que cosechó 103.608 votos (30,62%), consiguió trece escaños; y el PRC de Miguel Ángel Revilla, con 66.480 sufragios (19,65%), alcanzó los ocho diputados. Fuera del Parlamento quedaron en esta ocasión IU, Unidad Cántabra y CNC, con 1670 votos (0,49%).

Lo más sorprendente acaeció días después, pues cuando parecía que podría reproducirse nuevamente el pacto que propició el gobierno durante las dos legislaturas anteriores, el entendimiento entre el tercer y segundo partidos en representación posibilitó que el día 27 de junio, Miguel Ángel Revilla Roiz, con 21 votos a favor –los de su grupo más los del PSC-PSOE- fuera investido como sexto presidente de Cantabria, culminando así, a la edad de 60 años, uno de sus sueños desde casi 40 años atrás: encabezar la más alta institución de Cantabria.

Valiéndose de su carisma personal, de su acceso a la Presidencia se derivará, como una de sus consecuencias, una paulatina remodelación del esquema de representación electoral de Cantabria, pues el PRC va a actuar como un permanente polo de atracción de voto, creciendo fundamentalmente a costa de la izquierda. Las elecciones autonómicas del 27 de mayo de 2007 no hicieron sino corroborar esta tendencia: el PP, 143.310 votos (41,62%) bajaba ligeramente a 17 escaños; el PSOE retrocedía moderadamente hasta diez escaños, con 84.982 votos (24,33%) y, avanzando fuertemente, el PRC consiguió doce representantes, con un 28,87% de los votos (99.159). Convocatoria por Cantabria y CNC (1.262 votos), por su parte, quedaron fuera de la cámara legislativa. 

Para el analista político Marcos Martínez Romano, “pese a sus orígenes políticos, Miguel Ángel Revilla pareció tener claro desde su llegada a la Presidencia del Gobierno que la posibilidad del crecimiento electoral del PRC en el futuro pasaba por ensanchar su base social logrando atraer a los sectores sociales jóvenes, progresistas y de los núcleos urbanos y periurbanos de Cantabria.” Señala, así mismo, que “esto no fue entendido desde los sectores de izquierda -tanto el PSOE como las formaciones entonces extraparlamentarias- cuyos cuadros dirigentes, en su mayoría, siguieron considerando al PRC como un partido "de derecha" y ligado al mundo rural y conservador. Quizás por eso -y por su dificultad para asumir y moldear los elementos identitarios de Cantabria- se vieron superados por el PRC en los años siguientes.”

Los resultados municipales no hicieron sino confirmar esta tendencia. Si el PRC desde 1979 no superaba a duras penas el 10% del electorado, como consecuencia de su acceso al poder autonómico con el PP, en las de 1999 alcanzaba los 217 ediles en el conjunto de los 102 municipios cántabros, se convirtió en segunda fuerza municipal al rebasar al partido socialista en los comicios de 2003 en número de concejales –no así del voto municipal- y, como resultado del salto de Revilla a la presidencia, en las elecciones de 2007 el PRC alcanzaba el 21,27% del voto municipal y 303 ediles.

El poder del partido en los municipios se fundamentaba en una relevante inserción rural, establecida en la influencia de importantes prebostes locales y en el apoyo del sector más progresista del globalmente conservador campo cántabro, y en la creciente adhesión de electorado urbano, lo que posibilitó al partido lograr alcaldías muy representativas. Se consumaba una tendencia no concluida aún según la cual el cantabrismo o, al menos, la apelación genérica a los elementos básicos de la cantabridad, es asumido principalmente por clases medias y populares de Cantabria de ideología democrático-progresista, lo que concuerda con una sociedad en la que sus élites, los sectores más importantes de su burguesía, no han asumido el regionalismo ni el nacionalismo cantabrista en su corpus ideológico ni, salvo excepciones, los han utilizado como baluarte político ni electoral.

Revilla con los niños en el encendido de luces de la ciudad

                      Miguel Ángel Revilla en un acto multitudinario

La habilidad de Revilla ha estado en el equilibrio entre saber responder vagamente a las demandas populares y el ejercicio de una política inocua frente a los intereses de las élites. Cuando accedió por primera vez a la presidencia, la derecha política española se había desatado con una estrategia reactiva, ante la que Revilla respondía replicando sus obsesiones (“lamento haber nacido en un mundo que ha dado personas como Carod”, en referencia al vicepresidente del tripartito catalán, objetivo a destruir por un desmedido Aznar que achacaba como filoetarra y terrorista cualquier política que discrepara con la suya), exaltando los símbolos de la concepción más trivial del españolismo sostenido por la derecha (“les he dicho a los ecologistas que en eso no cuenten conmigo: estoy a favor de la fiesta de los toros porque es algo que los españoles llevamos en la sangre”) o apareciendo como representante político que se atrajera la confianza de los poderes económicos (“si hubiera tres personas como Botín no harían falta políticos como yo”).

