Sábado 20.10.2018
SOCIEDAD

30 años de la muerte de Rafi Escobedo: ¿Suicidio o asesinato?

El 27 de julio de 1988 aparecía muerto en su celda el “preso más famoso de España”, autor del asesinato de los marqueses de Urquijo, y aunque la autopsia y tres jueces distintos determinaron que fue suicidio, desde ese momento se desarrollaron diversas teorías sobre una presunta participación de alguien más en su muerte.

El periodista José Ángel San Martín, uno de los mayores conocedores del caso, analiza los motivos por los que todavía hoy se mantiene la sospecha de un posible asesinato de Escobedo.

Portadas de varias revistas sobre la muerte de Rafi Escobedo
Portadas de varias revistas sobre la muerte de Rafi Escobedo

En torno a las 12:00 del 27 de julio de 1988 se ahorcaba en su celda Rafael ‘Rafi’ Escobedo, el “preso más famoso de España”. Su muerte ponía punto final a una vida marcada por el asesinato de los marqueses de Urquijo ocho años antes, pero daba inicio a toda una leyenda negra que ha generado numerosas teorías sobre los verdaderos motivos de su fallecimiento y, sobre todo, sobre la posibilidad de que se hubiera querido falsear como suicidio un asesinato. Ninguna prueba forense pudo determinar tal extremo, y a pesar de que se instruyó una causa nunca se llegó a determinar si alguien pudo ayudarle a suicidarse. Con motivo del 30 aniversario de su muerte entrevistamos al periodista José Ángel San Martín, uno de los mayores conocedores del caso y que tuvo acceso a las cartas que el preso recibió días antes de morir, para quien no cabe duda de que él fue el autor del crimen y que se suicidó. No todo el mundo piensa igual. El abogado de Escobedo, Marcos García Montes, pretende reabrir la causa por asesinato.

¿Cómo vivió la historia de Rafi Escobedo, siendo uno de los periodistas que cubrió su muerte?

Rafael Escobedo Alday era el preso más famoso de España, como ahora podría ser alguno de los tantos que tenemos en las cárceles, y estaba en El Dueso. Cumplía la condena de 53 años y 4 meses, ratificada por la Audiencia Provincial de Madrid. En el momento que se suicida, el 27 de julio de 1988, entre las causas que pudieron influir había una de tipo legal. El abogado inicial de Rafi Escobedo era José María Estampa Braun, pero en estos momentos ya tenía a Marcos García Montes, otro tipo de abogado, que había solicitado en varias ocasiones el tercer grado. Esto se concede cuando se ha cumplido la cuarta parte de la condena. El magistrado de Vigilancia Penitenciaria de Santander, Alfredo Gorostegui Corpas, entendía que era la cuarta parte de los 53 años, de modo que no podía, pero en general en España se entendía que, cómo el máximo se cumplían 30 años, la cuarta parte se calculaba sobre eso y ya podía disfrutar de ese régimen.

En el momento que se suicida, entre las causas que pudieron influir había una de tipo legal, pero esto es solo una parte. Escobedo estaba absolutamente solo, abandonado

Pero esto es solo una parte de sus circunstancias. Escobedo estaba absolutamente solo, abandonado. La única persona que le visitaba tres veces por semana se llamaba Ángel Platón Yllera, el ‘tío Gelo’, primo carnal de Ofelia Alday, madre de Rafi Escobedo. Luego estaba su presunto íntimo amigo Matías Antolín, periodista, y su presunto íntimo amigo García Montes. Estaba absolutamente drogado, era adicto a todo tipo de drogas, en los últimos tiempos a la cocaína, que la esnifaba, nunca se pinchó, a la Coca-Cola y al tabaco. En esa situación, Rafi estaba absolutamente agotado. De hecho, en la última entrevista que concede a Jesús Quintero, que se emite el 13 de julio, le pregunta si la cárcel le está destruyendo y responde: “No, la cárcel ya me ha destruido. Miro los barrotes de mi ventana y me digo: Rafi, acaba ya con esto, cuélgate, no tiene sentido la vida para ti”. Digo esto porque hay gente que dice que no se suicidó. Pero se suicidó. Y que no le quepa a nadie duda: la muerte de Rafi fue una muerte dulce. Se fue adormeciendo. Y es ahí donde termina la verdad y empieza la doble historia.

Escobedo estuvo inicialmente en el penal de Carabanchel, en Madrid. ¿Por qué se le traslada a Cantabria?

El penal de El Dueso siempre estuvo muy bien considerado, y llevar al preso más famoso de España a un sitio de confianza era llevarlo al Dueso. El penal de Cantabria es un palacio, y Rafi estaba en la mejor celda, la 4 de la segunda planta, con vistas al prado y el mar. Esa es la única razón, llevarle al mejor penal.

