lunes 11.11.2019
HISTORIA

Bailar a cambio de la cabeza de tu enemigo

El lugar en el que bailó Salomé | Foto: Hungarian Archaeological Mission to Machaerus
El lugar en el que bailó Salomé | Foto: Hungarian Archaeological Mission to Machaerus

Sucedió una noche, hace dos mil años, en la actual Jordania, durante la fiesta de cumpleaños de un remoto monarca. Bajo la luz de las antorchas, una muchacha se contorsionaba al ritmo de los tambores. Los invitados, echados sobre el triclinium, la observan hipnotizados. Al finalizar la danza, el rey reclama su presencia. “Estoy impresionado. Pídeme lo que quieras”, le dijo. La respuesta fue una petición tan atrevida que, Salomé, que así se llamaba la bailarina, ha pasado a la historia por ella.

NIDO DE ÁGUILAS

Cuando supe que la situación de Maqueronte, el palacio en el que Salomé había bailado para el rey Herodes Antipas, era conocida, y que, en 2014, los arqueólogos habían restablecido algunas columnas originales en la ubicación exacta del patio en el que ocurrieron los hechos, sentí que solo ese motivo justificaba un viaje hasta allí.

La fortaleza de Maqueronte en un nido de águilas | Foto: O.L. La fortaleza de Maqueronte en un nido de águilas | Foto: O.L.

Maqueronte es un palacio-fortaleza, construido por el padre de Herodes Antipas, conocido por la Historia como Herodes el Grande, y por el cristianismo como Herodes el asesino de los niños. Herodes padre era casi tan audaz y competente para el crimen de estado como para el diseño arquitectónico. Y este lujoso palacio lo ilustraba a la perfección, ubicado en un nido de águilas, entre vistas de las montañas de Judea y el azul índigo del Mar Muerto, sobre el que se eleva casi mil metros.

Herodes Antipas, el protagonista del suceso que nos ocupa, era un reyezuelo mediocre al servicio de Roma

EL PRECIO DE UNA ERECCIÓN

Herodes Antipas, el protagonista del suceso que nos ocupa, era un reyezuelo mediocre al servicio de Roma, que incluso había llegado a tener un encuentro con Cristo, a quien exigió en vano que hiciese un milagro para él, sin que aquel se dignase siquiera a responderle, según relata Lucas. Repudió a su primera mujer, una princesa nabatea, para casarse con Herodías, de la que se había encaprichado. La cual, a su vez, aún estaba casada con su medio hermano Filipo.

La fortaleza de Maqueronte en la cima de una montaña | Foto: Hungarian Archaeological Mission to Machaerus La fortaleza de Maqueronte en la cima de una montaña | Foto: Hungarian Archaeological Mission to Machaerus

El repudio le costó una guerra con el padre de la princesa, el poderoso rey de Petra, de la que salió entero por los pelos, y solo gracias a la ayuda romana. Pero desafiar a la ley judía, casándose con Herodías, una mujer aún casada, eran palabras mayores para el moralista pueblo judío. Más le hubiera valido deshacerse de su medio hermano Filipo con una muerte casual, para luego desposarse con su amada, y todos habrían mirado hacia otro lado. Antipas no tenía agallas, y  Juan el Bautista, uno de esos predicadores-profetas tan queridos por los judíos, no cesaba de clamar por que se pusiera fin al pecaminoso matrimonio.

Así que Antipas lo encarceló, precisamente en Maqueronte. Juan era demasiado popular, y el rey no suficientemente fuerte. No se atrevía a matarlo. Entonces, apareció Salomé y su famosa danza.

“Pídeme lo que quieras, que te lo concederé”, ofreció él.

“La cabeza de Juan el Bautista en una bandeja de plata”, fue la respuesta.

Todos los invitados lo oyeron. Era la fiesta del cumpleaños real. Antipas no pudo negarse, y poco más tarde, la cabeza ensangrentada llegó en una bandeja.

Las ruinas del palacio amurallado de Maqueronte están en un lugar alejado, cerca de la población de Mukawir

SALOMÉ OS ESTÁ ESPERANDO

Las ruinas del palacio amurallado de Maqueronte, demolido por los romanos en su lucha contra la rebelión judía de los años 70, están en un lugar alejado, cerca de la población de Mukawir, cuyas casas antiguas aún mantienen la impronta constructiva nabatea. Llegamos al atardecer, en el preciso momento en que el guarda cerraba la verja de acceso al recinto arqueológico. Si hubiese sido un funcionario europeo, habría desatendido con un gesto de desprecio nuestras súplicas para que retrasara media hora el cierre. Afortunadamente, los jordanos aún valoran más la relación humana que los protocolos. “Volvería a abrir, pero estamos en Ramadán, y llevo 16 horas sin comer ni beber, así que me voy directo a casa”, dijo. “Pero, por ese camino podréis eludir la verja y subir hasta las ruinas. Disponéis de toda la noche. Salomé os está esperando”.

