domingo 29.03.2020
HISTORIA

El infumable señor de Karak

Nada como las aventuras de Reinaldo de Chatillon, señor de Karak, para entender la miseria y la gloria de Las Cruzadas. Y todo lo que vino después.

 

El Castillo de Karak
El Castillo de Karak

 

UN PAQUETE BOMBA

El 29 de octubre de 2010,  un paquete bomba de Al Qaeda fue interceptado antes de que estallase en pleno vuelo sobre Chicago. El destinatario del paquete  era Reinaldo de Chatillon, pero nadie pudo encontrar ese nombre en registros ni hemerotecas. La razón es que el destinatario había muerto en 1187 ¿Quién era Reinaldo de Chatillon para que, 800 años después de su muerte, aún despierte la furia de los terroristas islámicos?

LOCURA FASCINANTE

Si hay alguna locura, tan fascinante como sangrienta, en la historia de Europa es, sin duda, la de las Cruzadas. El estupor con el que los habitantes de Oriente Medio veían llegar por mar y tierra decenas de miles de franny –francos– en interminables oleadas, impacientes por darles muerte, superaba su capacidad de comprensión.  

De los barcos brotaba una muchedumbre formada por reyes y prostitutas, peregrinos inflamados por la fe junto  a pícaros y comerciantes, la mejor aristocracia guerrera europea y nobles sin tierra ávidos por conquistarse un ducado. Fanáticos asesinos y clérigos de toda condición se mezclaban con criminales liberados a cambio de enrolarse y siervos de la gleba que recibirían tierras en propiedad…si volvían.

¿EL CONDE DRÁCULA DE ORIENTE MEDIO?

Karak o al-Kerak, en Jordania, es una estrecha arista sobre la que una hilera de murallas y torres inexpugnables se alinea como la dentadura de una fiera.

“Desde aquí se divertía Reinaldo de Chatillon despeñando a sus prisioneros musulmanes.”, explica Mohammed, uno de los guías de la fortaleza, mientras paseamos junto a las almenas. Y con un gesto de repugnancia, continúa: “Después de haberlos torturado.”

Debe percibir mi desconcierto, porque añade: “No quiero resultar ofensivo, pero para los musulmanes, Reinaldo de Chatillon, Señor de Karak, representa la parte oscura de Occidente: soberbia, avaricia y violencia.”

UN BRAGUETAZO Y DIECISÉIS AÑOS DE CÁRCEL

Reinaldo de Chatillon, tan bien interpretado por el irlandés Brandan Gleeson como el malo en la película El reino de los Cielos, de Ridley Scott, era un oscuro noble sin dinero que llegó a Tierra Santa durante el fiasco de la Segunda Cruzada. Tan atractivo como avaro y violento, dio la campanada cuando, contraviniendo todos los consejos, fue elegido como marido y consorte por Constanza, heredera del principado de Antioquía, tras su inesperada viudez. Lo primero que hizo el nuevo soberano fue exponer desnudo a los insectos, embadurnado en miel, a su principal opositor, el anciano patriarca de Antioquía.  

Poco más tarde, Reinaldo desembarcó en Chipre, que pertenecía al imperio bizantino, destruyendo y saqueando la isla. Los reinos cristianos de Tierra Santa clamaron de indignación, y el emperador Manuel I dirigió sus tropas hacia Antioquía. Reinaldo sabía que no tenía escapatoria y, sin previo aviso, irrumpió en una cumbre del emperador con dirigentes cruzados y se arrastró a sus pies vestido de penitente. Con la estratagema, pudo salvar el principado y la vida. Pero, apenas dos años más tarde, durante una de sus razzias por territorio musulmán, fue apresado por los turcos y encerrado en una mazmorra durante 16 años. Cuando pudo salir, ya con 52, sus ansias de poder y riquezas, así como su odio hacia los musulmanes habían crecido exponencialmente. Pero su mujer había fallecido, y ahora ocupaba el trono de Antioquía  un hijo del anterior matrimonio de aquella. Era un príncipe en paro.

Interior del castillo

Interior del castillo

EL OCASO DEL REINO DE LOS CIELOS

La idea europea de recuperar un lugar tan extraño y  alejado como Tierra Santa, instaurando allí reinos y ducados feudales, era una fantasía que pudo realizarse gracias a la división de las fuerzas islámicas durante la Primera Cruzada. Pero la aparición de Saladino, unificando un imperio que rodeaba el Reino Latino de Jerusalén, inició el declive de un sueño imposible. Lo que vino después fue la lucha desesperada de los cristianos para no perder Jerusalén, y la de los musulmanes para recuperarla. 

Saladino y Reinaldo vivieron sus intensas vidas bajo el foco de aquel tiempo agónico: la grandeza del primero lo ha convertido en un héroe legendario. El segundo era un carnicero sin escrúpulos, pero su capacidad como estratega le llevó a figurar entre los notables del reino cristiano. 

Ambos cruzaron sus armas varias veces, con desiguales resultados. Y se odiaron a muerte.

A LA CAZA DE LA VIUDA 

Arruinado y refugiado en Jerusalén tras salir de la cárcel selyúcida, Reinaldo intrigó para casarse con otra viuda reciente: Estefanía de Milly, heredera de la extensa  baronía de TransjordanIa, un feudo del reino de Jerusalén con varios castillos, cuya joya de la corona era el de Karak.

Un verdadero golpe de suerte. Karak, una de las más impactantes fortalezas cruzadas de Levante, controlaba la ruta de tráfico comercial entre Egipto y Damasco, lo que aportaba cuantiosos ingresos a sus dueños en concepto de impuestos.