El periodista José Ángel San Martín lee la revista Tribuna, en la que él escribió durante el caso de Rafi Escobedo. Foto: edc

Este viernes se cumplen 30 años de la muerte de Escobedo. ¿Quedan todavía incógnitas que se puedan resolver?

Para mí no queda ninguna. Rafi Escobedo mató a los marqueses de Urquijo, y Rafi Escobedo se suicidó. Y sobre la verdad de la que hablaba antes, él se ahorca en torno a las 12 del mediodía, y a las 12:40 horas entra un funcionario joven, Francisco Javier Ortiz Cobo, que sigue en el penal. Para entrar en la celda de Rafi abre dos cancelas previas y la propia celda. Cuando llega se encuentra el cadáver. No había un protocolo, por lo que reaccionó y fue a ver si estaba muerto, que es lo que habríamos hecho cualquiera. En ese momento sale corriendo buscando ayuda, y ahí llega la doble verdad. No cerró las puertas, y ese es el error. Cuando él está bajando llega a la celda José Huertas, un recluso de confianza que todavía hoy cumple condena, con el pan, y ve las puertas abiertas y a Rafi colgado. Él pensó que alguien le había colgado, y que él había encontrado a Rafi. A partir de aquí, cada uno defiende su versión, y la verdad ha muerto.

La forense Gabriela González Pardo y el juez que ordenó el levantamiento, el exministro de Defensa José Antonio Alonso, tienen muy claro que es una muerte por asfixia derivada de una ahorcadura completa

Me imagino que lo que surgió a partir de entonces fueron todo tipo de teorías y elucubraciones. ¿Se investigó judicialmente lo ocurrido?

Se abrieron diligencias por una posible ayuda al suicidio de Rafi Escobedo, y las abre el actual ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, entonces juez de Santoña. Las archiva y no sanciona a los funcionarios, pero pone a circular todas estas verdades ante la sospecha de que alguien puede haberle ayudado, pero sin la menor prueba. De ahí viene una frase muy atinada de este juez, que dijo que cada español tenía escrita una novela sobre la causa del suicidio de Rafi Escobedo.

Hay que desmentir también que le mataran con cianuro. La forense Gabriela González Pardo y el juez que ordenó el levantamiento, el exministro de Defensa José Antonio Alonso, tienen muy claro que es una muerte por asfixia derivada de una ahorcadura completa. No hay ninguna señal de violencia ni lesiones. Es cierto que en los pulmones de Rafi aparecen 14 miligramos de cianuro, y también se encontró en hígado y en el riñón. En el momento en que el abogado García Montes se entera de eso se lo pasa a otro forense muy prestigioso, José Antonio García Andrade, para que dijese que él quería hacer una segunda autopsia. Tres jueces distintos, Alonso, Mercedes Sancha y Fernando Andreu, niegan esa segunda autopsia porque ven clara la causa de la muerte. Pero García Montes empieza a generar una historia en la que aún sigue, y con la que quiere reabrir el caso 30 años después. El cianuro posiblemente viene porque era un fumador compulsivo, pero también puede venir de frutos secos e incluso la carne de la fruta que rodea a la pepita. Y en todo caso esas cantidades no se pudieron utilizar para dormirlo ni matarlo. Alguien como Rafi, de 1,70 y en torno a 80 kilos hubiera necesitado una dosis, como mínimo, 10 veces superior a los 14 miligramos.

García Montes quiere reabrir el caso en el 30 aniversario de la muerte. ¿Por qué ahora?

Marcos García Montes es el abogado de las celebrities y entiende que una buena manera de recordar el aniversario es reabriendo el caso. Y lo digo con todo el respeto. Pero es algo absolutamente imposible. No solo quiere reabrir el caso de Rafi. Lo que quiere es, a partir de ahí, reabrir el caso de la muerte de los marqueses de Urquijo, que se produjo casi ocho años antes. Él sostiene lo contrario que yo. Asegura que Rafi no mató a los marqueses y que no se ahorcó. Pero ambas cosas creo que están confirmadas y justificadas. Los motivos por los que cometió el crimen solo los sabe él.

El periodista José Ángel San Martín. Foto: edc

¿Qué le lleva a interesarse y especializarse tanto en este caso?

La cercanía y que es un crimen apasionante y un suicidio apasionante. Y porque podemos deconstruir perfectamente la historia. No tengo ninguna duda de lo que ocurrió. Las únicas dudas las generan determinados abogados cuya frase de cabecera es “Yo soy abogado, a mí la verdad no me importa”. Pero es una verdad absolutamente clara. Hablamos de los dueños de un banco, marqueses, de Miriam, una mujer muy bella y deseada, un matrimonio roto y de la jet. Es un crimen con autor conocido y un suicidio de manual. Lo que ocurrió es que entraron en juego un abogado con enormes recursos de todo tipo y un periodista muy brillante, Matías Antolín, que aparentemente era su gran amigo. Ambos se hicieron cargo de las más de 3.000 cartas que le llegaron a Rafi al penal de Santoña en 1987 a raíz de la emisión de la entrevista. Son cartas de apoyo, de amor, proposiciones de trabajo, algunas insultantes. Y puedo decirlo porque yo abrí las cartas de Rafi después de que Matías Antolín se las vendiera al semanario Tribuna por tres millones de pesetas. Sé de lo que hablo.