Reconstrucción del patio del palacio en el que bailó Salomé | Foto: Hungarian Archaeological Mission to Machaerus Reconstrucción del patio del palacio en el que bailó Salomé | Foto: Hungarian Archaeological Mission to Machaerus

VENDETTA

Hay noches que las carga el diablo, dijo un poeta. Desde la que nos ocupa, una incitante Salomé semidesnuda, portando la sanguinolenta cabeza de Juan, ha sido imaginada y pintada por cientos de artistas occidentales. Hay pocas combinaciones más morbosamente perfectas de la intersección del escándalo religioso, el sexo y la muerte.

Salomé era precisamente la hija de Herodías, la sacrílega nueva mujer de Antipas

En el embrollo familiar, falta decir que Salomé era precisamente la hija de Herodías, la sacrílega nueva mujer de Antipas. Es a ella a la que el Nuevo Testamento acusa de haber organizado la intriga, a través de su hija, para deshacerse del incómodo Bautista. Antipas perdería la corona años más tarde cuando, acuciado por su mujer, se presentó ante Calígula con el fin de apropiarse del vecino reino de su sobrino Agripa. Al emperador no le gustó su ambición, y fue destronado y deportado a Galia.

Salomé, por Eder Gyula Salomé, por Eder Gyula

UN SANTO CON NUEVE CABEZAS Y MÚLTIPLES TUMBAS

La cabeza perdida de Juan, el profeta que bautizó a Cristo y, probablemente también su mentor y correligionario de la secta de los esenios, es objeto de disputa, porque en la actualidad se exhiben al menos 9 cabezas del santo, de las que las más famosas están en en Roma, en la mezquita de los Omeyas de Damasco, y en la catedral de Amiens. Restos de su cuerpo, entre las que se incluyen más de 20 manos, se suponen extendidos por interminables sepulcros y relicarios, desde el bajo Egipto hasta los confines del mar Negro, pasando por Europa. ¿Qué tendría este hombre para convertirse en uno de los santos más importantes de la cristiandad  y en el propietario de las reliquias más deseadas?

SALOMMANÍA

Porque hay otra versión, aun más retorcida, de esta historia, que nos devuelve al magnetismo personal de Juan. Una leyenda medieval de incierto origen cuenta que, en realidad, la decapitación de El Bautista fue un deseo expreso de Salomé, que había perdido la cabeza por Juan en un sentido metafórico y, despechada ante la nula correspondencia de él, bailó para que éste la perdiese por ella en el más literal de los sentidos. Ni para mí, ni para nadie.

Salomé, por Léon Herbo Salomé, por Léon Herbo

Es esta la leyenda que recuperó Óscar Wilde en su obra de teatro Salomé (1891), en la que la bailarina besaba los labios de la cabeza recién cortada antes de morir por orden de Antipas, enamorado a su vez de ella. Pero la salommanía ya se había iniciado en 1867 con un inquietante cuadro de Moreau, seguido de un relato de Flaubert. El escándalo de la obra de Wilde, prohibida en varias ciudades y convertida más tarde en ópera por Richad Strauss,  inspiró a músicos, pintores, escultores y poetas, pasando luego al cine y  convirtiendo a Salomé en un esteorotipo de los cabarets de la época y, finalmente, en algo así como el hada madrina de las strippers.

Nadie sabe realmente quién era Salomé, ni en qué consistió su show, y mucho menos, qué intenciones le movieron a actuar como lo hizo

SOMBRAS DANZANTES

Si bien la danza de Salomé a cambio de la decapitación de Juan, en Maqueronte, es un hecho real, descrito por los evangelistas y avalado por el historiador Flavio Josefo, nadie sabe realmente quién era Salomé, ni en qué consistió su show, y mucho menos, qué intenciones le movieron a actuar como lo hizo.

Pero hay algo profundamente turbador en esta historia, de la que ya la primera ilustración conocida proviene de un códice del siglo VI. En ella, un criado presenta la cabeza cortada entre los comensales de la fiesta, con el gesto banal de quien trae otro regalo de cumpleaños.

Y es que, desde hace dos mil años, los ondulantes miembros de Salomé no han dejado de agitar desde las sombras, a las mentes occidentales. Contienen toda la atracción y la fuerza revulsiva del deseo prohibido y de la transgresión. Pero, sobre todo, la fascinación ante el oscuro túnel que conecta la belleza con el horror.

Salomé, por Gaston Bussière Salomé, por Gaston Bussière

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