Desde su castillo, Reinaldo se entretenía masacrando pacíficas caravanas de mercaderes y peregrinos musulmanes, para luego quedarse con sus riquezas. Pero, cada vez que lo hacía, ponía en jaque la delicada tregua existente entre Saladino y el rey de Jerusalén, Balduino IV, y con ello, la precaria supervivencia del reino latino.

En vida de Reinaldo, Saladino intentó en vano, por dos veces, tomar Karak. Durante la primera, avisado de que se celebraba una boda de la realeza en una de las torres, concentró sus máquinas de guerra en el resto del castillo para que el asalto no importunara en el festejo. Así era Saladino. La madre del novio le correspondió enviándole una muestra de los manjares del banquete.

¿POR QUÉ EL ESTADO ISLÁMICO ELIGIÓ KARAK?

El atentado ha unido a toda la ciudad, y nos ha hecho conscientes de lo que representamos y de la necesidad de preservar el patrimonio común

La alargada sombra de Reinaldo volvió a proyectarse sobre Karak durante las navidades de 2016, cuando un comando del ISIS entró en la ciudad disparando sobre civiles, para luego refugiarse en la fortaleza, visitada por grupos de turistas. Las fuerzas de seguridad jordanas, apoyadas por vecinos, abatieron a los terroristas con un resultado de 19 muertos: 5 terroristas, 2 civiles locales, una turista canadiense y 11 policías y militares jordanos. 

Durante la visita al castillo, pregunté al guía, Mohammed, como habían vivido el atentado. “Fue terrible.”, respondió. “Sufrimos en nuestra propia carne lo que trae el fanatismo, independientemente de su procedencia. Una cuarta parte de la población de Karak es cristiana, descendiente de los cruzados que vivían aquí. El atentado ha unido a toda la ciudad, y nos ha hecho conscientes de lo que representamos y de la necesidad de preservar el patrimonio común.”

Vista desde la muralla 

ROBAR LOS HUESOS DEL PROFETA

Pero lo que hizo de Reinaldo un demonio a ojos de los musulmanes, fue su decisión de fletar una flota en el Mar Rojo que, conducida por piratas locales, iba arrasando, quemando y saqueando todas las poblaciones árabes  y barcos de peregrinos que encontraba a su paso, hasta llegar a los puertos que conectaban con Medina. Aún así, no consiguió su verdadero objetivo, que era llegar a La Meca, y  –dicen algunos– llevarse las reliquias de Mahoma para obtener de ellas un rédito político o económico. Sea o no verdad, Reinaldo consiguió socavar la autoridad de Saladino, que se presentaba como defensor del Islam, ante sus correligionarios. Y eso valía tanto como ganar un par de batallas.

GENTES DE PAZ, GOBIERNOS DE GUERRA

El mismo día de la visita a Karak, al anochecer, me acerqué a la ciudad moderna. Era Ramadán, y tras la cena que finaliza el ayuno de cada día, las calles se llenan de gente en un ambiente festivo que recuerda nuestras navidades. 

Allí encontré a Mohammed, el guía, acompañado de su familia. Tras las presentaciones, la conversación de la mañana continuó, y se apresuró a decirme: “Los musulmanes somos gente de paz. Son algunos de nuestros dirigentes y ciertos grupos extremistas los que crean los problemas ¿Sabes que hemos acogido a un millón y medio de refugiados sirios, además de  los dos millones largos de refugiados palestinos que también viven con nosotros, en este país de 10 millones de habitantes? ¿Hay algún país de Europa que haya mostrado esa generosidad?” 

LA BATALLA DE LA SED

Debilitado por sus divisiones internas, y en manos del inepto Guido de Lusignan, el reino de Jerusalén se precipitaba hacia un enfrentamiento decisivo que Saladino deseaba, y que los frecuentes ataques a caravanas por parte Reinaldo  –parece que en una de ellas falleció una hermana del propio Saladino–  estaban propiciando.

Saladino recibió al ejército cruzado, muy debilitado por la sed, en los Cuernos de Hattin, junto al lago Tiberíades, interponiéndose en su acceso al agua. Los cristianos, deshidratados y sin fuerzas para el combate, fracasaron estrepitosamente. Tras la derrota, la toma de Jerusalén por el vencedor era inevitable. 

CON LAS BOTAS PUESTAS

Finalizada la batalla, Saladino recibió en su tienda a los jefes cristianos capturados, y les ofreció agua. Pero cuando Reinaldo fue a beber, se la negó, argumentando que, según la costumbre islámica, si bebía sería su invitado, y entonces no podría matarle. Reinaldo, que conocía el destino que su viejo enemigo le tenía preparado y no era un cobarde, le respondió con altanería. Saladino desenfundó su espada y, allí mismo, lo mató de un mandoble.

El mejor final posible para el señor de Karak, que se libró así de ver la caída de Jerusalén, a cuyo mantenimiento, entre saqueo y saqueo,  había dedicado su vida. A los 62 años, la muerte era mucho mejor que terminar sus días en otra cárcel como aquella en la que había pasado 16. 

ESQUELETOS EN EL ARMARIO

Pero no olvidaré la descripción que Mohammed hizo de Reinaldo como uno de esos espejos deformantes –avaricia, soberbia y violencia– en los que Occidente rehúye observarse. 

Sin dejarnos atrapar por esa cómoda acusación que otras culturas vierten sobre los occidentales para justificar sus fracasos, Reinaldo de Chatillon es un útil recuerdo de lo que una vez fuimos y no hemos dejado de ser desde entonces. Las últimas cruzadas de Cccidente  están en Irak, Afganistán, Libia o Siria. Y, dado que todas las civilizaciones guardan esqueletos en sus armarios, en la parte de responsabilidad que nos corresponda, Chatillon es un útil ejemplo acerca de cómo no deberíamos actuar si aspiramos a la dignidad de mantener limpio el nuestro.

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