Su carisma personal de carácter populista comenzó a ser explotado desde 2007 al colaborar como comentarista de actualidad en los espacios televisivos de más audiencia de las cadenas estatales. Y todo ello a partir de una gestión de base prioritariamente municipal (obras públicas y urbanismo -culminación de la red de carreteras autonómicas y locales- ganadería, cultura y turismo), ya que las áreas de economía, industria, educación, sanidad o ecología se encontraban en el ámbito de responsabilidad del PSOE.

Según Martínez Romano, "con la oportunidad de explotar su faceta comunicativa desde programas televisivos a nivel estatal de muy diversa índole -desde espacios más puramente políticos hasta, sobre todo, aquellos a priori menos politizados-, Miguel Ángel Revilla fue construyendo un liderazgo basado en el contacto directo con la gente a través de la televisión, sin actores e instituciones intermediarias." 

Afirma que "además, lo hizo desde el ámbito estatal consciente de que no iba a ser interpelado sobre cuestiones delicadas en torno a su gestión cotidiana en Cantabria. Es por esto también por lo que, pese a su regionalismo, siempre se opuso a la creación de una Radiotelevisión Pública Autonómica. Por un lado, le permitía situarse plenamente integrado en el sentido común mayoritario sobre la asociación de estos entes públicos al "despilfarro". Y, por otro, se garantizaba que su comunicación directa con la gente estuviera libre de una rendición de cuentas que no le interesaba."

Menos de un año después del acceso del PRC a la presidencia de Cantabria, el panorama político estatal experimentó una sacudida que resultó dramática. En plena campaña electoral, el día 11 de marzo de 2004, tres días antes de los comicios a Cortes Generales, se produjeron un conjunto de ataques terroristas en cuatro trenes de cercanías de Madrid, con el resultado de 193 personas muertas y alrededor de 2000 heridas. El mayor atentado cometido en España, y el segundo en Europa después del de Lockerbie en 1988, fue atribuido a la organización vasca ETA, desde el primer momento, por parte del Gobierno de España y buena parte de los medios de comunicación.

No obstante, las dudas ante esta versión que provenían incluso del exterior, se hicieron ciertas en la tarde del día 13, cuando Al Qaeda se declaraba autora del atentado. El gobierno se resistió a dar veracidad a la noticia, consciente de que, si se confirmaba, la suerte electoral podría ir en su contra, debido a que el atentado se realizaba como represalia al apoyo demostrado por el Gobierno de España, como uno de sus máximos inductores, a la intervención bélica en Irak. La indignación de buena parte de la opinión pública española se dirigió contra el PP, con concentraciones ante sus sedes de manifestantes que exigían conocer la autoría de los hechos, lo que se tradujo en que los resultados de las elecciones del día 14 de marzo, con un aumento significativo de la participación, depararan contra los pronósticos de las encuestas previas al atentado, la victoria del PSOE y su candidato, José Luis Rodríguez Zapatero, con 164 escaños y un 42,59 % de los votos, seguido del PP, liderado esta vez por Mariano Rajoy, con 148 representantes y un 37,71 %. En Cantabria, los populares consiguieron tres diputados (190.383 votos –51,90%-) y tres senadores, mientras que el PSOE obtuvo, respectivamente, dos (149.906 -40,87%) y uno. 

El exsecretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba

                       Alfredo Pérez Rubalcaba

La victoria socialista fue recibida con alivio por parte de un gobierno autonómico objetivo de la ira de un PP malherido que no gobernaba Cantabria a pesar de haber sido el partido más votado. En la distensión entre el gobierno cántabro y el estatal jugó un papel destacado el diputado socialista por Cantabria, Alfredo Pérez Rubalcaba, portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados hasta que en abril de 2006 entró a formar parte como ministro de Interior del ejecutivo presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. El gobierno central basó su actuación durante esta legislatura en un giro de la política exterior anunciando la retirada de Irak y el retorno a la política europea, en la ampliación de derechos con el reconocimiento del matrimonio homosexual o la Ley de Memoria Histórica, la aceptación de la elaboración de un nuevo estatuto de autonomía para Cataluña emanado del propio Parlament y la apertura de un proceso de paz para poner fin a la violencia armada de ETA.