No recuerdo lo que decían esas cartas, pero sí recuerdo que eran cartas de ánimo en términos muy nobles. La gente creía que era inocente

¿Qué contenían esas cartas?

Tengo que decir que sentí las manos sucias. Estaba abriendo las cartas de un muerto que un presunto amigo había vendido. ¿Qué derecho tenía yo a abrirlas? Confieso que no recuerdo lo que decían esas cartas, pero sí recuerdo que eran cartas de ánimo en términos muy nobles. No había ninguna que quisiera aprovecharse de él. Muchísimas eran cartas de amor de mujeres que le esperaban cuando saliera. Algunas dando incluso la dirección, el apartado de correos. Muchas eran de Cantabria. Creo poder asegurar que todas eran bienintencionadas. Y la gente creía mayoritariamente que era inocente.

¿Y cómo entra en contacto con este caso?

Fue la actualidad la que me llevó a encargarme de esto. Ese día lo escuchamos por el telediario y eso nos movilizó. Como yo era el delegado en Cantabria seguí el caso. Tengo que decir que nunca hablé con Rafi, y no creo que sea un demérito. Nunca lo he necesitado para reconstruir la historia.

Rafi ya había intentado suicidarse antes de su muerte.

Sí, lo intentó dos veces, pero sin ningún éxito. Primero consumiendo medicamentos y otra vez con algo relacionado con las venas. Pero nunca colgándose.

¿Qué cree que lleva a Rafi a suicidarse?

Como te decía antes, la soledad. El ‘tío Gelo’ es el único que sabía lo que estaba pasando Rafi, y el único que le acompañaba. Pero no fue solo eso: su absoluta adicción a las drogas que caían en sus manos; no bebía alcohol, pero podía beber dos litros de Coca-Cola al día. Y se había añadido un tercer problema que no es baladí: se estaba quedando completamente calvo. Rafi era una belleza con 20 años que conquistó a Miriam, y se valió de su físico. Alguien que se siente solo y que ve cómo se deteriora físicamente, al que no le dejan salir, piensa que su vida no tiene sentido.

En El Dueso Rafi no salía al patio ni se relacionaba con otros presos. ¿Era por voluntad propia?

Los mató solo, pero alguien le llevó al chalé y alguien le recogió

Sí, todo fue por voluntad propia. Era un buen preso, no se metía en líos. No era querido pero era respetado. Se recluía, sobre todo en los últimos tiempos, cuando todo era esnifar heroína, tomar Coca-Cola y fumar. Una combinación mortal. Remordimientos ninguno, aunque él, por una estrategia jurídica, negó luego todo. Pero la confesión que hizo fue de libro. García Montes le dijo que se desdijera de todo, basado en esa famosísima frase de la primera sentencia que dice que Rafi mató a los marqueses “solo o en compañía de otros”. Claro que estaba acompañado. Los mató solo, pero alguien le llevó al chalé y alguien le recogió, y todo indica que fue Javier Anastasio de Espona, que estuvo tres años de prisión preventiva como coautor. Al no encontrarse indicios se le soltó e inmediatamente se marchó a Brasil, y ahora que el crimen ha prescrito ha vuelto. Creo que nadie tiene duda de que estuvo muy cerca de ese crimen, pero es uno de esos “otros”. No hay que olvidar que desde que comete el crimen hasta que se encuentran los casquillos de bala pasan nueve meses, y en ese tiempo Rafi estaría movilizando sus propias coartadas. Además, la muerte de los marqueses supuso una inyección económica a Juan de la Sierra y Miriam de la Sierra, que entonces ya estaba con ‘Dick el americano’.

¿Sigue de actualidad el caso de Rafi?

Sí, todo el mundo se acuerda del crimen de los Urquijo, aunque cada vez menos. Es un caso muy mediático, absolutamente apasionante porque entran en juego un chico guapo y deteriorado que mata a sus suegros, no a cualquiera, que además son dueños de un banco, el banco Urquijo; una esposa muy guapa; la jet de Madrid. Y este caso ha producido pingües beneficios de todo tipo a bufetes de abogados, periodistas que han cobrado por sus testimonios, etc. Varias personas viven de eso, de los réditos. De ahí esa leyenda negra, que siempre deja algo para seguir alimentando la historia. Son tres muertos de los que no se deja de hablar, pero el caso Escobedo no se va a reabrir.

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