Pese a la oposición de un PP desorientado y de las proclamas de sus medios afines -la “brunete mediática”-, basadas en una “estrategia de la crispación” que partía de la negación de la autoría islámica de los atentados que los desplazaron del poder (la investigación policial llevó a que la Audiencia Nacional -31 de octubre de 2017- y el Tribunal Supremo -17 de julio de 2008- confirmaron la veracidad de los hechos, invalidando toda “teoría de la conspiración” alentada por la derecha), las elecciones del 9 de marzo de 2008 validaron la victoria del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero con 169 escaños (43,87% de los votos), seguido de un PP que se quedaba en 154 (39,94%). En Cantabria, los resultados fueron inversos, con un PP que obtuvo tres escaños al Congreso (20,19% de los apoyos) y tres senadores; y un PSOE con dos (43,43% de los votos al Congreso) y uno, respectivamente. 

José Luis Rodríguez Zapatero

                      José Luis Rodríguez Zapatero

La recuperación del voto socialista fundamentalmente durante la primera legislatura presidida por Zapatero al frente del gobierno español, corroborada también, aunque con matices, en las elecciones al Parlamento Europeo de 2004 (empate a 24 escaños por parte de los dos grandes partidos) y 2009 (con 24 escaños para el PP y 23 para el PSOE), se resquebrajó drásticamente por efecto de la evolución económica y, en concreto, de la crisis financiera global del año 2008. Desatada como consecuencia del colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en el año 2006, que provocó en octubre de 2007 la llamada crisis de las hipotecas subprime, sus repercusiones se evidenciaron en los inicios del año 2008, pasando al sistema brusátil internacional. Crisis del capitalismo financiero que expresaba el desfase entre la economía de la producción y la de los valores mobiliarios, el estallido de la “burbuja” representó un “crash” del modelo de expansión capitalista mundial similar al de la bolsa de Nueva York del año 1929, con efectos económicos, sociales, políticos e ideológico-culturales que han llegado hasta la actualidad.

Las medidas de ajuste impulsadas por las políticas neoliberales, ya iniciadas por Ronald Reagan y Margaret Thatcher en la década de los 80 e inspiradas en la teoría económica monetarista de la Escuela de Chicago (Milton Friedman), que prioriza el recorte de gastos sobre las medidas propiciadoras del consumo propuestas desde las concepciones keynesianas por premios nobel de economía de la altura de Paul Krugman o Joseph Stiglitz, fueron el marco del ultimátum que el Consejo Europeo esgrimió contra el gobierno español para reducir el déficit público.

El 12 de mayo de 2010, un claudicante Zapatero anunciaba una drástica reducción del gasto público valorada en 15.000 millones de euros, la disminución en un 5% del sueldo del funcionariado, la congelación de las pensiones, la eliminación del “cheque-bebé” y la reducción de las prestaciones previstas en la Ley de dependencia. Aunque se logró evitar el rescate financiero directo por parte de las instituciones europeas, el cambio en la política económica y social vino acompañado de reformas estructurales que afectaron al mercado de trabajo, las pensiones y la negociación colectiva. La crisis financiera llegaba al ámbito social con un incremento del desempleo, sobre todo juvenil, y afectó plenamente al político y electoral. 

La crisis financiera global y sus repercusiones agudizaron dos subsecuentes en España, cuyas consecuencias se extienden hasta el presente: la crisis social y la crisis territorial. Además, supuso un verdadero "tsunami electoral” del que el Partido Popular fue el principal beneficiado, al alcanzar la mayoría absoluta en las elecciones generales del 20 noviembre de 2011. Anteriormente, en las celebradas el 22 mayo, había conseguido la segunda mayoría absoluta en la historia reciente de la Cantabria autonómica, con el acceso a la presidencia de su líder, Juan Ignacio Diego Palacios.

No obstante, Martínez Romano indica que "a pesar de que ese tsunami del PP dejó a Miguel Ángel Revilla sin su tercer mandato consecutivo, el PRC apenas perdió unos centenares de votos con respecto a las anteriores elecciones autonómicas. Lo que parece indicar que ya entonces Revilla estaba consolidando su crecimiento a partir de la fidelización electoral de una buena parte de electorado que había confiado anteriormente en opciones progresistas y de izquierda."
 

Viene de: [TRIBUNA VI] | Breves apuntes sobre Conceju, la izquierda cantabrista

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